Hay novias que tienen muy claro cómo quieren que sea su vestido soñado, pero hay otras que lo descubren durante el proceso de creación. Y es precisamente lo que le ocurrió a nuestra protagonista, que pese a dedicarse profesionalmente al sector de la moda y trabajar en una firma de referencia como Zara, no había pensado antes en el diseño que ella misma llevaría el día de su boda. "Tenía muchas referencias, pero ninguna idea clara. Lo único que sabía era que quería un vestido limpio, elegante y con un toque romántico o bohemio", nos cuenta Lara.
Lo que sí era una certeza para nuestra novia es que confiaría en la diseñadora Flor Fuertes: "Me encanta su estilo tan personal, elegante y con tanta identidad. Y necesitaba a alguien en quien confiar a ciegas".
Un vestido de novia con escote asimétrico
Lara recuerda cada prueba de vestido, junto a su madre y su hermana, con mucho cariño. "Viví el proceso con nervios antes de cada cita, pero las disfrutaba muchísimo", confiesa. Fue probando con diferentes telas hasta que poco a poco su diseño fue tomando forma: "La base era un satén cubierto por gasa de seda, que le daba un movimiento precioso y muy vaporoso. Probando varios escotes al final dimos con un asimétrico que me encantó: era un tipo Bardot, pero en uno de los lados hicimos una especie de doble tirante con una gasa que caía por debajo del hombro".
Con esa misma gasa, el cuerpo iba drapeado en diagonal con corte bajo en la cadera y de ahí se abrían unas quillas tableadas en satén de seda. "Al final conseguí exactamente lo que quería: un vestido que era elegante, con mezcla de tejidos y un punto romántico".
Cambió de velo 24 horas antes de la boda
El caso de esta novia es un claro ejemplo de lo importante que es seguir la intuición de una misma, y de que a veces, el destino tiene preparadas algunas señales imposibles de obviar. "Desde el principio pensé en llevar un velo bordado antiguo a modo Julieta, pues además era una forma de llevar el pelo suelto, que es el peinado con el que más cómoda me siento; pero me entraron dudas sobre si encajaba o no con el vestido".
Decidió cambiar de idea y optar por un velo más rústico, pero nuestra novia no podía sacarse de la cabeza aquel diseño romántico con el que, en realidad, siempre había soñado. Por eso tomó una decisión arriesgada: "El día antes de la boda, cuando fui a recoger el vestido, me armé de valor y llamé a Mantones del Sur, que meses atrás me había dejado probar un velo bordado de Bruselas del siglo XIX y que me enamoró. Parecía imposible, porque él vive en Sevilla y yo estaba en Madrid a solo un día de la boda, pero casualmente me dijo que lo había mandado al taller de Flor… ¡y llegaba esa misma mañana!"
Lara confirmó que las casualidades no existen: aquello era una señal y decidió tomárselo como tal. "A tan solo 24 horas antes de la boda cambié el velo, que después sería una pieza clave del look final. Con lo indecisa que soy, según mis amigas esto solo podía pasarme a mi. Fue mágico".
No quiso contar con un segundo vestido: "Me gustaba tanto el mío que quería disfrutarlo de principio a fin. Lo único que hice fue quitarme una gasa del cuello que colgaba tipo capa sobre la espalda para ponerme una gargantilla de mi abuela, que me hacía muchísima ilusión llevar". Además, incorporó a su elección de joyas un anillo art déco de diamantes y zafiros que su pareja le regaló en la pedida, unos pendientes antiguos, también regalo de sus padres, y un broche.
Lara acompañó su estilismo con unos zapatos de charol firmados por Valentino, aunque más tarde los cambió por unas cómodas alpargatas de Castañer. Y en cuanto al ramo de novia, obra de Alfabia Flores, explica que quiso darle un valor sentimental: "Elegí calas, la flor favorita de mi abuela. Lo combinamos con verdes y amaranthus en cascada, para darle volumen".
Para su look beauty, como muchas novias el día de su boda, priorizó la naturalidad: "Le pedí a Raquel Serrano que me maquillara como si me hubiera dado el sol durante unos días en la playa. Con tonos dorados, rosados y melocotón, sin marcar demasiado, porque yo no suelo maquillarme". Tête à Tête Hairstyle se encargó de su peinado, con el cabello suelto y ondas. "Con el velo en casquete quedó increíble".
Una boda en Madrid con guiños a Galicia tras 10 años de amor
El 'sí, quiero' tuvo lugar el 10 de mayo de 2025 en la capital, fecha que coincidía con el cumpleaños de la abuela de Lara, que había fallecido unos años antes. "Para mí fue una forma de que estuviera presente", nos cuenta. La ceremonia fue en la Parroquia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, y la celebración, en la Villa del Mentidero: "El catering es espectacular, y quisimos darle un toque distinto al cóctel con música cubana de Los D'Orlando, que nos encanta. Fue la manera perfecta de empezar la fiesta, que terminó con Diego Aguas, mítico DJ de Marchica, y que nos recordó a nuestros viajes de esquí en Formigal".
Esta pareja se conoció en la universidad hace más de una década: "Tuvimos idas y venidas, y años a distancia, pero siempre encontrábamos la manera de volver a estar juntos", admite. "Javi estuvo en Ámsterdam y Múnich, y yo en Madrid. Hace cuatro años me mudé a A Coruña por trabajo, y cuando vino a visitarme se enamoró de la ciudad. Supimos enseguida que era el lugar que nos iba a unir definitivamente".
Por eso quisieron que su boda —para la que no contaron con wedding planner, a pesar de tener que organizarla a distancia— tuviese guiños a Galicia. "Pusimos una barra de cervezas Estrella Galicia personalizadas con nuestros nombres". Fue una boda en la que las flores y las velas estuvieron muy presentes en la decoración y que nuestros novios disfrutaron muchísimo.
"Nuestro secreto fue no separarnos en ningún momento de la boda. Los invitados siempre quieren estar con los novios, y eso hizo que todo fluyera, que fuera muy cercano y que la fiesta estuviera siempre llena de energía", explican.


















