A lo largo de sus tres décadas de carrera, hemos visto a Melani Olivares en todos los registros. Ha rodado películas con directores como Joaquín Oristrell o Rodrigo Sorogoyen, pero es en series como Bajo sospecha, La embajada y, por supuesto, Aída con las que la actriz más ha brillado. Aunque es en la vida real donde ha alcanzado su mayor éxito: tener tres hijos y sacarlos adelante como madre soltera. Ahora, Melani nos presenta a la mayor, Martina, que tiene 20 años. "Os vais a enamorar de ella", nos avisa su madre, que nos habla de su familia, del amor y de trabajo, incluido su proyecto LaLanaderAct.
¿Cómo es Martina?
Es pura dulzura, aunque tiene un genio que tela marinera (ríe). Es inteligente, rápida… No se le escapa una. Cariñosa, buena… ¡Y guapa, a rabiar! ¡Qué voy a decir, si soy su madre! (Ríe).
¿Qué está estudiando? ¿Quiere ser actriz?
No le gusta nada. Estudia Gestión y Comunicación de Moda. Quiere ser influencer. No tengo nada que ver con ese mundo, pero me encanta ver cómo chicos tan jóvenes muestran tanta iniciativa y pasión para enfrentarse a la vida.
Si le gusta la moda, ¿qué dice de tu estilo?
A veces le gusta, otras me dice que me cambie o que no salga así a la calle —ríe.
¿Y le haces caso a Martina?
A veces sí y a veces no —ríe—. Tiene muy buen ojo, pero yo soy yo. No puedo ser "cayetana", como ella quisiera —ríe—; yo soy más free style.
¿Crees que has tenido suerte en el amor?
Muchísima. Todas las parejas, hasta cierto momento, han sido un maravilloso logro. Pero he salido corriendo muy pronto —ríe.
En 2021, dijiste que eras bisexual y tenías una relación poliamorosa…
No, nunca he dicho que sea bisexual ni poliamorosa; no me gusta etiquetarme. La persona es lo que me atrae y no identifico de qué sexo es para que me atraiga. Ahora no tengo pareja. ¿La quiero? Tampoco —ríe—. Ni querría una pareja tradicional de novios que viven juntos. Ahora, en mi casa, no meto ni al Tato.
En la serie Aída interpretabas a una mujer imponente. ¿Crees que has impuesto a las personas precisamente por ese personaje?
No. Lo que no me gusta es que me idolatren a la hora de ligar. Ahí pierdo el interés y la otra persona pierde todo el sex appeal para mí.
¿Eso ocurre con las actrices?
Sí. Y ya te entran desde un sitio en el que no me comunico. Sobre todo, porque me gusta…
¿Ser normal?
Yo no soy normal. ¡Ni quiero serlo! —Ríe.—De igual a igual quiero decir. Me aburre la normalidad. Lo que quiero es un trato de igual a igual.
¿Hace cuánto que no tienes pareja?
¿Pareja tradicional? Puedo tener pareja, pero no estar todo el rato pegada a esa persona. De irnos juntos de fin de semana y poquito más.
Hablemos un poco de trabajo y proyectos.
Tengo una peli maravillosa para enero. También he rodado en Buitres, con Mediaset Cinema, que se estrena en abril. Es una comedia de cine negro maravillosa con Clara Lago, Quim Gutiérrez, Raúl Prieto, Fernando Albizu, Jordi Aguilar, Sergio Caballero… Pedazo de actorazos.
En enero, estrenaste Aída y vuelta. ¿Cómo fue reencontrarte con el equipo de la serie?
Todos forman parte de mi familia. Es que estuvimos diez años juntos y doce horas al día... Además, la película se rodó en el mismo plató. Estábamos muy revueltos todos.
Tan solo faltó Ana Polvorosa.
No juzgo a nadie. No quiso hacerlo y no tiene que dar explicaciones. La quiero un montón y la admiro muchísimo, porque es una grandísima actriz.
¿Habrá más secuelas de Aída?
Ni idea. Pero me gustaría hacer algún capítulo de sitcom pura y dura. Disfrutamos muchísimo la peli, pero nos quedamos con ganas.
También estás con LaLanzaderAct.
Es una hoja de ruta para introducir a actores en la industria. Cuando acabas de formarte, no sabes dónde hay pruebas ni a dónde ir. LaLanzaderAct es un acompañamiento, un punto de apoyo con directores de casting, representantes, productores, directores, guionistas y expertos. Luego, la plataforma SeQura ayuda a financiar a los alumnos.
¿Cuándo empezaste el proyecto?
Empecé a montar la estructura real en 2024. Estuve un año y medio para estructurar bien la formación con los profesionales.
¿Cuándo te diste cuenta de que era necesario?
Cuando ya habían pasado 600 personas en un año. Había una necesidad de acompañamiento. Cuando acaban los alumnos, seguimos acompañándolos con dos videorreuniones al mes. Si no tienen representante, pueden entrar en la base de datos de los castings con el videobook que les ayudamos a construir y les facilitamos contactos.
¿Las claves para que un actor viva de esto?
Si supiéramos… Pero uno solo tiene que responsabilizarse al cien por cien de lo que puede controlar. Puedes bordar una prueba, salir convencido de que el papel es tuyo y que no te lo den. La decepción es brutal, pero no todo depende de ti: puedes haber hecho un texto impecable, con el atrezo adecuado, puntual y adaptándote a las correcciones del director, pero si no encajas en el puzle… Eso no significa falta de talento.
Imagino que lo sabes tras muchos portazos.
Hace año y medio encadené nueve "noes".
Eso tiene que pasar factura a la autoestima.
No. Que te llamen y llegues a estar entre los dos finalistas ya es una victoria. Te llevas el disgusto, pero hay que levantarse rápido y espabilar.
¿Alguno de tus hijos tiene madera de actor?
A Martina no le gusta nada. Manuela tiene mucho talento como actriz y participó en una serie, Express, pero tampoco quiere dedicarse a ello: prefiere el fútbol, la medicina y la biología. Y al pequeño, Lucho, le pregunté ayer si quería ser actor y me soltó: "¿Estaría contigo?". Ya veremos.
Pero todos tienen formación artística.
Sí. Martina me decía: "Mamá, me apuntabas a todo". Hizo claqué, piano, natación sincronizada… —Ríe—. Quería que encontraran algo que les picara el gusanillo.
¿Te tranquiliza que no vayan a ser actores?
Me parece la profesión más maravillosa del mundo. Ojalá los tres hubieran querido serlo. Al menos ahí podría echarles un cable; si deciden ser médicos, poco voy a poder hacer. Pero todas las profesiones tienen sus dificultades.
¿Cómo te ves en este momento de tu vida?
Muy feliz. Tengo unas hijas y un hijo maravillosos. Y con ganas de disfrutar.
En verano, hablaste de mensajes muy desafortunados que recibiste en redes sobre la edad.
Tengo 53 años y me veo estupenda. Hay gente que ponía: "¿Qué le ha pasado?". Pues me ha pasado la vida, la he disfrutado, y la disfrutaré, un montón. ¿Qué pasa por esas cabezas? ¿Creen que tenemos que estar como hace 20 años porque ellos ven las series?
Lo fuerte es que tuvieras que dar tanta explicación.
Me da igual lo que digan, pero tengo gente que me quiere y les duele. Perdí diez kilos… Tuve una anemia brutal, brutal… Hasta me llevó mi hija Martina al hospital. Estaba muy malita y no paraba de currar.
¿Te tuvo que decir Martina: "Mamá, frena un poco"?
Sí. "Cuídate, cama y come". Ahora estoy estupenda, aunque no he cogido peso… Es un orgullo tener una hija así. Luego, me tienen que mirar la nariz, porque mi hijo me dio un balonazo en verano y me rompió el tabique. Como estaba en Puerto Rico, ni fui al médico. Es la segunda vez que me la rompe mi hijo. La primera fue tras operármela.
¿Te operaste la nariz?
Sí, la punta. Como las orejas, la nariz no para de crecer y tenía la misma de la familia Olivares, que todos tienen patatones. Justo después de la operación, me dio un cabezazo. Cuatro años después, el balonzazo. No me puedo operar aún, porque ruedo dentro de nada. Vamos a ver si mejora la cosa con ácido hialurónico.
¿Cómo te ves en diez años?
¿Rodeada de nietos? ¿Te imaginas? Echa una carcajada—. Supertradicional, haciendo mermeladas.
Serás una abuela enrollada.
Vamos, ¡ya te digo yo! Me veo disfrutando de la vida con mi familia, mi gente. Con mi casa llena de amor y de gente a la que quiero y me quiere. No le pido más a la vida.









