Hace más de dos mil años, Sócrates formuló una de las ideas que más han influido en la filosofía occidental: "Conócete a ti mismo". Lejos de ser una invitación a la introspección sin más, esta máxima encierra una reflexión que hoy encuentra un sólido respaldo en la psicología. Comprender cómo pensamos, qué sentimos, por qué reaccionamos de determinada manera y cuáles son nuestros límites constituye uno de los pilares del bienestar emocional.comprender nuestras emociones Es decir, conocernos.
Te recomendamosSeguir leyendo
Pero ¿es realmente posible llegar a conocernos? ¿Qué obstáculos dificultan ese proceso? Y, sobre todo, ¿por qué Sócrates afirmaba que el autoconocimiento constituye el primer paso hacia la sabiduría?
La respuesta es sí, aunque probablemente no en el sentido que solemos imaginar. No existe un momento en el que podamos afirmar que ya nos conocemos por completo, porque las personas evolucionamos constantemente.
Así lo explica Sonia Díaz Rois, mentora y coach, quien considera que el autoconocimiento debe entenderse como un proceso y no como una meta. "No creo que llegue un día en el que podamos decir: 'Ya está, me conozco por completo'. Al final las personas cambiamos. No eres la misma persona con 20 años, con 40 o después de haber vivido una experiencia que te cambia por dentro".
Las circunstancias cambian, también lo hacen nuestras prioridades y la forma en la que interpretamos la realidad. Por ello, conocerse implica mantenerse abierto a revisar quiénes somos en cada etapa de la vida, en lugar de aferrarse a una identidad fija.
Desde el punto de vista psicológico, el autoconocimiento consiste en desarrollar la capacidad de observar nuestros pensamientos, emociones y comportamientos con cierta distancia. No se trata únicamente de identificar nuestras fortalezas o debilidades, sino también de comprender qué situaciones nos desequilibran, qué personas o entornos nos hacen sentir seguros y qué necesidades solemos ignorar.
Como señala Díaz Rois, "para mí lo más importante es saber qué es lo que nos pone de los nervios, qué es lo que nos desequilibra, qué nos da paz, qué nos da calma y reconocer cuál es nuestra propia interpretación de la realidad. Pero también darnos cuenta de qué es lo que no estamos viendo, de aquello que no estamos incluyendo en nuestra traducción de la realidad".
Para la psicología, el autoconocimiento no se trata únicamente de identificar nuestras fortalezas o debilidades, sino también de comprender qué situaciones nos desequilibran, qué personas o entornos nos hacen sentir seguros y qué necesidades solemos ignorar
¿Qué nos impide conocernos mejor?
Si conocerse resulta tan beneficioso, ¿por qué tantas personas encuentran dificultades para hacerlo? Una de las razones, según explica la experta, es que vivimos excesivamente pendientes del exterior. "Prestamos demasiada atención a lo que ocurre fuera, estamos más pendientes de lo que hacen los demás y de cómo reaccionamos ante ellos que de observarnos a nosotros mismos".
Efectivamente, la sociedad actual favorece la atención constante hacia el entorno. Las obligaciones, las redes sociales, la productividad o la comparación permanente dejan poco espacio para detenernos y preguntarnos cómo estamos realmente.
Además, con frecuencia perdemos una actitud fundamental para seguir creciendo: la curiosidad. "Caemos en la trampa de pensar que ya lo sabemos todo", indica la experta. Paradójicamente, añade, "la persona con la que más tiempo convivimos suele ser a la que menos atención prestamos: nosotros mismos".
Sin embargo, existe otro obstáculo todavía más complicado: confundir quiénes somos con aquello que pensamos.
Confundimos quiénes somos con nuestros pensamientos, y no somos nuestro pensamiento. Muchas veces lo que pasa por nuestra cabeza habla de patrones que hemos aprendido o de creencias que hemos ido incorporando como propias
Sonia Díaz, coach
No somos todo lo que pensamos
Uno de los conceptos más interesantes de la psicología actual es que no todos nuestros pensamientos reflejan necesariamente quiénes somos. Muchas veces son el resultado de aprendizajes, experiencias o creencias adquiridas durante la infancia y la adolescencia.
"Confundimos quiénes somos con nuestros pensamientos, y no somos nuestro pensamiento", explica Sonia Díaz Rois. "Muchas veces lo que pasa por nuestra cabeza habla de patrones que hemos aprendido o de creencias que hemos ido incorporando como propias."
La experta invita incluso a hacerse una pregunta: ¿esa voz que escuchas es realmente la tuya?
Porque, en ocasiones, esa voz interior reproduce mensajes recibidos durante años de figuras importantes como un padre, una madre o un profesor. Son normas, exigencias o expectativas que terminamos integrando sin cuestionarlas.
"No nos damos ni cuenta. Por eso es tan útil preguntarnos quién eres tú realmente ahora, si estás de acuerdo con esa voz o si llevas años obedeciendo normas que no has elegido y que quizá ya no encajan con la persona que eres hoy", reflexiona.
Desde la psicología, este proceso recibe el nombre de toma de conciencia. Solo cuando identificamos esos patrones automáticos podemos decidir si queremos seguir actuando desde ellos o construir respuestas más acordes con nuestros valores actuales.
¿Por qué conocernos es el principio de la sabiduría?
Para Sócrates, la sabiduría comenzaba cuando una persona era capaz de reconocer sus propios límites. La psicología añade que conocernos nos permite dejar de reaccionar en piloto automático.
"Tomar conciencia sobre uno mismo, ese 'me doy cuenta de cómo estoy siendo, cómo estoy pensando y cómo estoy actuando', es algo tremendamente valioso", afirma Díaz Rois.
La experta considera que ese proceso constituye, en gran medida, uno de los propósitos del desarrollo personal. "Cuando sabes cómo funcionas y desde qué 'disco duro' estás reaccionando, dejas de operar en automático. Sales de ese patrón inconsciente que te lleva a pensar, sentir y actuar de una manera que posiblemente ni siquiera estás eligiendo."
Esa es la relación entre el autoconocimiento y sabiduría. Porque mientras actuamos únicamente desde hábitos, creencias heredadas o reacciones impulsivas, nuestra capacidad de elección es limitada. Creemos decidir libremente cuando, en realidad, respondemos a programaciones que nunca hemos revisado.
"Eso no es libertad", resume la experta. "De alguna manera eres esclavo de algo que no estás decidiendo de forma consciente."
Como explica Sonia Díaz Rois, cuando desarrollamos una mayor conciencia de nosotros mismos "empiezas a diferenciar un hecho de la historia que te estás contando sobre ese hecho, de todo lo que incorporas desde tu propia realidad, tu fantasía o tus creencias".
Ese cambio de perspectiva permite reconocer antes los sesgos, cuestionar interpretaciones automáticas y responder con mayor flexibilidad ante los problemas cotidianos. Asimismo, facilita identificar tanto nuestras fortalezas como aquellos aspectos que todavía queremos transformar.
La sabiduría de la que hablaba Sócrates no nace cuando creemos tener todas las respuestas, sino cuando somos capaces de observarnos con honestidad y preguntarnos, una y otra vez, quiénes somos realmente
La sabiduría empieza por mirarnos hacia dentro
Más de dos mil años después, la frase de Sócrates continúa siendo extraordinariamente actual. No porque prometa una versión perfecta de nosotros mismos, sino porque recuerda que el mayor conocimiento no consiste en acumular información, sino en comprender cómo funcionamos.
Conocerse no significa dejar de cambiar ni alcanzar una estabilidad permanente. Significa prestar atención a nuestra vida interior con la misma curiosidad con la que observamos el mundo que nos rodea. Supone cuestionar las voces heredadas, reconocer nuestros patrones, comprender nuestras emociones y actuar cada vez con mayor libertad.
En definitiva, la sabiduría de la que hablaba Sócrates no nace cuando creemos tener todas las respuestas, sino cuando somos capaces de observarnos con honestidad y preguntarnos, una y otra vez, quiénes somos realmente y desde dónde estamos viviendo nuestra propia vida.