Este 13 de agosto se cumplían 22 años del triste fallecimiento de Sandra Domecq, una noticia que conmocionó a la sociedad y que sus hijas siguen recordando año tras año. Su elegancia, su personalidad y su pasión por las artes siguen presentes en cada uno de los rincones de su hogar en Jerez de la Frontera, una finca que Alejandra, Eugenia y Claudia Osborne, así como Ana Cristina Portillo, la más pequeña de las cuatro hermanas, cuidan con mimo para así conservar la esencia de su madre intacta.
Un exterior de carácter y tradición andaluza
Esta vivienda, situada en un lugar privilegiado, es el refugio de las hermanas, que están muy unidas, en las fechas más especiales o en vacaciones. Es el lugar donde crecieron y donde viajan cada vez que necesitan paz y calma. Con una arquitectura tradicional gracias a esa fachada impoluta y los muros encalados en blanco de textura rústica, la casa sirve de lienzo para el entorno tan salvaje que la rodea y que aporta una frescura visual muy llamativa. El techo, a diferentes alturas con tejas de barro cocido con pátina natural, estiliza la silueta del conjunto.
Además, de los porches que se ven bajo los muros y que ayudan a resguardarse en los meses más cálidos, entre la casa y el jardín, la decoración exterior está basada en la artesanía y alfarería típica de la zona. Colocadas como auténticas esculturas, las tinajas de barro antiguo delimitan visualmente la zona a la par que dan un toque muy personal a la zona exterior. Piezas que nunca pasan de moda y que dejan a la vista el paso de los años sin miedo, dejando claro que es una propiedad con historia, con alma y que apuesta por unos elementos que se mantienen sobre la tierra durante el paso de los años. Su textura rugosa, envejecida y esos matices desgastados que se aprecian en las imágenes le dan un aire auténtico y rural muy acogedor.
Sobre los muros blancos, además, se aprecian unos jarrones de cerámica vidriada que parecen estar pintados a mano en tonos muy vibrantes como el amarillo, el azul y el verde, que dan contraste al jardín. Al tener un acabado con brillo, estos tibores destacan muchísimo con la luz del día y aportan una nota de color alegre y elegante sobre el fondo blanco.
La piscina: un oasis de paz
"Unos días de desconexión de todo en mi hogar de la infancia. Siempre que vengo aquí me olvido del teléfono porque vengo a pasar tiempo de calidad con mi familia y amigos", explicaba Eugenia Osborne sobre lo que significa para ella volver a la casa de su infancia. Con aire clásico y mediterráneo, esta zona invita cien por cien a la relajación más absoluta gracias a los materiales de toda la vida y los colores que se han escogido. La zona exterior de la piscina combina de forma natural el encanto de las fincas tradicionales con ese toque clásico que tanto llama la atención.
Las baldosas de barro cocido rústico toman protagonismo, un acierto deco, ya que este tipo de pavimiento es más fresco y evita resbalones. Además, rompe con el blanco encalado de los muros que bordean la zona de agua. En la escalera de obra, observamos que la decoración tampoco se ha dejado al azar, ya qu hay varios elementos ornamentales de forja, como una rueda recuperada o un busto de piedra, que aportan un toque romántico al espacio.
La piscina, rectangular y de líneas limpias, es el auténtico corazón de este espacio al aire libre. Ese tono azul turquesa envuelve para conseguir el efecto relajante que se quiere y al borde se ha dispuesto una hilera de macetas de barro con geranios de flor roja, que aporta ese acento mediterráneo con fuerza. Los cipreses, por su parte, no solo dan privacidad, sino que también refuerzan esa estética de cortijo clásico.
No pasa desapercibido el comedor exterior que se ha creado con vistas a la piscina. Se trata de un porche blanco sostenido por elegantes columnas, ideal para las largas sobremesas de verano.
La majestuosidad de las zonas comunes: salones de altura
Al entrar al salón, mirar hacia arriba debería ser obligatorio. La verdadera joya arquitectónica del salón principal de la finca es su espectacular techo a dos aguas. La estructura de vigas de madera teñidas en un tono nogal oscuro dibuja en el aire un entramado geométrico lleno de carácter que da volumen a la estancia. Para equilibrar la fuerza visual de la madera oscura y multiplicar la luz natural, el entrevigado se ha revestido con un friso de tablones horizontales pintados en un blanco impoluto.
A pesar de ese carácter rústico que conservan tanto la estructura como los muebles de antaño, los trucos deco de la actualidad, como el ventilador de techo, se convierten en un must dentro del espacio. En esta ocasión, se ha escogido un modelo muy adecuado para la decoración, de estilo colonial y dorado; con las palas de madera no consigue desentonar y añade una nota elegante.
Otro de los elementos más destacados son los grandes ventanales de carpintería tradicional de cuarterones que abren la estancia al jardín, creando un mismo vínculo por donde la luz fluye. Para no obstaculizar, se han escogido unos visillos ligeros de lino que tamizan la entrada del sol y aportan ligereza y contraste con la madera de los techos y muebles.
La zona de estar invita al descanso absoluto con un sofá clásico con tapizado Toile de Jouy con motivos botánicos que introduce el color verde salvia —relajante y sereno— en la escena. La mesa de centro de madera maciza aporta una nota cálida e informal. Al fondo, bajo el ventanal, el salón revela su faceta más vivida y bohemia con una consola que acoge botellas y cristalería a modo de mueble bar tradicional, custodiado por un caballete de madera de pintor y detalles artísticos que dejan ver el alma creativa y familiar que habita en la finca.
La chimenea: el corazón del hogar y su galería pictórica
La chimenea es el eje vertebral del salón, el punto de encuentro y donde la galería de arte familiar se despliega. Diseñada con una embocadura recta de líneas limpias en tonos piedra neutros, la estructura se remata con una sólida cornisa de madera de roble o nogal que funciona como repisa tradicional.
En la parte superior, cobra gran protagonismo la selección de retratos. Enmarcados con molduras simétricas, cada cuadro cuenta con su propia luz, dándoles un gran peso en la escena y resaltando los pigmentos de las pinturas para generar una atmósfera más íntima. En el suelo encontramos cestos y mesas auxiliares como apoyo, piezas dispuestas a distintas alturas que completan este cálido espacio, dando importancia a lo cotidiano.
Detalles que narran vidas: rincones con alma y pasiones
En una de las esquinas del salón, junto a la caída de los visillos blancos, se ubica una mesa velador redonda en madera de caoba con perfil moldurado. Sobre su sobre se compone un cuidado bodegón personal y sentimental. Si algo hace especial esta casa son todos esos rincones con alma que dan sentido a la palabra hogar. Además de los motivos florales y de los jarrones que dan ese extra de mimo en la decoración, las fotografías y retratos familiares ganan peso en esta especie de museo, donde la figura de Sandra Domecq, como no podría ser de otra manera, está muy presente.
"Hay cosas que aún siguen como las dejaste: tu buró, tus pinturas (que deben estar supersecas ya), tus gatos en la chimenea y la bola de discoteca que pusiste en la entrada del salón para ahuyentar las malas energías. Eras tan espiritual y tenías tanta energía… ", escribía Eugenia recordando no solo la figura de su madre, sino también ese legado que se mantiene vivo en cada rincón.
Uno de los muebles más especiales de la casa es esta vitrina esquinera de madera oscura, con puertas acristaladas de cuarterones emplomados. El interior de la alacena se ha revestido por completo con una rafia o textil estructural en tono mostaza tostado, un recurso genial de interiorismo que aporta calidez y hace resaltar cada objeto. En sus baldas se expone una fascinante colección de teteras de porcelana y loza fina: desde piezas tradicionales en azul y blanco de inspiración oriental hasta diseños artesanales con formas orgánicas de calabaza o estampados florales hechos a mano.
Un escritorio con historia y alma familiar
Este rincón tiene magia, pero sobre todo es un espacio en el que la nostalgia y el amor por una madre siguen vivos. El escritorio, de estilo buró de madera maciza con tapa abatible y una cuidada distribución interna de compartimentos y pequeños cajones. Sobre la mesa se apoya una singular silla frailera de ebanistería tallada a mano, con respaldo calado de formas curvas y asiento tapizado en un textil geométrico en verde agua y crema.
El pavimento no pasa desapercibido y llama pronto la atención. El suelo hidráulico que combina teselas blancas con cenefas de baldosas en verde esmeralda termina por dar personalidad y carácter único a este pequeño rincón, que está dispuesto a modo de exposición para recordar a su madre. La pared se convierte en una auténtica galería privada con portarretratos vintage en metal y madera, cartas y cajas de marquetería que aportan un toque íntimo y lleno de recuerdos.



















