Foto de Rafa Guerrero©Cúpula

Neurociencia

Rafa Guerrero: “Si descubres cómo funciona el cerebro de un niño, podrás ayudarle”

El cerebro es un órgano complejo rodeado de interrogantes: ¿Qué sucede en él durante los primeros años de vida? ¿Por qué los adolescentes se comportan de esa manera? Dar respuesta a estas preguntas, puede ser la solución.

Rafa Guerrero, psicólogo y profesor universitario, es uno de los referentes nacionales en el estudio del cerebro. Acaba de publicar El cerebro infantil y adolescente (Libros Cúpula), donde acerca este órgano tan complejo y aporta claves de la neuroeducación, a la vez que destierra mitos muy extendidos, como que lo aprendemos todo en los primeros tres años de vida. Hemos charlado con él.

¿Por qué es tan importante que los padres conozcan cómo funciona el cerebro de sus hijos?

Conocer cómo se desarrolla, crece y se conectan las distintas zonas cerebrales es fundamental para cualquier educador. No es lo mismo el cerebro de un neonato que el de un adolescente. Conocer su cerebro ayudaría a mejorar su calidad de vida porque nos permite hacer atribuciones más correctas. Por ejemplo, comprender por qué mi hijo de tres años se tira al suelo cuando quiere algo. No es que me quiera tomar el pelo, es que no tiene capacidad para gestionar la rabia; y es su manera mas adaptativa de enfrentarse a ello.

Gracias a estas buenas atribuciones que nos permiten salir de nuestro pensamiento de adulto ajustamos las expectativas con respecto a nuestros hijos. Si le niego algo a mi hijo adolescente, no le voy a pedir encima que me entienda...

¿Qué papel juegan la genética y el ambiente en el desarrollo cerebral?

Es la eterna pregunta sin una solución concreta. ¿Qué pesa más al construir una casa: los planos o los materiales? Las dos. La genética es la predisposición a desarrollar determinadas aspectos y el ambiente activa o no esas pautas genéticas. Por ejemplo, el ambiente influye en activar o no una predisposición genética como el TDAH.

En el libro se habla del modelo de los cuatro cerebros y del pegamento cerebral que tendrían que aplicar los padres

El modelo pedagógico de los cuatro cerebros trata de explicar cómo se conectan esas cuatro zonas neuronales (instinto, funciones ejecutivas, emoción y pensamiento). El objetivo como padres es ‘pegar’ esas cuatro estructuras, coordinarlas y hacer que se sienten juntas a la mesa. Para lograrlo, los padres deben fomentar la autonomía física y emocional de su hijo, a la vez que le ofrecen protección (que no dependencia). Además, hay que saber conectar con sus emociones, dar respuestas a sus necesidades, que no coinciden con sus caprichos; ayudarle a decodificar lo que pasa fuera y lo que sucede en su cuerpo y también, estimularlo lo suficiente, que no significa cargarlo de extraescolares. El cerebro necesita ser estimulado ni por encima ni por debajo. Y, además, el adulto tiene que ofrecer mucho tiempo y tiempo de calidad para estar junto a su hijo. Todo esto es algo del día a día, que requiere una continuidad.

Portada El cerebro infantil y adolescente©Libros Cúpula

¿Qué sucede si los padres no responden bien a esos requerimientos?

Efectivamente, a veces los padres no hacen bien las cosas y tienen problemas que afectan a sus hijos, como enfermedades, consumo, traumas, abusos sexuales... La negligencia, el maltrato y el abuso sexual están ahí y son más frecuentes de lo que parecen. Esos padres no cubren las necesidades de sus hijos, que no podrán hilar su cerebro más instintivo con su cerebro superior. Van a ser niños más instintivos que racionales o pensantes, niños que explotan en un momento determinado. Como padres (no perfectos, sino lo suficientemente buenos) podemos hacer grandes personas de nuestros hijos, pero también podemos herirlos, traumatizarlos...

No obstante, hay figuras que compensan: son los profesores. Su labor, ya se ha visto en la pandemia, es totalmente fundamental.

La adolescencia es una época convulsa, sin embargo, en el libro desarrolla que es una segunda oportunidad para el cerebro, ¿por qué?

El cerebro tiene dos grandes momentos: los primeros tres años de vida (el primero es fundamental) y la etapa adolescente, entre los 10 y los 15 años. La naturaleza y el cerebro son tan sabios que saben que la tribu no es el lugar ideal para algunos niños que no se desarrollan en un contexto lo suficientemente bueno y les dan una segunda oportunidad. En la adolescencia se produce una ‘actualización’. Es un segundo momento para poder subirse al tren. Una segunda oportunidad de la biología para poder reconectar.



¿Qué papel juegan los padres en la adolescencia?

Los padres deben observarlo todo desde la barrera. No es que no estén, sino que permanecen observando. Si todos dedicásemos solo dos horas de nuestro tiempo a conocer cómo funciona el cerebro adolescente, nos iría mucho mejor. Los padres deben pasar el duelo de que su niño ya no es tal; ahora le contesta y pega portazos. Hay que procesar bien ese duelo de que ese niño pequeño existe ya solo en el recuerdo, porque en la adolescencia se les puede aportar mucho, sabiendo que ya no somos los protagonistas de su vida, ya no somos los mejores, pero podemos apoyarles desde la distancia. Ellos necesitan separarse de los padres para vincularse con sus iguales, pero, desde la barrera, los padres deben transmitirles que siguen estando ahí.

¿Cuáles son los errores más extendidos sobre el cerebro que conviene desterrar?

Es importante conocer cómo funciona el cerebro y desterrar falsos mitos como que solo utilizamos un 10% o que el desarrollo cerebral acaba en la adolescencia. También está muy extendido que en los tres primeros años de vida hay que hacerlo todo, pero eso no es así y lleva a saturar a los niños.

El cerebro siempre está con los brazos abiertos, dispuesto a estar mejor. Los padres podemos ayudar a ello con un apego seguro, una mirada incondicional, el apoyo... La plasticidad cerebral está activa siempre y el cerebro tiene una gran capacidad de adaptación y de resiliencia. No hay ningún momento a partir del cual como padres no podamos hacer nada.


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