Dice el refrán popular que de una boda sale otra boda y es lo que ocurrió precisamente con los protagonistas de esta historia, Claudia y Marc, aunque probablemente en el momento que se conocieron, no imaginaron que terminarían pasando por el altar años después. "Nos presentaron unos amigos en común en un enlace", explica esta novia, que el pasado octubre celebró la suya. Lo hizo teniendo claro que quería un diseño poco convencional para su gran día y decidió confiar en el diseñador cántabro José María García, director creativo de Ze García.
"Llevo años siguiendo su trabajo y todas las chicas que se habían hecho vestidos con él me hablaban maravillas", asegura Claudia. Y es que, al contrario de lo que ocurre con aquellas prometidas que nunca han imaginado antes de pasar por el atelier su look nupcial —algo bastante común— , ella sí tenía muy claro lo que estaba buscando: "Quería algo que se saliese de lo habitual y me inspiré en diseños vintage".
Lo suyo con el diseñador parecía cosa del destino, algo que quedó demostrado con una curiosa anécdota: "En una de nuestras primeras citas cenamos en un restaurante donde, encima de nuestra mesa, había un cuadro precioso que nos llamó mucho la atención, pero nunca supimos quién era el autor. Fue durante el proceso del vestido, y de forma totalmente casual, que dimos con un cuadro similar de la misma colección, y resultó que el pintor era el propio Ze García. Nos hace mucha ilusión tener una obra suya en nuestra casa", nos cuenta.
Un vestido de novia art déco
Ni falda con volumen, ni cuerpo tipo corsé, ni tampoco el popular corte en forma de A: nuestra novia renunció a estas microtendencias tan comunes en el universo nupcial para decantarse por un diseño fluido de escote asimétrico. "Fusionamos el estilo vintage asociado a los años 20 con la estética art déco", apunta, refiriéndose a aquella epoca de liberación y opulencia que influyó tanto en la moda.
Su diseño contaba con una silueta de sirena, pero sin duda lo que aportaba un toque de lo más especial era el mantón de Manila con bordados y flecos que cubría la pieza, bohemio y romántico.
Claudia no quiso llevar velo, pues sentía que no encajaba del todo ni con su estilismo ni con el peinado que escogió —"nunca llevo recogidos y quería seguir fiel a mi cabello suelto, por lo que decidí mantener también mis ondas naturales—, aclara. En lugar de este tradicional accesorio, escogió un casquete de seda: "Le comenté a Ze García la posibilidad de llevarlo durante la ceremonia y el aperitivo, para darle un aire más formal al look, ya que no quería llevar recogido", aclara.
Su look beauty corrió a cargo de Francis Molina: "Quería algo muy natural y sutil. Fue una suerte poder contar con él porque me entendió a la perfección, y además, también se encargó de peinar y maquillar a mi madre".
Para los zapatos, se decantó por una sandalias en piel de napa, con tiras elásticas y tacón grueso para una mayor comodidad, un modelo de Jimmy Choo minimalista y elegante. Y aunque esta recién casada admite estar encantada con su vestido de novia, sí decidió finalmente cambiarlo por otro diferente para la fiesta: "Llevé un segundo vestido corto, de la marca De La Vali, que combiné con unas botas altas de tacón vintage, de Gucci".
No hubo notas de color en su conjunto, donde predominó la monocromía del blanco, también en su ramo de novia: "Quería algo bonito, elegante y atemporal, pero a la vez que fuera discreto. David, de Maitemach, dio en el clavo al elegir el ciclamen rizado".
Una boda en una finca solariega de la burguesía catalana
Fue el 25 de octubre de 2025 cuando la pareja se dio el 'sí, quiero' en una boda otoñal que estuvo acompañada por el sol. Tanto la ceremonia religiosa como la posterior celebración tuvo lugar en la Finca Bell Recó, en Argentona, un lujoso enclave con arquitectura señorial inaugurado en 1952, con un frondoso paraje natural alrededor.
"Tuvimos la suerte de que finalmente no llovió y pudimos hacer el aperitivo en el exterior, donde los bufés del catering de Le Chef quedaron muy bonitos. Y después de una comida espectacular, llegó la fiesta, empezando con el grupo de música La Repera para terminar después de la mejor manera, de la mano del DJ Bernat Safont".
Contaron con el equipo de Escrivá Events para organizarlo todo, incluida la decoración: "Queríamos que fuese elegante y romántica, que mezclara una paleta de colores neutros, principalmente tonos blancos y beige, como las telas o la mantelería, que contrastaran con los toques burdeos oscuro de los centros de mesa", detalla.
Nuestra protagonista asegura que lo más especial de aquel día fue recibir todo el amor de parte de sus familiares y amigos. "También disfrutamos de unos discursos que nos hicieron reír, llorar… y que siempre recordaremos con mucho cariño".


















