La última entrega de Roberto Cavalli parece como si se acabase de abrir una puerta a otra época. Fausto Puglisi dejó claro que esta temporada no había venido a contenerse. Al contrario: había venido a recordar que, en el universo Cavalli, más siempre puede ser más. La colección Primavera/Verano 2027, presentada el pasado 24 de septiembre durante la Milan Fashion Week, se construye alrededor de aquello que durante décadas ha definido a la casa italiana: las estampaciones exuberantes, el animal print, la sensualidad y una cierta actitud de diva imposible de ignorar.
Bajo el nombre de House of Prints, el diseñador se sumerge en el archivo de la casa para rescatar algunos de sus códigos más reconocibles, actualizarlos y darles la relevancia que tuvieron en su día.
El resultado es una pasarela que parece moverse entre una California setentera, el glamour de Saint-Tropez y la estética despreocupada de principios de los años 2000. El propio Puglisi ha señalado referencias tan diversas como Courtney Love o Beverly Hills 90210. Una mezcla tan caótica como glamurosa que encaja a la perfección con el espíritu de la casa.
Las minifaldas, shorts, pantalones capri, tops halter y pantalones de tiro bajo conviven con prendas transparentes y detalles de lencería. El denim, uno de los materiales más reconocibles de la casa, aparece completamente transformado mediante cristales, plumas y diferentes materiales. En algunos estilismos, la ropa interior vuelve a asomarse por encima de la cintura del pantalón, recuperando uno de los gestos más asociados a la estética Y2K.
Es una colección vibrante en la que incluso los colores parecen competir por hacerse notar. El verde esmeralda y el violeta aparecen entre una sucesión de estampados, al igual que el fucsia, mientras los cristales aportan destellos a los estilismos. Las transparencias se encargan de reforzar todavía más esa sensualidad que siempre ha acompañado a la firma italiana.
En una temporada en la que la moda ha pasado tanto tiempo hablando de sencillez, Cavalli vuelve a recordar que también existe el placer de exagerar. Y, en Milán, el exceso siempre tiene algo que decir.
















































