La actriz Belén Écija, hija del productor Daniel Écija y de la también intérprete Belén Rueda, se ha convertido en el último rostro conocido en poner el foco en una cuestión de la que cada vez se habla más cuando pensamos en cómo envejece la cara: la musculatura facial. La actriz ha probado un tratamiento médico-estético que busca estimular los músculos del rostro y asegura que ha sido "todo un descubrimiento".
Más allá de su experiencia, hay una pregunta que resulta interesante: ¿qué ocurre con los músculos de la cara a medida que cumplimos años? Porque cuando pensamos en flacidez solemos fijarnos en la piel, en la pérdida de colágeno o en los cambios de volumen, pero el envejecimiento facial es bastante más complejo. También cambian las estructuras que se encuentran debajo de la piel, incluidos los músculos. Al igual que sucede con el resto del cuerpo, la musculatura facial puede perder tono con el paso del tiempo. Y esto puede influir en la manera en la que se sostienen y se posicionan los tejidos del rostro.
Los músculos de la cara también cambian con la edad: ¿se pueden trabajar?
Para Myriam Yébenes, experta en medicina estética, se puede recuperar el tono perdido en el rostro mediante tratamientos específicamente dirigidos a la musculatura. "Los músculos de la cara no se pueden trabajar si no es de la mano de la medicina estética. El yoga facial no es suficiente", afirma.
Qué tratamiento se ha hecho Belén Écija
El tratamiento que ha probado Belén Écija es EMFACE, una tecnología que une radiofrecuencia con estimulación muscular facial. A diferencia de otros procedimientos que se centran principalmente en la piel, su propuesta consiste en actuar de forma simultánea sobre distintas capas del rostro.
La doctora Sêco explica que "es un tratamiento no invasivo que combina la radiofrecuencia y la tecnología de electroestimulación para mejorar el tono muscular. El objetivo es mejorar la firmeza muscular y así mejorar la flacidez facial". La tecnología utiliza radiofrecuencia sincronizada y HIFES, un sistema de estimulación muscular que provoca contracciones controladas en determinados músculos faciales. Es decir, no se trata de hacer que el rostro trabaje más mediante ejercicios, sino de provocar una estimulación muscular específica dentro de un tratamiento médico-estético.
¿Se puede 'muscular' la cara, como dice Belén Écija?
Cuando Belén dice que ha probado un tratamiento que es todo un descubrimiento para "muscular la cara" no va del todo desencaminada. Los estudios realizados con esta tecnología han observado cambios en algunos parámetros musculares después del tratamiento, especialmente en músculos elevadores como el frontal y los cigomáticos (zona de pómulo y mandíbula). En la frente se trabaja principalmente el músculo frontal, relacionado con la elevación de las cejas, mientras que en las mejillas se estimulan músculos como el cigomático mayor, el cigomático menor y el risorio.
El objetivo es conseguir una mejora del tono y favorecer una mayor firmeza de los tejidos, aunque los resultados pueden variar en función de las características de cada rostro.
Trabajar la musculatura no significa que el envejecimiento facial pueda explicarse únicamente por ella. De hecho, las propias expertas insisten en la importancia de valorar el rostro en su conjunto. No existe una única causa detrás de la flacidez facial y, por tanto, tampoco una única forma de abordarla. La piel, el volumen, el tejido conjuntivo y la musculatura forman parte de una misma arquitectura.
La experiencia de Belén Écija pone nombre a una cuestión que empieza a ganar espacio en la medicina estética: la importancia de mirar más allá de la piel cuando hablamos de envejecimiento facial. Porque el rostro no es únicamente una superficie sobre la que aparecen arrugas. Bajo ella hay grasa, tejido conjuntivo, ligamentos y músculos que también cambian con el paso del tiempo. Y quizá por eso, cuando buscamos mantener la firmeza, la pregunta ya no sea solo cuánto colágeno hemos perdido, sino también qué está pasando con las estructuras que ayudan a sostener nuestro rostro.








