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El vestido más sencillo de la historia, una tiara comprada por ella misma y una tarta de 68 kilos: recordamos la boda de la princesa Margarita


Revolucionó las tendencias nupciales al optar por un diseño extremadamente sobrio y moderno para el primer enlace real retransmitido en televisión


La princesa Margarita el día de su boda© Getty Images
Cristina GonzálezRedactora de FASHION
Actualizado 6 de mayo de 2026 a las 12:39 CEST

La grandilocuencia que implica una boda real, con el más que generoso presupuesto que la misma conlleva, hace posible que los vestidos de novia que lucen sus protagonistas sean auténticas obras de arte. Diseños repletos de detalles, con bordados impresionantes, largas colas y una elegancia desbordante, como dejaron claro figuras como Grace Kelly o Isabel II. Por ello cuando la princesa Margarita, hermana de esta última, apareció en la Abadía de Westminster hace 66 años para darse el 'sí, quiero' con Antony Armstrong-Jones, su elección dejó al mundo con la boca abierta.

La princesa Margarita en el día de su boda© GTRES
Antony Armstrong-Jones y la princesa Margarita

Y es que la hija de la Reina Madre escogió para su boda un vestido extremadamente austero, firmado por el modisto Norman Hartnell, el mismo diseñador que había creado antes el fastuoso diseño de su hermana Isabel. El suyo, sin embargo, no tenía nada que ver. Totalmente liso y sin ningún tipo de bordado, fue bautizado como 'el vestido de novia más sencillo de la historia' por la revista Life.

La princesa Margarita y Antony Armstrong-Jones tras su boda en 1960© Getty Images

La primera boda real retransmitida en televisión

El 6 de mayo de 1960 cambió para siempre el impacto de las bodas reales entre el público, siendo la de la princesa Margarita y Antony Armstrong-Jones la primera en ser retransmitida por televisión, por entonces en blanco y negro. A las 11:30 dio comienzo el enlace en esta histórica construcción que ha sido lugar de coronaciones y bodas desde hace siglos.

La princesa Margarita el día de su boda© Getty Images

La novia aparecía enfundada en un vestido de organza discreto y elegante, tal y como había pedido al diseñador londinense. De manga larga, estaba ideado para ensalzar su figura, con un cuerpo ajustado, cintura entallada y escote en V —un detalle bastante audaz en aquella década—, que contrastaba con una voluminosa falda. Para esta se utilizaron 30 metros de tela con plisados tipo godet, triangulares y de líneas rectas, que aportaban movimiento.

Boceto del vestido de novia de la princesa Margarita, por el diseñador Norman Hartnell© Getty Images
Boceto del vestido de novia de la princesa Margarita, por el diseñador Norman Hartnell

Ni con un solo brillo, detalle de encaje o bordado contó el vestido de la princesa Margarita. Todo lo contrario al de la reina Isabel II, que en 1947 se había casado con una espectacular pieza con adornos confeccionados en hilo de oro, 10.000 perlas e incrustaciones de strass y cristales de Swarovski. Su hermana pequeña decidió desmarcarse del exceso, eligiendo también un velo sencillo de tul, que coronó con una tiara sorprendente.

La tiara Poltimore con la que rompió una importante tradición

Cuando una princesa se casa, lo habitual en las monarquías europeas es que esta lleve el día de su boda una tiara familiar, bien prestada, perteneciente al joyero real o tal vez un regalo encargado para la ocasión, como ocurrió con la tiara Hesse 'maldita' que el príncipe Alberto mandó confeccionar para su hija Alicia. Es una cuestión de tradición, protocolo y respeto a la historia de esa casa real. 

Princesa Margarita el día de su boda© Getty Images

Pero la princesa Margarita también quiso actuar de forma diferente al elegir la joya que coronó su recogido aquel día. Y es que en lugar de pedirla prestada, se la compró ella misma en una subasta por 5.500 libras (más de 150.000 euros hoy en día). Se enamoró de la tiara Poltimore, creada en 1870 por la joyería Garrard para la aristócrata británica Lady Poltimore, quien la adquirió como parte de su colección personal.

La princesa Margarita con Anthony Armstrong-Jones tras su boda en 1960© Getty Images

Una pieza de línea graduada con racimos de diamantes en forma de cojín y corte antiguo, intercalados con motivos de espirales. Fue un pequeño acto de independencia, convirtiéndose en la primera novia real en adquirir una tiara para su boda con su propio dinero.

Y aunque mantuvo la austeridad en el diseño de su vestido, no hizo lo mismo en su tarta de bodas. Aficionada al dulce, encargó un enorme pastel de un metro ochenta de altura y 68 kilos, formado por capas hexagonales en varios pisos y decorado con el escudo de armas de la princesa Margarita, las iniciales de los recién casados, una rosa inglesa y un león francés.

Réplica de la tarta nupcial que se hizo para la boda de la princesa Margarita© Getty Images
Réplica de la tarta nupcial que se hizo para la boda de la princesa Margarita

Mientras que el novio contó con un solo padrino, la ella tuvo ocho damas de honor formando su cortejo nupcial, entre las que se incluían su sobrina, la princesa Ana, su ahijada Marilyn Wills y su prima Annabel Rhodes. Tras el 'sí, quiero', la pareja se trasladó al Palacio de Buckingham para saludar desde el balcón al público, para después celebrar un banquete con sus cerca de 120 invitados.

La princesa Margaritay su marido, Antony Armstrong-Jones© Getty Images

18 años de un matrimonio que terminó en divorcio

Se casó con 29 años, pero una década antes había conocido a su primer amor, el capitán Peter Townsend, un hombre divorciado y 16 años mayor que ella, con el que protagonizó un romance imposible. Aunque este le pidió matrimonio, las oposiciones y las críticas al mismo hicieron que la princesa Margarita pusiese fin a aquella relación que, según dicen, la marcó para siempre.

La princesa Margarita y Antony Armstrong-Jones© Getty Images

Fue en 1958 cuando conoció a Antony, un popular fotógrafo entre la alta sociedad y tras un breve romance aceptó su propuesta de matrimonio. Una decisión que algunos vieron motivada tras darse a conocer la noticia de que su expareja, Peter Townsend, volvía a casarse de nuevo. Así, en 1960, se celebró el matrimonio de la princesa Margarita y el entonces Lord Snowd, siendo el primero en cuatro siglos entre un miembro de la familia real británica y alguien ajeno a esta. La pareja tuvo dos hijos: David y Sarah.

Ambos tenían personalidades muy diferentes. Dicen de la princesa Margarita que era poco madrugadora, le encantaba desayunar en la cama y leer la prensa en ella, de donde no se levantaba hasta el medio día. A él le gustaba ir de vacaciones a la nieve y despertarse temprano para salir a la montaña, pero también se ganó fama de mujeriego. Se distanciaron cada vez más, y finalmente, se divorciaron en 1978.