Susan Sarandon y Sylvester Stallone cumplen 80 en plena forma: "La edad cronológica no explica por sí sola cómo envejecemos"


Ambos actores (y muchos otros) son el ejemplo de que los 80 son los nuevos 60 y confirman el mensaje de los expertos en longevidad: el número del DNI no siempre coincide con la edad biológica y puede estar en nuestra mano llegar a mayores con una buena salud y autonomía


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3 de octubre de 2026 a las 7:30 CEST

Cumplir 80 años ya no significa necesariamente lo mismo que hace unas décadas. Basta pensar en algunos nombres muy conocidos. Sylvester Stallone ha cumplido 80 años este verano y continúa trabajando, mientras que Susan Sarandon alcanza esa misma edad este mes de octubre y mantiene un físico y una vitalidad envidiables. Son solo dos ejemplos visibles de algo que también observamos fuera de los focos: hay personas que llegan a edades avanzadas conservando una notable autonomía.

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Esto no significa que los 80 sean literalmente los nuevos 60 ni que podamos comparar el estado de salud de unas personas con otras por su apariencia. Pero sí que podemos plantearnos esta pregunta: ¿por qué dos personas de la misma edad pueden envejecer de una manera tan diferente? Y, sobre todo, ¿hasta qué punto podemos intervenir en cómo llegamos a las últimas décadas de nuestra vida?

"La edad cronológica no explica por sí sola cómo envejecemos", explica a ¡HOLA! el doctor Jankie Bajoon, médico especializado en longevidad de Age Reversal, de la Unidad de Longevidad del Hospital Memorial Publio Cordón en Madrid.  Dos personas pueden tener la misma edad en el DNI y presentar grandes diferencias en composición corporal, metabolismo, capacidad cardiovascular, función cognitiva o estado inflamatorio.

Sylvester Stallone ha hablado a los 80 años de sus mayores remordimientos y del dolor que todavía arrastra por la muerte de su hijo Sage© Getty Images

Edad cronológica y biológica no siempre coinciden 

El concepto que ayuda a explicar estas diferencias es el de edad biológica. Frente a la edad cronológica, que simplemente contabiliza los años transcurridos desde que nacemos, la biológica intenta aproximarse a cómo está envejeciendo nuestro organismo.

"El envejecimiento es un proceso complejo en el que intervienen la genética, el estilo de vida, el entorno y la acumulación de alteraciones a lo largo del tiempo", señala Bajoon.

Leticia Carrera, directora del centro Felicidad Carrera, coincide en que los genes son solo una parte de la ecuación. A ellos se suma todo aquello a lo que hemos estado expuestos durante nuestra vida: alimentación, ejercicio, sueño, estrés, exposición solar, hábitos tóxicos, enfermedades o entorno. Es lo que se conoce como exposoma.

La buena noticia es que, aunque no podamos cambiar nuestra genética ni detener el calendario, sí podemos actuar sobre muchos de esos factores. "Muchos son modificables y, con ello, podemos influir en cómo envejecemos", recuerda Carrera.

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Objetivo vivir bien y con autonomía, no solo vivir más

La medicina ha conseguido aumentar considerablemente la esperanza de vida. Ahora el desafío es otro: conseguir que una mayor parte de esos años se viva con buena salud y autonomía.

Para Bajoon, ese cambio obliga también a replantearnos la forma de abordar el envejecimiento. "Desde la medicina de la longevidad no deberíamos esperar a que aparezca una enfermedad para actuar". El objetivo, explica, es detectar de manera precoz qué sistemas pueden estar envejeciendo peor y sobre qué factores podemos intervenir.

Es el paso de una medicina fundamentalmente reactiva a otra más preventiva y personalizada. Y cambia también la pregunta que deberíamos hacernos: quizá no sea únicamente cuántos años vamos a vivir, sino en qué condiciones queremos vivirlos.

Por eso, si Bajoon tuviera que resumir el envejecimiento saludable en un solo concepto, elegiría "preservar la capacidad funcional durante el mayor tiempo posible". Es decir, conservar una buena composición corporal, fuerza y masa muscular, capacidad cardiovascular, salud metabólica y cognitiva, pero también relaciones sociales y emocionales satisfactorias.

Cher, en los Grammy 2026© Getty Images

El músculo se convierte en una especie de seguro de vida

Dentro de ese conjunto de factores hay uno que ambos expertos destacan especialmente: el músculo. "No es solamente una cuestión estética: es uno de nuestros principales reservorios funcionales y metabólicos y está directamente relacionado con la capacidad de una persona para mantener su autonomía a medida que envejece", explica Bajoon.

Y esa autonomía se traduce en acciones tan cotidianas como levantarse de una silla, caminar, subir unas escaleras, cargar una bolsa, mantener el equilibrio o reaccionar ante un tropiezo.

Leticia Carrera también elegiría la masa y la fuerza muscular como uno de los grandes indicadores de envejecimiento saludable. Por eso, el ejercicio de fuerza adquiere especial importancia con los años, combinado con trabajo cardiovascular, movilidad y equilibrio.

Bajoon insiste en que la fuerza "debería formar parte de cualquier estrategia de longevidad", siempre adaptada a la edad y características individuales. Carrera lo resume con una frase especialmente gráfica: "El objetivo no es tener un cuerpo joven, sino un cuerpo capaz de funcionar".

Helen Mirren, en una visita a un jardín de Londres.© GTRES

No existe una dieta antiedad

La alimentación constituye el otro gran pilar de la longevidad, aunque tampoco aquí existen atajos. Bajoon prefiere no hablar de una dieta "antiaging", sino de una nutrición suficiente, equilibrada y adaptada a cada persona.

Carrera coincide: "Una alimentación saludable no consiste en seguir continuamente una dieta determinada". Lo importante, explica, es proporcionar al organismo los nutrientes que necesita y mantener un patrón alimentario de calidad durante años.

Con la edad conviene prestar especial atención a un aporte suficiente de proteínas para contribuir al mantenimiento de la masa muscular, además de frutas, verduras, fibra, grasas saludables y alimentos poco procesados.

Susan Sarandon en traje verde brillante, caminando en una alfombra roja.© Getty Images

Dormir y relacionarnos también forma parte de la longevidad

Otro aspecto que tenemos que tener en cuenta es que el cuerpo no envejece por partes. "El metabolismo, el sistema nervioso, el sistema inmunitario y la salud cardiovascular están profundamente conectados", recuerda Bajoon.

Dormir adecuadamente permite desarrollar procesos esenciales de recuperación y regulación fisiológica. Pero hay otro factor que a veces olvidamos cuando hablamos de longevidad: necesitamos a los demás.

Carrera destaca la importancia de conservar vínculos, estímulos intelectuales, proyectos y la sensación de que nuestra vida sigue teniendo sentido. Bajoon va en la misma dirección: "No tendría mucho sentido hablar de longevidad si conseguimos prolongar la vida pero perdemos autonomía, bienestar o capacidad para relacionarnos con nuestro entorno".

También el estrés merece una mirada menos simplista. No podemos aspirar a eliminarlo por completo. Lo importante es conservar la capacidad para adaptarnos y recuperarnos. En cambio, si el estrés se vuelve crónico y termina interfiriendo con el descanso, la alimentación, la actividad física o la salud metabólica, entonces sí que tenemos que consultar con un profesional. 

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¿Y cómo nos ayudan los suplementos?

Por otro lado, no podemos hablar de cómo llegar a los 80 como si tuviéramos 60 si no ponemos sobre la mesa el papel real de los suplementos.  En este sentido, el médico especializado en longevidad de Age Reversal, sostiene que "no deberían ser el punto de partida de una estrategia de longevidad".

Y es que en una persona sana, sin déficits y con una alimentación adecuada, las prioridades continúan siendo la dieta, el ejercicio, el sueño y los demás hábitos relacionados con la salud. Eso no significa que nunca sean necesarios. Leticia Carrera reconoce que pueden resultar útiles cuando están bien indicados y pone como ejemplo situaciones en las que la alimentación no cubre suficientemente determinados nutrientes. La clave está en individualizar.

Bajoon advierte, además, contra la tentación de tomar decenas de productos simplemente porque parezca que cuantos más tomemos, mejor estaremos. "Una intervención debería tener una hipótesis, una indicación y, siempre que sea posible, evidencia que la respalde". Es decir, criterio a la hora de indicarlos y no consumirlos porque están de moda o alguien nos los ha recomendado. 

Robert De Niro asiste al photocall de "Killers of the Flower Moon" en la 76.ª edición anual del Festival de Cine de Cannes, en el Palacio de Festivales, el 21 de mayo de 2023 en Cannes, Francia.© Getty Images

Cuidado con obsesionarnos con la "edad biológica"

Y por último, conocer cómo estamos envejeciendo puede ayudarnos a intervenir antes, pero tampoco deberíamos convertir nuestra edad biológica en otro número que perseguir.

Jankie Bajoon pide prudencia a la hora de interpretar determinados biomarcadores. Que un marcador asociado a la edad mejore no significa necesariamente que hayamos "rejuvenecido". Esa variación podría deberse, por ejemplo, a una mejora de la composición corporal o del metabolismo.

La investigación científica estudia actualmente mecanismos relacionados con el propio envejecimiento, desde la senescencia celular y las alteraciones metabólicas o epigenéticas hasta estrategias como la reprogramación celular parcial o la activación transitoria de la telomerasa. Pero el experto en longevidad subraya que algunas de estas aproximaciones continúan siendo experimentales y no deben confundirse con tratamientos clínicos establecidos. La ciencia de la longevidad avanza, pero eso no significa que exista ya una fórmula capaz de revertir el envejecimiento.