Se cumplen 15 años de la matanza de Utoya, la mayor masacre que sufrió Noruega desde la Segunda Guerra Mundial. Los reyes Harald y Sonia, visiblemente emocionados, han presidido la misa en memoria de las 77 víctimas mortales del ultraderechista Anders Breivik en la catedral de Oslo. El monarca, con la agenda mermada a sus 89 años, se ha puesto a la cabeza de este homenaje después de que el domingo Haakon de Noruega inaugurase un monumento conmemorativo en el barrio gubernamental, uno de los lugares en los que se produjo el ataque. El atentado del 22 de julio de 2011 también tocó de cerca a la familia real y no solo por la lógica conmoción de una herida aún abierta en el corazón del país.
Las lágrimas de Mette-Marit, al lado de su cuñada Marta Luisa de Noruega y arropada por su marido, el príncipe Haakon, en la vigilia celebrada solo tres días después de la masacre, se unían a las de muchos de los presentes. No era fácil para los representantes institucionales alli presentes contener la emoción, pero además la Princesa Heredera lamentaba la pérdida de su hermanastro, que engrosaba la lista de asesinados por Breivik.
Un héroe llamado Trond Berntsen
El policía Trond Berntsen era hijo del segundo marido de Marijt Tjiessen, madre de la Princesa, y se encontraba en el campamento juvenil organizado por las juventudes del Partido Laborista Noruego en la isla de Utoya cuando se produjo el tiroteo que acabó con su vida tras recibir un disparo a tratar de proteger a su hijo de 10 años y otros jóvenes. Breivik perpetró la matanza, en la que murieron 69 personas, 33 menores de edad, solo unas horas después de poner un coche bomba en el complejo gubernamental de Oslo. Tras hora y media de tiroteo masivo, fue detenido sin oponer resistencia.
En aquel momento, la casa real se limitó a confirmar la pérdida de Mette-Marit y a expresar a través de un portavoz que "los pensamientos de la princesa están con sus parientes más cercanos". Era el momento de estar con todas las víctimas y al lado de un país que había sido atacado en el alma de su democracia. Con el asesinato de Olof Palme 25 años antes en la memoria, la sociedad Noruega vio como sus cimientos se tambaleaban con una violencia que se sentía indiscriminada y como esa vulnerabilidad cambió las prioridades del debate público desde entonces hasta ahora.
Un momento difícil para Mette-Marit
Hoy, 15 años después de la masacre, a familia real vuelve a ponerse al frente de los actos conmemorativos, mientras Mette-Marit de Noruega continúa su recuperación en casa tras ser sometida a un trasplante de pulmón. Se enfrenta a un periodo largo de rehabilitación con un seguimiento médico exhaustivo en el que no se espera que participe en ningún acto oficial. "Por suerte, las cosas están mejorando, gracias. Pero es solo el comienzo de un largo camino hacia la recuperación", señaló Haakon hace apenas unos días sobre el estado de salud de su mujer.









