UN ENLACE INTERNACIONAL

La boda de Alejandra y Jonne en Bali: un vestido minimalista, papelería diseñada por los novios y cocos frescos para recibir a sus invitados


Ella, barcelonesa, y él, holandés, eligieron el paraíso indonesio por ser uno de sus destinos favoritos del mundo.


Boda en Bali© Marc Llewellyn
Johanna ToscanoREDACTORA DE FASHION
29 de septiembre de 2026 a las 19:27 CEST

Las bodas tradicionales no están hechas para todos, en especial para aquellos que han construido su historia alrededor de viajes, mudanzas, experiencias y destinos por descubrir. Entre ellos, Alejandra y Jonne, quienes se conocieron en Delft, una ciudad al sur de Holanda, mientras hacían su maestría. Ella española, él holandés, ambos estudiando Diseño Industrial en la Facultad de Ingeniería. "La verdad es que fue amor a primera vista", nos confiesa la novia.

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Desde entonces, han pasado casi siete años, durante los que han vivido entre Ámsterdam y Barcelona, con varios viajes de por medio. Uno de los más especiales fue (sin duda) el que hicieron a Japón, donde recorrieron el país asiático de sur a norte, desde Okinawa hasta Niseko. Fue durante ese viaje, concretamente en Naoshima, cuando Jonne le propuso matrimonio a Alejandra. "Visitamos el Chichu Art Museum y, al salir a por las bicis, nos encontramos con una playa preciosa, con una instalación artística inspirada en el feng shui. Allí mismo Jonne me pidió matrimonio", nos detalla. 

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El anillo de la pedida también tenía una historia muy especial, ya que lo diseñaron juntos después de la propuesta. Jonne había reservado un taller en Tokio, en el atelier japonés Mitubaci, donde la pareja pasó un día entero dándole forma. "Todo con nuestras manos, a nuestro ritmo y muy ligado a nuestro estilo", asegura.

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Una boda civil en la ciudad de los canales bajo el "puente del amor"

La ceremonia civil tuvo lugar en Ámsterdam, la ciudad del novio y uno de los lugares en los que han vivido más tiempo. Fue un encuentro muy íntimo, al que solo acudieron sus familiares. Querían vivir ese momento con ellos de una forma más cercana y reservar otra celebración para sus amigos, de manera que pudieran disfrutar de ambos grupos con calma.

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Se dieron el 'sí, quiero' justo bajo el Magere Brug, conocido como el puente del amor. Cuenta la leyenda que, si una pareja se casa allí, su amor perdurará durante muchas vidas. Una celebrante ofició la ceremonia y sus hermanos ejercieron como testigos. Después, cenaron en Roest, un restaurante de aire chic situado en la zona industrial de la ciudad.

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Para la ocasión, la novia eligió un vestido blanco de Reformation, de escote halter, cuerpo ligeramente entallado y falda de caída fluida. Lo acompañó con una capa de Baymo The Label, que llevó sobre los hombros, dejándola caer por la espalda, y que más tarde acomodó a modo de fular. Para completar el look, se decantó por unos zapatos de Castañer.

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El vestido para el gran día en el paraíso indonesio

Después de visitar diferentes ateliers, la novia decidió confiar en The Muse Collective, una elección que tuvo clara prácticamente desde que entró por primera vez en la tienda. "Fue una conexión instantánea", asegura. Y no era algo habitual en ella, que se reconoce bastante indecisa. Aunque al principio no sabía exactamente cómo imaginaba su vestido, sí tenía clara una cosa: quería un diseño palabra de honor, de inspiración corsé.

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Rose, una de las fundadoras de la marca, fue quien la atendió y supo entender enseguida ese estilo minimalista, elegante y a la vez relajado que tanto la caracteriza. A partir de ahí, el vestido fue poco a poco tomando forma. Durante las pruebas terminaron de definir el resto de elementos y escogieron tejidos más desenfadados, como el lino y los tules naturales, ideales para el entorno de la boda. Junto a Eli, la modista del atelier, Rose terminó de dar vida al diseño que Alejandra tenía en mente. "Su paciencia, su mimo por cada detalle y sus manos hicieron que el vestido me quedara como un guante", comenta.

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El proceso terminó convirtiéndose en uno de los recuerdos que guarda con más cariño de los preparativos, especialmente por una de las citas a la que acudió acompañada de su madre y su hermana. Mientras Rose y Eli iban colocando telas y muestras sobre el vestido para que pudiera imaginar cómo sería el resultado final, Alejandra se vio realmente cerca del gran día por primera vez. "Me miré al espejo y me puse a llorar. Fue la primera vez que pensé... ¡Que me caso!", recuerda.

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Del velo multifunción a los zapatos con guiño español

Quiso llevar velo, pero no uno convencional. Eligió un diseño multifunción de The Muse Collective que pudo adaptar a distintos momentos del día: atado al moño durante la ceremonia, anudado al cuello como fular en el cóctel y colocado sobre los hombros cuando quería cubrirse un poco más.

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Para los zapatos, apostó por un diseño 'made in Spain' con unas sandalias blancas de Castañer, perfectas para un enlace frente al mar. En cuanto a las joyas, llevó unos pendientes y una pulsera de Rabat. También escogieron alianzas diferentes para cada uno: Jonne se decantó por un aro clásico de oro y Alejandra por dos aros entrelazados, uno de ellos engastado con brillantes.

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Lejos de las versiones más modernas y coloridas, la novia apostó por un ramo completamente blanco, compuesto por calas y rematado con una cinta del mismo tono, creado por Florette Bali. Una propuesta discreta y delicada que encajaba a la perfección con la elegancia de su vestido. Además, prepararon miniramos a juego para sus mejores amigas, un bonito gesto con el que también quisieron hacerlas partícipes del día.

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Una propuesta de belleza relajada y natural

Para su look de belleza, llevó un moño bajo, realizado por Yeanne Team, un equipo que trabaja entre Melbourne y Bali, sobre el que sujetó el velo durante la ceremonia. El maquillaje, en cambio, prefirió hacerlo ella misma. Como apenas suele maquillarse, quería sentirse cómoda y reconocerse al espejo, sin alejarse de su imagen habitual.

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Todos los detalles de fin de semana de sus sueños

Dos semanas después de casarse por lo civil en Ámsterdam, la pareja puso rumbo a Bali para celebrar el gran fin de semana de su boda. El lugar elegido fue Uluwatu Surf Villas, un hotel diseñado por el arquitecto Alexis Dornier y situado en la península sur de la isla, sobre los acantilados, con vistas al océano Índico y frente a una de las olas más míticas de la zona. Lo reservaron durante tres días y toda la zona del acantilado quedó destinada a sus familiares y amigos, permitiéndoles disfrutar del lugar con total intimidad.

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Recibieron a sus invitados con cocos frescos antes de comenzar la ceremonia, que terminó convirtiéndose en su parte favorita del día, especialmente por el entorno y por las palabras que les dedicaron sus seres queridos. "Fueron espectaculares", recuerda Alejandra. Después llegó un aperitivo al atardecer con música en directo, seguido de una cena en la que la gastronomía local tuvo también un papel protagonista, con especialidades como pepes ikan, beef rendang o gado-gado, además de fruta de postre. Ya pasada la medianoche, un carrito de satay y nasi goreng fue todo un éxito.

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La decoración también estuvo inspirada en el entorno. Las marigolds fueron las grandes protagonistas, llenando de tonos naranjas tanto la ceremonia como la cena. Sobre las mesas, las combinaron con servilletas personalizadas de Macalda y tazas de cerámica hechas a mano en un estudio de Java.

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Además, como ambos son diseñadores, quisieron implicarse personalmente en buena parte de la papelería y prepararon desde Barcelona los menús, las invitaciones y los sobres. Para las ilustraciones contaron con Marina Leroux, amiga de la pareja, mientras que Sellos, una empresa familiar valenciana, se encargó de parte de la papelería artesanal.

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El plan se extendió desde la preboda hasta una barbacoa al día siguiente del enlace, una fórmula que les permitió pasar tiempo de calidad con todos los que habían viajado hasta allí. "Somos una pareja internacional y, por desgracia, tenemos a nuestros amigos repartidos por el mundo y no es fácil vernos siempre", comenta Alejandra.

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Poder reunirlos durante varios días en un mismo lugar y celebrar junto a ellos terminó siendo, precisamente, una de las partes más especiales de todo el fin de semana.