Los niños van desarrollando sus distintas habilidades en la vida, incluyendo el rendimiento académico, según diferentes factores que les influyen. Uno de ellos, y muy importante, es el tipo de educación que reciben en casa. Una encuesta de GoStudent a 345 profesores particulares de toda Europa apunta que hay una relación clara en el estilo de crianza y cómo afrontan los niños el aprendizaje, el error y la autonomía.
De hecho, según este trabajo, más de la mitad de los profesores (54%) considera que a las familias les cuesta especialmente diferenciar entre lo que supone la independencia del menor y lo que es desentenderse de sus estudios.
Nani Conde, profesora de Primaria, y Noelia Bascuas, psicóloga y educadora infantil, analizan este fenómeno y cómo se traslada al día a día en el aula.
Cuando en casa hay poco acompañamiento
Hay padres que por motivos laborales o por otras circunstancias, llevan a cabo un acompañamiento limitado a sus hijos en el periodo escolar. Los efectos en los menores son, siempre según el citado trabajo, baja motivación, malos hábitos de estudios y dificultad para asumir responsabilidades.
“Cuando en casa hay poco acompañamiento, lo que suele aparecer es falta de estructura. Les cuesta empezar una tarea, mantener la atención o terminarla. A veces también se refleja en la motivación, porque no hay un seguimiento o un refuerzo que les ayude a darle valor a lo que hacen. No es una cuestión de capacidad, sino de hábitos que no se han ido construyendo, por lo que en el aula necesitan un apoyo más continuo”, resalta Nani Conde.
Cuando hay padres demasiado protectores
En el otro extremo están los progenitores demasiado protectores, que responden a lo que se ha denominado 'padres helicóptero'. Su implicación es excesiva, pero esto no significa que sus hijos dejen de tener problemas, puesto que esta actitud se hace visible con otras manifestaciones, como pueden ser el miedo a cometer errores, que está presente en el 60% de los escolares que viven en familias de este perfil; la ansiedad por las notas y la dificultad para trabajar de forma autónoma.
“Son alumnos que, aunque en ocasiones trabajan bien, dependen mucho del adulto, buscan constantemente validación y les cuesta tomar decisiones por sí mismos. Además, suelen tener una menor tolerancia a la frustración, ya que no están acostumbrados a equivocarse ni a gestionar el error de forma autónoma,” advierte la profesora.
Realidades familiares y emocionales diferentes
"En consulta vemos un patrón bastante claro: no es tanto la cantidad de supervisión, sino el estilo. Los niños con padres muy pendientes suelen tener buen rendimiento, pero también más ansiedad, miedo al error y dependencia de la validación adulta. En cambio, los que crecen con más distancia tienden a desarrollar mayor autonomía y tolerancia a la frustración, aunque pueden presentar desorganización o menor constancia si falta un mínimo de apoyo”, detalla la psicóloga y educadora infantil Noelia Bascuas.
El estilo de crianza se hace presente durante toda la infancia, pero es más visible a partir de la Educación Primaria, entre los 6 y los 12 años, según comenta: "En esta etapa el niño empieza a mostrar con mayor claridad habilidades relacionadas con la autonomía, la tolerancia a la frustración, la responsabilidad, la capacidad de organización y la forma en que se vincula con figuras de autoridad y compañeros. Es decir, no solo se observa el rendimiento académico, sino también la actitud frente al aprendizaje y la convivencia escolar".
Coincide con ella Nany Conde, que señala cómo la educación en casa "termina reflejándose también dentro del aula: en cómo participan, cómo afrontan los errores, cómo responden a las normas o incluso en la actitud que tienen hacia el aprendizaje". Y añade. "Aun así, creo que es importante entender que no existen 'niños mejores o peores', según el tipo de crianza, sino menores con realidades familiares y emocionales diferentes. Por eso, tanto la escuela como las familias deberían trabajar siempre desde el acompañamiento, la comprensión y la colaboración, no desde el juicio o la culpa".
La importancia de que el niño cometa errores
Según la Encuesta sobre Bienestar Emocional en la Escuela, de GoStudent, más de la mitad de los niños vinculan la confianza que tienen en sus capacidades académicas a las calificaciones obtenidas. Por eso, y ante la posibilidad de que no sean siempre como esperan, desde casa se les debe acompañar para que le den al error el valor que tiene. "La resiliencia académica se construye cuando el niño aprende que el error no es un fracaso, sino parte del proceso de aprendizaje. No surge de la presión, sino de la combinación de expectativas claras y apoyo emocional constante”, destaca Noelia Bascuas.
Sin embargo, muchas familias toman la responsabilidad por sus hijos, por ejemplo, con respecto a las tareas académicas. A este respecto comenta la psicóloga: "Los padres deben interesarse por lo que el menor aprende, ofrecer un espacio adecuado de estudio y estar disponibles para orientar o resolver dudas, pero permitiendo que sea el propio niño quien piense, se equivoque y encuentre soluciones. Un buen acompañamiento implica supervisar sin controlar en exceso. Cuando los adultos corrigen constantemente, presionan por las notas o convierten las tareas en una fuente de conflicto, el aprendizaje puede asociarse con ansiedad o dependencia. En cambio, cuando se refuerza el esfuerzo, la organización y la autonomía, el menor suele desarrollar una relación más positiva y madura con el estudio".
Está de acuerdo Nany Conde quien añade que "muchas veces, con la intención de ayudar, las familias terminan interviniendo demasiado, y eso puede hacer que el niño dependa siempre de un adulto para sentirse capaz. Lo importante no es que la tarea salga perfecta, sino que el menor aprenda a organizarse, a esforzarse y a enfrentarse poco a poco a pequeñas responsabilidades. Acompañar también es estar presentes, interesarse por cómo se sienten, crear un ambiente tranquilo y transmitir calma cuando algo no sale bien. Los niños necesitan sentir apoyo y seguridad, no presión".
¿Cómo lograr el equilibrio entre acompañar y dar autonomía?
Ambas expertas recalcan que el acompañamiento paterno que mejor funciona es el que combina presencia, estructura y autonomía. De este modo, los padres estarían presentes, pero sin sustituir o hacerse cargo de las responsabilidades del menor. "Es decir, guiar, ofrecer apoyo emocional, poner límites y reforzar el esfuerzo, permitiendo al mismo tiempo que el niño se equivoque y aprenda. El objetivo no es hacerlo por ellos, sino enseñarles a hacerlo solos,” afirma Nani Conde.
Cuando esto ocurre, la profesora declara que el cambio es visible también en el aula: “Cuando las familias empiezan a acompañar desde la constancia, establecen rutinas claras, refuerzan el esfuerzo y se interesan por el día a día, el cambio en el alumnado es evidente. Ganan en seguridad, se organizan mejor y su actitud hacia el aprendizaje mejora notablemente”, concluye.









