El emotivo detalle que escondía el vestido de novia de Natalia Pujol en su boda con Guillermo Creuheras


Una amapola roja y un recuerdo para siempre


Natalia Pujol entrando en la iglesia© FERNANDO JUNCO
26 de septiembre de 2026 a las 12:28 CEST

Hija de Xavier Pujol y Marta de Castro Sagarna, propietarios de Ficosa, la compañía de automoción nacida en Barcelona, Natalia Pujol se daba el pasado sábado el ‘sí, quiero’ con Guillermo Creuheras, hijo de José Creuheras, presidente de Grupo Planeta y Atresmedia. El escenario no podía ser más especial: la Costa Brava, el mismo lugar en el que se conocieron, y más de 600 invitados como testigos de una boda que reunió a nombres destacados de la empresa, la cultura, la política y la comunicación.

Pero entre tanta etiqueta, tantos flashes y una lista de invitados que bien podría ocupar -y de hecho ocupa- la ventana de ¡HOLA! de este miércoles, había un detalle que no necesitaba focos para hacerse notar. Uno de esos gestos que hablan bajito, pero cuentan una historia entera.

Natalia y Guillermo posan ante el altar de la iglesia de Sant Genís© FERNANDO JUNCO
Natalia y Guillermo posan ante el altar de la iglesia de Sant Genís

Aunque Natalia caminó hasta el altar del brazo de su padre, hubo alguien muy importante que no pudo acompañarla en persona. Su madre, Marta de Castro Sagarna, falleció hace apenas diez meses. Pero estuvo allí. De la forma más íntima, más delicada y, también, más inesperada.

Para su gran día, Natalia confió en Ze García, encargado de diseñar los tres looks que lució durante la celebración. Para la ceremonia escogió un espectacular fourreau blanco, de escote barco -Brigitte Bardot aprobaría este guiño-, manga larga y una larguísima cola de tul bordada con flores en tres dimensiones. Todo blanco, impoluto, etéreo… salvo por una pequeña intrusa que lo cambiaba todo.

Una amapola roja

No era una flor cualquiera ni un capricho cromático. Era la flor favorita de su madre. Natalia quiso convertirla en el detalle más personal de su look nupcial y la colocó al final de la cola, de manera que la amapola la acompañara durante todo el recorrido hasta el altar. Un gesto mínimo a primera vista, pero la forma de llevar a Marta consigo en uno de los días que más habría querido compartir con ella. Y, de paso, protagonizar uno de esos accidentes de estilo que parecen haber sido calculados al milímetro.

Porque Natalia, casi sin saberlo, acababa de poner en práctica la llamada ‘teoría del rojo inesperado’, una de esas reglas de estilo que internet convierte en fenómeno y que nació en el mundo de la decoración. La idea es tan sencilla como efectiva: introducir un pequeño elemento rojo -aparentemente fuera de lugar- en un espacio o un look y conseguir que, precisamente por contraste, todo lo demás cobre una nueva dimensión.

Detalle de la cola del traje nupcial, con una amapola roja, en homenaje a la madre de Natalia© FERNANDO JUNCO
Detalle de la cola del traje nupcial, con una amapola roja, en homenaje a la madre de Natalia

En decoración puede ser una lámpara, un cuadro o una silla. En moda, unos zapatos, un bolso, un labio… o, en el caso de Natalia, una única amapola perdida entre cientos de flores blancas. Y aquí estaba la clave: el rojo no competía con el vestido. Lo hacía memorable.

La pequeña flor rompía la perfección del blanco, atraía la mirada hacia el final de la cola y convertía un vestido de novia clásico y sofisticado en algo mucho más personal. Un inesperado golpe de color que, además, tenía una historia detrás. No podía haber mejor ejemplo de que las mejores tendencias, -a veces-, son las que tienen un significado propio.

Sin velo y con su larga melena suelta, ligeramente ondulada, Natalia completó el look con un ramo de orquídeas blancas. Del brazo de su padre recorrió el camino hasta el altar para encontrarse con Guillermo, que minutos antes había hecho su entrada acompañado por su madre, Columna Martí. Y el homenaje no terminó con el vestido.

La novia, guapísima, con su melena suelta y un ramo de orquídeas blancas© FERNANDO JUNCO
La novia, guapísima, con su melena suelta y un ramo de orquídeas blancas

Después de la ceremonia, los recién casados se trasladaron hasta una masía familiar en Ermedàs, Palafrugell, la casa de la madre de Natalia. Otro lugar profundamente ligado a su recuerdo y elegido como escenario para continuar la celebración. Hasta allí se desplazaron también algunos de los más de 600 invitados que acompañaron a la pareja en su gran día. Entre ellos, destacados representantes del mundo empresarial como Ana Botín, Cristina Álvarez, Antonio Brufau, Javier Godó, Marc Murtra, Marc Puig o Francisco Reynés; y figuras de la política como Salvador Illa y Alberto Núñez Feijóo, que acudió junto a su mujer, Eva Cárdenas.

El mundo de la literatura estuvo representado por nombres como María Dueñas, Eduardo Mendoza, Carmen Posadas, Nativel Preciado y Boris Izaguirre. Por parte de Atresmedia no faltaron Susanna Griso, Matías Prats, Roberto Brasero, Alberto Chicote, Sandra Golpe, Sonsoles Ónega, Vicente Vallés y Ángeles Blanco, además de Helena Resano, Jorge Fernández, Marta Robles y Pedro J. Ramírez, acompañado por Cruz Sánchez de Lara.

Los recién casados con sus respectivas familias© FERNANDO JUNCO
Los recién casados con sus respectivas familias

Una boda de grandes nombres, sí. De empresa, política, cultura y comunicación. Pero también de esos pequeños gestos que terminan contando mucho más que cualquier gran puesta en escena. Y entre todos ellos, uno se quedó con todas las miradas: una diminuta amapola roja al final de una larguísima cola blanca.

Una flor que era tendencia sin pretenderlo, un inesperado golpe de color y, sobre todo, una manera preciosa de hacer que Marta estuviera, de alguna forma, allí. Al lado de su hija.. Porque como bien decía Antoine de Saint-Exupéry en su libro El Principito: "Lo esencial es invisible a los ojos". Y allí estaba ella, justo donde tenía que estar.