Ella siempre había veraneado en la Costa Brava; él vivía allí. No fue hasta el verano de 2020 cuando se conocieron. Empezaron a pasar mucho tiempo juntos y en septiembre, por trabajo, él se fue a Arabia Saudí. Pese a la distancia, mantuvieron el contacto y, a su vuelta, formalizaron su relación. La pedida fue en Aiguablava, una de sus calas favoritas, rodeados de amigos. Querían seguir construyendo una vida juntos. En septiembre, Anna y José María se dieron el ‘sí, quiero’ en la finca que la familia de él tiene en Palafrugell, en la Costa Brava.
Un vestido de novia de corte lencero y con encaje
Para el gran día, Anna confió en Teresa Helbig. "Cuando empecé el proceso, tuve claro que quería un vestido especial, y en ella encontré justo eso: sensibilidad, cuidado y una forma de trabajar que me hizo sentir muy acompañada desde el principio", nos cuenta.
La novia se decantó por uno de sus diseños de la colección nupcial de la catalana. Era un vestido de corte lencero, con la falda plisada y decorado con un delicado encaje de color champán en el pecho, la cintura y la falda. "Siempre recordaré la primera vez que vi el vestido colgado. La delicadeza de los tejidos y los detalles bordados me impactaron muchísimo y supe al instante que estaba ante algo muy especial. Mi tía y mi prima, que me acompañaron en las pruebas, también quedaron impresionadas".
Aunque cada vez es más común que las novias opten por un segundo vestido o, en su defecto, por un diseño convertible, Anna quiso mantener su traje de Teresa Helbig de principio a fin. "No llevé un segundo look porque sentí que el vestido podía acompañarme en cada momento del día y me encontré comodísima con él de principio a fin. Aun así, si tuviese que volver a tomar la decisión, probablemente sí elegiría un segundo vestido, para estar aún más cómoda durante la fiesta. Es algo que sin duda recomendaría a una futura novia", nos cuenta.
Unos zapatos cómodos y un ramo de muguet
Completó el look con un velo de tul, muy sencillo, que llevó con el pelo suelto, como suele llevarlo en su día a día. También añadió unos zapatos estilo Mary Jane de Maison Margiela, cómodos y que estilizaban; su anillo de compromiso, una joya muy especial; y unos pendientes antiguos prestados por su mejor amiga. "Unos meses antes de la boda, mi mejor amiga me enseñó unos pendientes, una joya familiar y, en cuanto los vi, supe que tenían que acompañarme ese día. Ella no dudó en prestármelos; fue un detalle precioso y muy emotivo".
Su ramo también fue muy especial. Era de muguet, muy natural, delicado y, además, como nos cuenta Anna, olía de maravilla. "Lo acompañé con un detalle bordado que hizo mi abuela durante los meses previos a la boda, con mi nombre, la fecha y una medallita muy especial para nosotras".
De la ceremonia a la decoración
La ceremonia religiosa fue en una pequeña ermita anexa a la finca, donde ya se habían casado otros familiares; pero era la primera celebración que hacían allí. "La organización fue tan emocionante como retante, ya que nunca antes se había celebrado una boda en la finca", asegura la novia. Por eso contaron con la ayuda de las wedding planners de Escrivá Events para organizarlo todo.
La novia nos cuenta que quería que la decoración realzara la belleza del lugar de forma sencilla, así que se dejaron aconsejar por el poeta floral Jordi Vila, de Montana el taller. Adornaron la entrada de la iglesia con rosas blancas suspendidas en una base de hojas verdes.
En el cóctel, la decoración seguía una línea más relajada con flores silvestres, velas y elementos del entorno, como jarrones de barro, como protagonistas.
Anna asegura que hubo muchos momentos inolvidables. Uno de los más divertidos, y que tanto ellos como sus invitados recordarán para siempre, se produjo durante el baile. "En el último paso, mi vestido y el chaqué quedaron pegados. Fueron unos minutos que se nos hicieron eternos hasta que apareció nuestra wedding planner para ayudarnos. En cuanto conseguimos separarnos, el resto de invitados se unió enseguida a nosotros y empezó la fiesta. Ahora lo recordamos entre risas, pero en el momento fue todo un apuro".
¿Y es más especial? "La entrada a la ermita: ver a toda nuestra gente reunida y, especialmente, encontrarme con José María. Estábamos muy emocionados".















