Hay muchos tipos de novias, cada vez más. Están las clásicas y las atrevidas; las bohemias y las amantes de lo vintage; las que se casan en la playa y las que prefieren un castillo... Las opciones son casi infinitas; por eso restringir a las tendencias los vestidos que todas estas mujeres eligen para sus bodas sería hacer una radiografía incompleta del mundo nupcial. Hemos pedido a siete diseñadores con estilos muy diferentes entre sí que nos digan cómo vestirían ellos a la novia de 2026. En esos retratos hay color, siluetas estructuradas, vuelta a lo auténtico, pero, sobre todo, mucha personalidad.
© @wearenotfromheree
© @wearenotfromhereeLuis Berrendero
En un momento dominado por lo inmediato, muchas novias están regresando al origen: a los tejidos naturales, a la materia viva y a la emoción y esencia de lo hecho a mano. Buscan piezas que transmitan calidez, verdad y presencia, donde la textura tenga alma y no solo apariencia. Los tejidos con nudos, irregularidades y relieves, como este maravilloso tweed artesanal francés, hablan de tiempo, de proceso y de artesanía, y conectan con una sensibilidad más íntima y consciente. Lejos de la uniformidad industrial, estas imperfecciones se convierten en belleza, porque revelan la huella humana y envuelven a la novia en una narrativa auténtica, cálida y atemporal. El tocado de la modelo es de Balel.
© Mariano Moreno
© Mariano MorenoMariano Moreno
Groundbreaking es una colección nupcial de alta costura que reinterpreta la botánica desde una mirada radicalmente contemporánea. Lejos de la flor como elemento decorativo o cliché estacional, la colección se inspira en la naturaleza como estructura viva, en constante transformación, fuerza y movimiento. Tomando como referencia la icónica reflexión de The Devil Wears Prada: "Florals? for spring? Groundbreaking!", la colección cuestiona lo previsible y propone una nueva narrativa para la moda nupcial: flores que no adornan, sino que construyen. Cada vestido se concibe como una escultura orgánica en movimiento, donde volumen, textura y técnica dialogan para crear formas inesperadas y profundamente poéticas. El modelo que he seleccionado se llama POPPY, representa mi nueva colección a la perfección y añade un toque de color al espectacular diseño, además de lo especial que es el tejido técnicamente (se trata de una base de tul estampada con una capa de gasa doble recortada en cuadraditos y semicosidos sobre el tul base que da un efecto tridimensional y una textura únicos). Es para una novia con mucho carácter, poco convencional, a la que le gusta marcar la diferencia
© María Baraza
© María BarazaMaría Baraza
El vestido Cala es un look muy versátil, tanto para novias de primavera como de otoño. Cuando lo creé, quería hacer una especie de abrigo corto que no fuera abrigo, que se notara ligero y no fuera pesado, con una tela con un poquito de textura. Por eso está hecho en bambula y tiene cuello, puños y el canesú de la espalda, un adorno muy especial. Encontré ese encaje tan bonito que está bordado en hilo de plata, que funcionaba bien tanto en una boda de noche como de día. También es una prenda que no necesariamente tiene que ir ajustada para que siente bien. De hecho, a las niñas que tienen mucho pecho este tipo de prendas les sientan superbién.
© @thevisualclub_
© @thevisualclub_Helena Mareque
Este diseño es mi apuesta para 2026 porque nace de una forma muy clara de entender a la mujer de hoy. Siento que cada vez más novias buscan algo sencillo en esencia, pero con alma. No quieren verse disfrazadas ni irreconocibles el día de su boda. Quieren sentirse ellas mismas, cómodas, seguras y bonitas. He elegido esta propuesta porque resume ese momento que estamos viviendo: menos exceso, más verdad. Menos ruido, más intención. Para mí, el verdadero lujo está en cómo se hace una prenda, en el tiempo que se le dedica y en que tenga sentido hoy y dentro de unos años. Y este diseño habla precisamente de eso. Es una pieza que conecta con mi manera de trabajar y con lo que quiero seguir construyendo como marca.
© Luis Infantes
© Luis InfantesLuis Infantes
Para las novias del 2026, podría elegir cualquiera de nuestros vestidos de la colección, aunque apostaría por nuestro vestido Imena, si hablamos del que sigue más las tendencias del año. Es un vestido de escote bardot y falda en bambula de seda con vuelo en capas. Líneas geométricas dentro de una silueta clásica y drapeado, una de las tendencias más marcadas para este 2026, en reloj circular, menos habitual que los de costumbre, potenciando visualmente toda la cintura y llegando a un equilibrio entre la vanguardia y lo clásico para una novia que juega con la moda, pero sabe qué contexto marca ese día.
© @blancatov
© @blancatovCristina Valenzuela
El vestido que he elegido tiene un corpiño estructurado, texturas y una capa de cachemira. He elegido este traje porque sintetiza todo lo que las novias me están pidiendo de cara a 2026: estructura, textura, movimiento y versatilidad para celebraciones más allá del verano. El diseño parte de un corpiño muy trabajado, que define y estiliza la silueta con delicadeza. Está confeccionado con bordados y juego de texturas tono sobre tono, aportando profundidad sin perder ligereza visual. En 2026 veremos una clara tendencia hacia cuerpos más protagonistas, donde la construcción y el detalle artesanal marcan la diferencia. La falda aporta el contrapunto: fluida, con caída natural y movimiento envolvente. Cada paso genera dinamismo, aportando esa sensación etérea que tantas novias buscan, pero sin renunciar a la elegancia estructurada del conjunto. Las mangas —ligeras y sutiles— acompañan esa idea de movimiento, equilibrando el corpiño y aportando romanticismo contemporáneo.
El elemento clave, y uno de los grandes protagonistas de las próximas temporadas, es la incorporación de piezas de cachemira. En este caso, una capa envolvente que aporta sofisticación y funcionalidad. Las bodas de otoño e invierno están en auge, y las novias ya no quieren soluciones improvisadas para el frío: buscan diseño también en las prendas de abrigo. La cachemira aporta calidez, textura y calidez que eleva el conjunto. Por todo ello, este vestido es mi apuesta para 2026: reúne exactamente lo que las novias me están solicitando —corpiños bien construidos, riqueza de texturas, movimiento en falda y mangas, y complementos de calidad como la cachemira— en una propuesta coherente, elegante y profundamente actual.
© Oscar Companioni
© Oscar CompanioniLaura Monge
Para nuestra apuesta de novias 2026 hemos elegido la imagen de Andrea porque representa, con absoluta claridad, el cambio de sensibilidad que estamos viviendo en la moda nupcial. Vuelven las capas. Vuelven los tejidos que fluyen. Vuelven las texturas etéreas que envuelven sin pesar. Frente a la rigidez de los crepés más estructurados o de las siluetas excesivamente armadas, la novia de 2026 busca movimiento, ligereza y verdad. No hablamos de informalidad, sino de nobleza en el tejido: organzas de seda, linos refinados, batistas y bambulas de seda, tul bordado, organzas bordadas o flocados trabajados con delicadeza. Tejidos con alma, fabricados en España, que respiran calidad y que acompañan el cuerpo en lugar de imponerle una forma.
La novia de 2026 quiere emoción, pero también comodidad. Quiere bailar, abrazar, disfrutar sin preocuparse por una cola interminable cuando el glamour ya ha dado paso a la celebración. Quiere sentirse novia en cada fase del día, no disfrazada ni limitada. Después de 40 años y miles de novias, puedo decir que la verdadera tendencia no es solo estética; es emocional. Es perfección silenciosa, es detalle trabajado directamente sobre el cuerpo, es acompañamiento real. Por eso nuestro número de novias siempre es limitado: estoy presente en cada prueba y en cada decisión de taller. No delegamos lo esencial, porque en un día donde se juega tanto, no hay margen para el error. Andrea encarna esa novia 2026: etérea pero poderosa, versátil pero coherente, ligera pero profundamente sofisticada. Una novia que no renuncia ni a la magia ni a la libertad.




