"Cuando dejamos que el miedo tome todas las decisiones, la vida se va haciendo cada vez más pequeña", dice María José Ortolà Sastre, psicóloga clínica integradora, fundadora de Libélula Psicología y experta en ansiedad, cuando le preguntamos qué significa la frase "La vida se encoge o se expande en proporción a nuestro valor", de la escritora franco estadounidense de novelas y relatos Anaïs Nin. "Nuestro cerebro no está diseñado para buscar la felicidad, sino la supervivencia. Y todo aquello que es conocido, aunque no nos haga bien, el cerebro lo interpreta como menos peligroso que lo desconocido", explica la experta.
¿Quién fue Anaïs Nin?
Anaïs Nin (1903-1977) fue una escritora franco-estadounidense, conocida sobre todo por sus diarios personales, considerados una de las obras autobiográficas más extensas e influyentes del siglo XX. Nació en Francia, pasó parte de su infancia en Europa y posteriormente se estableció en Estados Unidos. Además de novelas y relatos, destacó por una escritura profundamente introspectiva, centrada en la psicología, el deseo y las relaciones humanas. Su obra estuvo vinculada a los círculos literarios de vanguardia de su época y mantuvo una estrecha relación con el escritor Henry Miller.
Desafió las normas morales y sociales de su tiempo. Por eso, aunque su talento literario es ampliamente reconocido, su legado continúa generando debate entre quienes consideran que su vida y su obra contribuyeron a normalizar una visión más individualista y transgresora de los vínculos afectivos.
Qué significa su frase según la psicología
Cuando le preguntamos sobre el significado de las palabras "la vida se encoge o se expande en proporción a nuestro valor", María José asegura que refleja un problema que constantemente ve en consulta: personas que permanecen años en relaciones que les hacen daño, en trabajos que les apagan o evitando situaciones por miedo a sentirse mal. "No es falta de ganas, aquí más bien vemos un sistema nervioso que está intentando protegerlos", dice la psicóloga.
"Solemos perder libertad, aunque a corto plazo ganamos tranquilidad", explica. "Desde mi punto de vista como psicóloga, veo que muchas veces perdemos experiencias, oportunidades, relaciones, aprendizajes e incluso partes de nuestra identidad. Muchas personas creen que evitar les protege, pero en realidad la evitación acaba reforzando el miedo. Cada vez necesitamos más seguridad para sentirnos bien y, sin darnos cuenta, terminamos viviendo una vida organizada alrededor de lo que tememos, en lugar de alrededor de lo que realmente queremos".
¿Cómo podemos aplicar este consejo en nuestra vida?
"La valentía no es un rasgo con el que se nace; es una habilidad que se entrena", alienta nuestra experta. "De hecho, ser valiente no significa no tener miedo, sino aprender a avanzar incluso cuando el miedo está presente", agrega. Pero lanza una advertencia interesante: "Cada vez que damos un pequeño paso hacia aquello que evitamos, el cerebro aprende algo muy importante: "Puedo sentir miedo y, aun así, estar a salvo". Esa es la base de muchos tratamientos psicológicos basados en la evidencia".
Le hemos preguntado a la especialista si la autoestima influye a la hora de "atreverse a cambiar para que la vida no se encoja" y aunque dice que sí hay relación matiza: "no porque las personas con buena autoestima no tengan miedo, sino porque confían más en su capacidad para afrontar lo que ocurra". Según María José, "la verdadera autoestima trata de desarrollar una relación interna desde la que uno piensa: "Aunque me equivoque, sabré sostenerme". Cuando esa confianza existe, el error deja de vivirse como una amenaza y empieza a verse como parte del aprendizaje. Ya que confiar es algo que muchas veces nos cuesta y deberíamos trabajar un poquito más".
La valentía empieza con decisiones cotidianas que nos acercan, poco a poco, a quienes realmente queremos ser.
Otros consejos de la psicóloga para crecer hacia lo que aspiras
Para María José, lo mejor es dejar de esperar a que desaparezca el miedo. "Muchas personas creen que primero tienen que sentirse preparadas para actuar, cuando normalmente ocurre al revés: actuamos y después aparece la confianza. No hace falta dar un salto enorme; realmente basta con dar un paso pequeño, pero en la dirección de la vida que queremos construir. La valentía empieza con decisiones cotidianas que nos acercan, poco a poco, a quienes realmente queremos ser; la paciencia siempre es un buen antídoto, ya que vivimos en la sociedad del "lo quiero de hoy para ayer". Porque, al final, el valor no elimina el miedo; evita que sea el miedo quien dirija nuestra vida".








