Víctor Hugo describió así su fascinación por la luminosa y coqueta Antibes: “Aquí todo brilla, todo florece, todo canta. El sol, las mujeres y el amor tienen aquí su hogar. Mis ojos y mi alma brillan…”. Y, en efecto, algo extraordinario envuelve a esta hermosa localidad de la Costa Azul, pues, al igual que él, otros muchos artistas se han visto cautivados por los encantos de esta ciudad milenaria encajonada entre los Alpes y el Mediterráneo. Uno podría pensar que, con Cannes y Niza a un lado y a otro, Antibes lo tenía difícil para convertirse en un enclave atractivo para los turistas. Y, sin embargo, la antigua Antípolis es hoy un imán para miles de visitantes.
LA CIUDAD QUE ENAMORÓ A LOS ARTISTAS
Todo comenzó en el siglo XIX, cuando este rincón —a 25 minutos en tren o coche de alquiler del aeropuerto de Niza— atrajo las miradas de varios millonarios, que decidieron construir sus exclusivas villas en la belleza agreste de las colinas de Cap d’Antibes, una península que se asoma al mar. Décadas después, en plena ebullición de los felices años 20, fue el paraje de Juan-les-Pins, con su bahía y sus playas de arena fina y dorada, lo que cautivó a las élites y a no pocos literatos y artistas.
Por aquí pasaron, en uno u otro momento, personajes como Hemingway, Dos Passos, Graham Greene, Pablo Picasso, Douglas Fairbanks… Para descubrir el origen de esta fascinación, hay que dirigirse al corazón de la vieil Antibes, surcada de calles estrechas y empedradas. En el interior de la antigua ciudad amurallada aguarda, por ejemplo, el veterano Marché Provençal, con sus coloridos puestos de verduras, quesos y embutidos típicos de la región.
CALLEJUELAS, MERCADO PROVENZAL Y EL CASTILLO DE PICASSO
Muy cerca de allí, con unas increíbles vistas al mar, se levanta el antiguo castillo Grimaldi, hoy convertido en Museo Picasso, uno de los principales atractivos de la ciudad. El pintor malagueño ya había visitado Antibes en los años 20, pero regresó en 1946, y fue entonces cuando convirtió parte del castillo en su taller durante unos meses. Inspirado por la alegría de su nuevo amor (la joven artista Françoise Gilot) y la belleza de la localidad, Picasso experimentó una fiebre creativa que acabó convirtiéndose en una exquisita colección que hoy se puede admirar en las salas del museo.
Más al norte, junto al puerto deportivo, donde amarran yates de lujo, se encuentra el Fort Carré, una fortaleza del siglo XVI, vestigio de un tiempo en el que Antibes fue plaza estratégica. Esta parte del litoral cuenta también con varias playas, pequeñas pero acogedoras, como las de La Gravette o La Salis, ideales para disfrutar del sol y las aguas cálidas de la Costa Azul.
CAP D’ANTIBES, EL RINCÓN MÁS EXCLUSIVO DE LA COSTA AZUL
Al sur de Antibes se extiende la península de Cap d’Antibes, convertida en refugio favorito de multimillonarios y famosos. Con colinas tapizadas de pinos y multitud de villas y mansiones de lujo, el pequeño cabo puede explorarse tomando un bus desde la estación de Antibes. Merece la pena ascender por la colina hasta alcanzar la pequeña capilla de la Garoupe, repleta de ofrendas de pescadores, y después recorrer el camino que bordea el litoral y ofrece vistas incomparables de la costa y las playas de aguas color turquesa. No muy lejos se levanta el Château de la Croë, la lujosa villa que perteneció a los duques de Windsor y al magnate ruso Roman Abramovich. No es la única construcción de lujo refinado.
PLAYAS, MANSIONES BELLE ÉPOQUE Y JAZZ
En Cap d’Antibes se encuentra también la Villa Eilenroc, que cuenta con un parque y jardines de gran belleza, o el legendario Hôtel du Cap-Eden-Roc, cuyas estancias han sido testigo de mil y una anécdotas protagonizadas por escritores y grandes estrellas del celuloide. Rebasado el cabo, se alcanza Juan-les-Pins, ese rincón del municipio de Antibes célebre por sus playas y sus mansiones belle époque, pero también por eventos culturales como el festival Jazz à Juan, que, desde hace décadas, se celebra cada mes de julio y atrae a músicos de renombre. El jazz puso banda sonora a las lujosas fiestas celebradas aquí en las primeras décadas del siglo XX, pero hoy sigue sonando en un destino que no ha perdido ni una pizca de su encanto original.
CINCO EXPERIENCIAS PARA DESCUBRIR LA ESENCIA DE ANTIBES
- Camina por la Promenade des Artistes, un paseo a orillas del mar para ver reproducciones de obras colocadas justo donde se realizaron.
- Artistas y bohemios decimonónicos popularizaron la absenta, la polémica bebida que hoy puedes degustar en la Balade en Provence, un local ubicado junto al mercado provenzal.
- Los secretos de la antigua Antípolis se desvelan en el Museo de Historia y Arqueología, que cuenta con una interesante colección de piezas milenarias.
- A solo 40 minutos en coche de Antibes se encuentra el Parque Natural Regional de los Prealpes de la Costa Azul, repleto de rincones espectaculares.
- Conviene dar un paseo por la comuna libre de La Safranier, un diminuto distrito repleto de flores y casas color miel, cuyas calles recorría a menudo Picasso y donde residió el escritor griego Nikos Kazantzakis.
DÓNDE DORMIR
Con un diseño moderno y exclusivo, en La Villa Port d’Antibes & Spa (villa-port-antibes.com), junto al puerto deportivo y a un paso de las antiguas murallas. En Cap d’Antibes, el Hôtel du Cap-Eden-Roc (oetkercollection.com) aúna el lujo más exclusivo con un pasado repleto de glamur. Este veterano establecimiento de la cadena Oetker ha alojado en sus estancias a figuras de la talla de Scott Fitzgerald (quien lo inmortalizó en su novela Suave es la noche), los duques de Windsor, Ernest Hemingway o Marlene Dietrich, que mantuvo aquí un apasionado romance con el novelista Erich-Maria Remarque.
DÓNDE COMER
En el casco antiguo de Antibes, merece la pena dar un paseo por las calles cercanas al Museo Picasso y adentrarse en La Safranier, donde aguarda un restaurante bautizado con el mismo nombre que el distrito. Este establecimiento con solera está especializado en gastronomía mediterránea y tradicional de la región, con platos típicos como la bouillabaisse o los espárragos de la Provenza.













