El día de su quinto aniversario, Diego recreó su primera cita. Después de la cena, con la excusa de tomar una copa, pasaron por delante de la iglesia en la que se terminarían casando y, en la puerta, él le pidió matrimonio. Era la misma forma en la que el padre de Celia le había pedido a su madre que se convirtiera en su mujer. Aquella puerta era la de la Iglesia de la Inmaculada y San Pedro Claver, en Madrid, el templo de la Universidad Pontificia de Comillas en la que se casaron en septiembre.
Su historia de amor
Pero empecemos por el principio. Celia y Diego se habían conocido gracias a sus hermanos. "Mi hermano fue a unas copas que organizó la hermana de Diego en su casa, y me invitó a acompañarle. Diego tenía otra fiesta ese mismo día, pero cuando estaba a punto de salir, me vio y decidió quedarse para conocerme". Tres meses después de aquello se reencontraron y tuvieron su primera cita. Bueno, en realidad, su primera última cita, porque desde ese día tuvieron claro que estaban predestinados. Dos semanas más tarde llegó la pandemia y con ella el confinamiento, y larguísimas llamadas de teléfono a través de las que se fueron conociendo. Y así, poco a poco, avanzaron hasta el momento de la pedida y los preparativos de la boda.
Un vestido de novia diseñado por ella misma
Celia y su madre, Mónica, son las dos mitades de la firma de invitadas Nice Hand; por eso, cuando llegó el momento de plantear su vestido de novia, decidieron diseñarlo ellas mismas. La novia tuvo claro desde el primer momento que solo iba a llevar un vestido (no quería perderse ni un segundo de aquel día por tener que cambiarse), así que debía ser una prenda que la enamorara.
"Me hacía ilusión que fuera de un tejido especial, y encontramos una organza de seda bordada que fue un flechazo", nos cuenta Celia. Como el tejido era tan rico, dieron forma a una prenda de silueta sencilla, con manga tres cuartos, escote de barco y cola desmontable. "Tenía unos cortes asimétricos (guiño a nuestra esencia Nice Hand), que le daban justo el movimiento que queríamos en la parte de abajo del vestido. La idea era que fuese atemporal, que me siguiera gustando toda la vida, sin importar las tendencias del momento", asegura.
Los complementos jugaron un papel importante en su look. Aunque en los últimos años muchas novias han apostado por zapatos de color, el beis y los blancos se han impuesto en las elecciones de las más elegantes. Celia eligió unos stilettos de Martinelli de este tono. Sus pendientes y pulseras eran joyas familiares que combinó con su anillo de compromiso y una pieza muy especial: un choker de la joyería Delcerro. Tampoco quiso renunciar a combinar su velo, sencillo y de tul de seda, con una flor con la que decoró su moño.
En cuanto al ramo, bastante grande y en cascada, estaba inspirado en el que llevó su madre. Era de Naranjas de la China y estaba compuesto por rosas de jardín blancas, orquídeas blancas, lisianthus blanco y hojas verdes.
Invitadas vestidas de su firma y un sinfín de anécdotas
Cada vez es más habitual que los novios cuenten con la ayuda de una wedding planner en algún momento de la boda. Celia y Diego se encargaron de organizar todos los detalles, pero para que aquel día todo saliera como esperaban y pudieran disfrutar y no tener que estar pendientes, contaron con la ayuda de Bego, de Mano de Santa.
La decoración, en tonos verdes y blancos, con profusión de hortensias y rosas de jardín, fue obra de Naranjas de la China, los mismos proveedores que hicieron su ramo.
Aquel día, nos relata Celia, estuvo lleno de anécdotas, empezando por las alianzas, que fueron un regalo de su hermano. "Se las encargó al tío de Diego, el escultor José G. Onieva, quien utilizó un anillo de la madre de Diego para parte de la fundición, por lo que son realmente especiales".
O las invitadas que, como no podía ser de otro modo, eligieron la firma de la que la novia es co-fundadora para acudir a su enlace. "Más de veinte invitadas iban vestidas de la marca. Ese día, inauguramos oficialmente nuestra línea a medida con algunos de los modelos; otros han formado parte de las últimas colecciones. Estas han sido las colecciones más especiales que hemos hecho hasta ahora porque están inspiradas en las mujeres que más admiro en mi vida: mi madre, mi suegra, mis cuñadas y mis amigas, cuyos vestidos llevan sus nombres", nos cuenta Celia.
También hubo muchas relacionadas con la música. A los postres, el padre de Diego les dedicó Noche de bodas, de Sabina, y su cuñada, El toro enamorado de la luna. Después del vals que bailaron con sus respectivos padres, "empezamos a marcar el propio ritmo de nuestra nueva familia bailando el tango Por Una Cabeza, que cantó y tocó a la guitarra el padre de Diego". Por último, la madre de la novia los sorprendió con un flash mob que organizó con todos los invitados: los subieron a la tarima y bailaron Dacing Queen, de ABBA.
Por último, la novia nos deja un consejo para otras prometidas que, como ella en su momento, están preparándose para su gran día. "En cuanto a la organización de la boda, que no olviden que lo realmente importante es lo que pasa en la ceremonia, que hagan lo que les haga realmente ilusión a ellas y que la disfruten; luego pasa todo tan rápido... Para encontrar su vestido soñado, les diría que no se sientan disfrazadas, que piensen con qué cortes y tejidos se sienten realmente ellas y que, si se lo hacen a medida, busquen a un diseñador con el que tengan buen feeling. Después, solo tienen que confiar en el proceso".
























