A la altura de una novela de amor que te atrapa de principio a fin o de una fantástica y trepidante leyenda medieval. Así podríamos describir, si se nos permite la licencia, la boda de Guillermo Creuheras y Natalia Pujol, que tuvo lugar, el pasado sábado 19 de septiembre, en el Bajo Ampurdán.
Las metáforas cobran sentido si tenemos en cuenta que el novio es hijo de José Creuheras, presidente del imperio literario y de comunicación Grupo Planeta y Atresmedia. Y si contemplamos que la novia —hija de Xavier Pujol y Marta de Castro Sagarna, propietarios de Ficosa, la compañía de automoción nacida en Barcelona— se convirtió en una elegante princesa prometida para darle el "sí, quiero" a Guillermo.
El escenario escogido, la iglesia de Sant Genís, en Torroella de Montgrí, también sumó a la magia del momento, al tratarse de una de las joyas góticas de este idílico entorno de la Costa Brava. Los contrayentes, ambos de 27 años, se conocieron en la Cerdanya, donde pasan los veranos. Sus caminos se cruzaron en el verano de 2019 y el sábado rubricaron su historia de amor con un enlace precioso, acompañados por más de 600 invitados.
Entre los asistentes, destacados representantes del mundo empresarial, como Ana Botín, presidenta del Banco Santander; Cristina Álvarez, presidenta de El Corte Inglés; Antonio Brufau, presidente de Repsol; Javier Godó, conde de Godó y editor de La Vanguardia; Marc Murtra, presiente de Telefónica; Marc Puig, presidente de Puig; Francisco Reynés, presidente de Naturgy; Cristina Valls-Taberner, y el matrimonio formado por Susana Gallardo y Manuel Valls.
Asimismo, a la celebración también acudieron nombres de la política, como Salvador Illa, presidente de la Generalitat, y Alberto Núñez Feijóo, líder de la oposición y presidente del Partido Popular, junto a su mujer, Eva Cárdenas.
No faltaron relevantes figuras literarias, como María Dueñas, Eduardo Mendoza, Carmen Posadas, Nativel Preciado y Boris Izaguirre. Lo mismo que algunos de los rostros más conocidos de Atresmedia, como Susanna Griso, con su marido, Luis Enríquez; Matías Prats; Roberto Brasero; Alberto Chicote; Sandra Golpe; Sonsoles Ónega —ganadora del Premio Planeta en 2023—; Vicente Vallés y su mujer, la también periodista Ángeles Blanco; Helena Resano, y Jorge Fernández. Marta Robles y Pedro J. Ramírez, junto a Cruz Sánchez de Lara, fueron otros asistentes mediáticos.
Un homenaje muy especial
Ante todos ellos, el novio llegó a la iglesia del brazo de su madre, Columna Martí —una elegantísima madrina con un vestido asimétrico de georgette y guipur color mandarina—, mientras sonaba la canción I Will Always Love You, de Dolly Parton. Minutos después, lo hizo la novia, del brazo de su padre y al ritmo de Mio Cristo Piange Diamanti, de Rosalía.
Representantes del mundo empresarial, como Ana Botín, y de la política, como Feijóo, se encontraban entre los 600 invitados
Natalia lució el primero de los tres vestidos que Ze García confeccionó para su boda: un fourreau blanco, con escote barco, manga larga y una cola de tul con flores bordadas en 3D con una única amapola roja al final de esta. Con este detalle, Natalia rindió homenaje a su madre, fallecida hace diez meses, ya que la amapola era una de sus flores favoritas. Sin velo, solo con su larga melena suelta y ondulada, y con un ramo de orquídeas blancas, fue una novia espectacular.
Tras el intercambio de las alianzas —clásica la de él y un diseño exclusivo, de líneas onduladas y con un zafiro azul, la de ella— y de votos ante el oficiante, mosén Ignacio Pujol, tío de Natalia, los recién casados salieron del templo exultantes de felicidad bajo una lluvia de flores blancas (gerberas).
De Susanna Griso a Sonsoles Ónega y Matías Prats, los rostros más queridos de Atresmedia acompañaron a los novios en un día tan especial
A continuación, se trasladaron en un descapotable blanco vintage a una masía familiar en Ermedàs, Palafrugell; una finca de gran valor sentimental, ya que es la casa de la madre de Natalia.
Durante el aperitivo —servido al igual que el menú por la empresa de catering Aspic—, los invitados pudieron participar en un taller floral y crear accesorios para complementar sus atuendos. Y los novios lograron cumplir su mayor anhelo: que todos los asistentes se sintieran "como en casa".































