Jorge Fernández nació en el Mediterráneo, pero su vida y su corazón siempre han apuntado al norte. "Alicante me vio nacer por el trabajo de mis padres, pero yo soy y me siento de Mondragón al cien por cien. Allí pasé mi infancia, allí está mi cuadrilla y allí empecé a amar el monte", ha explicado el presentador en varias entrevistas a medios como El Diario Vasco. Y es cierto que es una de sus grandes aficiones. Le encanta coger la bicicleta, andar y subir montañas siempre que tiene un hueco libre.
Esa afición no nace por casualidad. Cuando uno se cría en un valle rodeado de cumbres, lo natural es salir a explorarlas. Arrasate/Mondragón tiene esos montes y esos caminos a pocos pasos del casco urbano que invitan a ponerse unas zapatillas o coger la bicicleta y salir a la naturaleza, porque la montaña forma parte del paisaje cotidiano de la localidad.
EN UN CRUCE DE CAMINOS
El pueblo tiene unos 22.000 habitantes entre el casco urbano y sus cinco barrios y está situado justo en el centro del mapa del País Vasco, a menos de una hora de Vitoria, Bilbao y San Sebastián. Esta ubicación tan estratégica y su tradición metalúrgica han hecho que, desde hace décadas, sea uno de los principales centros industriales vascos. Pero detrás de esa imagen hay también un casco histórico de origen medieval, que fue fundado por el mismo Alfonso X el Sabio.
Con una característica forma de almendra, la antigua villa estaba protegida por una muralla de piedra y para entrar en ella había que atravesar una de sus cinco puertas. Hoy se conservan tres de ellas, entre ellas la de Zurgin Kantoia, la más antigua.
El casco histórico, bastante llano, se organiza en torno a tres calles principales (Iturriotz, Erdiko Kale y Ferrerías), flanqueadas por edificios de piedra, casas con balcones de hierro forjado y antiguos palacios. Entre ellos destaca la iglesia de San Juan Bautista, con su gran torre, el Ayuntamiento y varias residencias de antiguos linajes, como el palacio Bañez de Artazubiaga —perteneciente a una de las familias más importantes de la villa— o el de Okendo.
Aunque muchos de estos edificios se contemplan desde la propia calle, hay uno que merece la pena visitar por dentro. El antiguo Hospital de la Santísima Trinidad alberga hoy Kulturate, la Casa de Cultura, donde se conserva un precioso claustro del siglo XVII que acoge exposiciones y actividades culturales.
ÁRBOLES GIGANTES Y LA MONTAÑA DE JORGE FERNÁNDEZ
Otro de los antiguos palacios de la localidad se encuentra en el parque de Monterrón, a menos de cinco minutos a pie del centro, y hoy funciona como escuela de música. Pero el verdadero espectáculo de este espacio verde está fuera del edificio: varias secuoyas gigantes sorprenden por sus dimensiones y convierten el parque en uno de los rincones más singulares de Mondragón.
El otro gran pulmón verde de la localidad es el parque de Santa Bárbara, situado en una zona algo más elevada y con buenas panorámicas sobre el valle. Una leyenda cuenta que en este monte vivía un dragón llamado Herensuge que aterrorizaba a los vecinos. Una vez vencido, la villa habría recibido en recuerdo de aquella hazaña el nombre de Montdragón.
Para seguir los pasos montañeros de Jorge Fernández, el reto está en el cercano Udalatx, la gran montaña caliza que se recorta sobre el valle. Su ascensión es un clásico entre los montañeros de la zona y exige algo más que un simple paseo, pero recompensa el esfuerzo con una panorámica espectacular del Alto Deba.
DE PINTXOS
El casco viejo está lleno de opciones para ir de pintxos y probar la cocina local. A la hora del aperitivo o cuando cae la tarde, ningún sitio mejor para dejarse caer que la siempre animada calle Iturriotz. Aquí está el bar Kajoi, un local abierto hace casi cuatro décadas que luce una de esas barras que entran directamente por los ojos, además de ser un buen sitio para una primera parada. Otro clásico donde acodarse en la barra y brindar con un buen txakoli o un mosto bien frío es Ezkiña, en el número 25 de la calle Olarte, cuya especialidad es la tortilla de patata.
Para sentarte a comer con más calma y alargar la sobremesa, Arteaga Landetxea (arteagalandetxea.com) lleva hasta un entorno rural la cocina vasca de producto. El restaurante ocupa un caserío tradicional y apuesta por la gastronomía local, con una bodega que reúne más de 1.000 referencias.
DÓNDE DORMIR
En la avenida Biteri, un antiguo edificio de pasado industrial acoge el Hotel Mondragón (mondragonhotela.com), la opción más céntrica para tener a mano los principales puntos de interés de la localidad.
Quien prefiera cambiar el ambiente urbano por el verde de los montes encontrará una de las direcciones con más encanto en Santa Ana Mondragon (santaanamondragon.com), instalado en un antiguo caserío del barrio de Uribarri. Habitaciones amplias, vistas al entorno montañoso, jardín y restaurante de cocina de temporada completan una estancia mucho más tranquila, a las puertas del paisaje que Jorge Fernández aprendió a recorrer desde niño.









