La mayoría de las personas hemos fantaseado alguna vez en empezar de cero. Cambiar de ciudad, mudarnos al campo, aceptar un trabajo lejos o incluso irnos a vivir a otro país. Pensamos que, quizá, en otro lugar estaremos más tranquilos, encontraremos nuevas oportunidades o recuperaremos esa ilusión que hemos perdido.
A veces, ese deseo responde simplemente a un proyecto vital que nos apetece. Otras, sin embargo, aparece después de una ruptura, cuando llevamos meses desmotivados en el trabajo o atravesamos una etapa en la que sentimos que nuestra vida se ha quedado estancada. Y entonces surge ese pensamiento tan habitual: "Necesito irme de aquí".
Precisamente sobre esa idea reflexionó Milan Kundera cuando escribió: "La persona que quiere abandonar el lugar donde vive no es feliz". Una frase que puede resultar demasiado categórica si la interpretamos literalmente, pero que encierra una reflexión interesante sobre nuestra tendencia a buscar fuera la solución a determinados malestares internos.
Así lo asegura la psicóloga Sara Navarrete, la experta con la que hemos hablado y que nos invita a mirar esta frase desde otro lugar. "Podemos entender la frase no tanto como una afirmación literal, evidentemente, alguien puede querer mudarse por muchísimos motivos y ser perfectamente feliz, sino como una reflexión sobre la fantasía de que un cambio externo puede resolver un malestar que tiene un origen interno".
Quién fue Milan Kundera
Milan Kundera nació en Brno, en la entonces Checoslovaquia, en 1929. Novelista, ensayista y uno de los escritores europeos más influyentes de la segunda mitad del siglo XX, vivió buena parte de su vida en Francia, país al que se trasladó en 1975 y del que posteriormente obtuvo la nacionalidad. Murió en París en 2023, a los 94 años.
Su obra estuvo profundamente marcada por cuestiones como la identidad, la memoria, el exilio, el amor, el deseo o las decisiones que van dando forma a nuestra existencia. Entre sus libros más conocidos se encuentran La insoportable levedad del ser, La broma y El libro de la risa y el olvido.
Kundera convirtió muchas de esas preguntas sobre la existencia en literatura. Sus personajes aman, dudan, se equivocan, se marchan y buscan constantemente una manera de entenderse a sí mismos. De ahí que muchas de sus reflexiones sigan funcionando como punto de partida para hablar de emociones y comportamientos muy reconocibles.
¿Qué quería decir Kundera con esta frase?
Todos hemos pensado alguna vez aquello de "necesito cambiar de aires". Y no hay nada malo en hacerlo. El problema puede aparecer cuando depositamos en ese nuevo lugar todas las expectativas de sentirnos diferentes.
Sara Navarrete habla de una especie de "fantasía de reinicio": "Pensar que cuando cambie de ciudad, de trabajo, de pareja, de casa o incluso de país, empezaré de cero y entonces me sentiré diferente. El problema es que podemos cambiar completamente el escenario de nuestra vida y, sin embargo, seguir interpretando la realidad desde los mismos miedos, inseguridades, heridas y patrones emocionales".
Es decir, uno puede cambiar Madrid por Nueva York, dejar un trabajo que detesta o empezar una relación completamente diferente y descubrir, pasado el entusiasmo inicial, que determinadas inseguridades siguen ahí.
Por eso, más que preguntarnos si queremos marcharnos, la psicóloga propone otra cuestión: "¿Quiero ir hacia algo nuevo o simplemente necesito alejarme de lo que siento aquí?".
La diferencia, insiste, es enorme. Una persona puede mudarse porque tiene un proyecto ilusionante, quiere conocer otra cultura o siente curiosidad por empezar una etapa diferente. "Otra puede hacerlo esperando que la distancia silencie un conflicto interno. En ese segundo caso, probablemente aparezca una decepción: la distancia modifica el paisaje, pero no necesariamente modifica nuestra forma de relacionarnos con nosotros mismos".
¿Por qué hay personas que sienten la necesidad de huir constantemente?
Cambiar de trabajo cuando aparecen los primeros problemas. Terminar una relación cuando empieza a hacerse más íntima. Mudarse cada vez que la vida entra en una etapa rutinaria. Buscar continuamente nuevos proyectos porque quedarse quieto empieza a resultar incómodo.
No siempre somos conscientes de que detrás de esos comportamientos puede haber una forma de evitar determinadas emociones.
"Huir también puede convertirse en una estrategia de regulación emocional", señala Sara Navarrete. Cuando algo nos produce "ansiedad, frustración, vergüenza, sensación de fracaso o dolor", alejarnos proporciona alivio. Y el cerebro aprende rápidamente esa asociación: "cuando me voy, dejo de sentir esto".
El problema es que ese alivio puede reforzar la necesidad de volver a escapar la próxima vez que aparece una emoción incómoda. De ahí que algunas personas desarrollen un patrón de "empezar de cero" una y otra vez.
Las huidas que no parecen huidas
Pero no hace falta comprar un billete de avión o hacer una mudanza para escapar de algo que nos incomoda.
De hecho, una de las reflexiones más interesantes de Sara Navarrete es que algunas formas de huida están perfectamente integradas en nuestra vida cotidiana y pueden incluso parecer comportamientos positivos.
"Podemos huir llenando la agenda, trabajando compulsivamente, viajando constantemente, encadenando relaciones, buscando estímulos o reinventándonos una y otra vez", señala.
Una persona puede tener una vida aparentemente apasionante, llena de planes, trabajo, viajes, amigos y proyectos y, sin embargo, sentirse muy incómoda cada vez que pasa una tarde sola en casa sin nada que hacer.
Por eso la psicóloga propone una pregunta: "¿Qué aparece cuando paras?". Si cuando desaparecen el ruido, las obligaciones y los planes surgen inmediatamente angustia, tristeza, vacío o pensamientos que necesitamos silenciar, quizá merezca la pena preguntarnos qué estamos intentando evitar.
La mochila emocional que viaja con nosotros
Podemos cambiar de ciudad, de pareja o de trabajo, pero hay algo que siempre metemos en la maleta: nuestra historia.
"Todos llevamos una mochila emocional. Está formada por nuestra historia de apego, las experiencias que hemos vivido, aquello que aprendimos sobre el amor, el rechazo, el abandono, nuestra autoestima y las estrategias que desarrollamos para protegernos. Y esa mochila viaja con nosotros", nos cuenta Sara Navarrete.
Esto se entiende muy bien con ejemplos cotidianos. Si tenemos un miedo profundo al abandono, podemos encontrar una nueva pareja y volver a interpretar una pequeña distancia como una señal de rechazo. Si hemos aprendido que para que nos quieran debemos complacer a los demás, probablemente volvamos a hacerlo en nuestras nuevas relaciones. Y si sentimos que nunca somos suficientes, conseguir el trabajo que llevábamos años deseando no garantiza que esa inseguridad desaparezca.
La experta habla de un "equipaje invisible" compuesto por creencias como "me van a abandonar", "tengo que demostrar mi valor", "no puedo confiar en nadie", "si fracaso decepcionaré a los demás" o "para que me quieran tengo que ser perfecta". No ocupan espacio en una maleta, "pero condicionan enormemente el lugar desde el que vivimos", advierte.
Cómo saber si seguimos arrastrando heridas del pasado
Sara Navarrete hace aquí una puntualización importante: haber sufrido no significa necesariamente haber vivido un trauma. "Todos acumulamos heridas, pérdidas, decepciones y experiencias difíciles, y no todas tienen necesariamente un carácter traumático".
Más que preguntarnos si aquello que ocurrió fue "suficientemente grave", propone observar cuánto sigue influyendo en nuestra vida actual. Hay algunas señales que pueden ayudarnos a detectarlo:
- Reaccionamos de manera muy intensa ante situaciones aparentemente pequeñas.
- Repetimos una y otra vez relaciones muy parecidas.
- Sentimos un miedo intenso al abandono o al rechazo.
- Tenemos una necesidad excesiva de controlar lo que ocurre.
- Nos cuesta poner límites.
- Vivimos en estado de hipervigilancia.
- Evitamos situaciones que despiertan determinadas emociones.
- Sentimos constantemente que no somos suficientes o necesitamos la aprobación de los demás.
Hay otro indicio que nos puede poner sobre la pista y es saber racionalmente que algo es de una manera y sentir emocionalmente todo lo contrario. "Por ejemplo: 'sé que mi pareja me quiere, pero cualquier distancia me hace sentir que va a abandonarme'; 'sé que soy competente, pero vivo aterrorizada ante la posibilidad de equivocarme'; o 'sé que aquella situación terminó hace años, pero mi cuerpo reacciona como si todavía estuviera ocurriendo'", detalla la psicóloga.
Y es que, como recalca la experta, entender nuestra historia no significa necesariamente haberla procesado emocionalmente.
¿Cómo se trabajan esas heridas?
En los casos en los que sintamos que las experiencias pueden con nosotros, es conveniente pedir ayuda. No se trata de olvidar lo ocurrido ni de conseguir que determinadas experiencias dejen de afectarnos por completo.
"El objetivo de una terapia no debería ser borrar el pasado ni convertirnos en personas a las que ya nada les afecta. Se trata de conseguir que el pasado deje de dirigir automáticamente nuestras decisiones presentes", aclara Sara Navarrete.
Para ello, puede ser necesario identificar qué situaciones siguen activándonos, revisar las creencias que construimos a partir de determinadas experiencias y observar qué hacemos todavía para protegernos. Evitar, controlar, complacer a todo el mundo, desconfiar, aislarnos o exigirnos demasiado son algunas de esas estrategias que pudieron ayudarnos en otro momento, pero que quizá ya no necesitamos.
"Para mí, una señal muy bonita de que una herida está siendo elaborada es que podemos recordarla sin necesidad de seguir organizando nuestra vida alrededor de ella", indica.
Lo ocurrido sigue formando parte de nuestra historia. La diferencia está en que ya no decide continuamente cómo nos relacionamos, qué esperamos de los demás o qué creemos que va a sucedernos.
La reflexión de Milan Kundera que conviene pensar y recordar antes de irnos
Cambiar de ciudad puede ser maravilloso. Mudarnos, viajar, dejar un trabajo o comenzar de nuevo también pueden abrir etapas estupendas de nuestra vida. La reflexión de Kundera no debería interpretarse como una advertencia contra el cambio, sino como una invitación a preguntarnos qué esperamos encontrar cuando cambiamos de escenario.
"Hay viajes que consisten en recorrer miles de kilómetros y otros que consisten en escapar de determinados lugares internos".
Por eso, antes de hacer las maletas, quizá haya otras preguntas que también conviene que nos hagamos: "¿dónde estaría mejor?": "¿Qué estoy buscando encontrar allí que siento que aquí no tengo?".
Como concluye la psicóloga, "la respuesta puede decirnos mucho más sobre nosotros que el destino elegido".












