Cuando una menos lo espera, el destino le sorprende. Que se lo digan a Laura, una estilosa novia que organizó ella misma su boda soñada, cuando se comprometió con Javier, quien actualmente es su marido. “Nos conocimos a través de redes sociales, por una conocida que teníamos en común. En aquel momento Javi estaba viviendo en San Francisco por trabajo y yo en Madrid”, recuerda. Cuenta nuestra protagonista que él siempre decía que volvería a España, pero ella no lo terminaba de creer, porque estaba desencantada con el amor.
“Al final, se volvió. Quedamos en un festival de música en Madrid y desde entonces no paramos de hablar. Él se mudó a Barcelona y después de un mes de mensajes intensos, me invitó a irme una semana con él a la Costa Brava”, relata. Aunque reconoce Laura que ella nunca habría dado ese paso, se animó porque algo le hizo confiar. “Recuerdo que estábamos sentados en la playa y me dijo: ‘parece que te conozco de siempre, creo que has venido para quedarte'. Y desde ese viaje, no nos volvimos a separar”, desvela. Mantuvieron un año una relación a distancia, hasta que él se trasladó a Madrid.
Un romántico viaje
Desde que empezaron su nueva vida juntos, estos novios plantearon algunas veces la posibilidad de pasar por el altar, pero “nunca de forma seria”. Por eso la petición de matrimonio, que llegó tras seis años de amor, pilló por sorpresa a la futura esposa. “Me lo pidió en Disney, en un viaje que hicimos a París”, apunta. Ahí comenzó la cuenta atrás para los preparativos de un enlace muy deseado.
Organizar una misma
Laura tenía muchas ganas de poner toda su boda en marcha y contaba con un amplio abanico de ideas para hacer realidad su enlace soñado. Ella misma se encargó de organizarlo todo, desde los proveedores a cada detalle. “Me he dedicado mucho tiempo al mundo de los eventos y es algo que me encanta así que fue un proceso que disfruté muchísimo. Ya tenía experiencia organizando bodas y, aunque organizar la tuya propia es un pelín más complicado, me gustó mucho poder hacerlo yo misma”, señala.
El resultado fue más que memorable y supuso el nacimiento de una nueva faceta en su vida. “Después de la boda, fueron tantos los comentarios que recibí, que hace unos meses me animé a hacerme un perfil de inspiración para futuras novias en Instagram, @bloomweddingsinspo”, añade.
Casarse en verano
Sin miedo al calor, la pareja escogió el 30 de agosto de 2025 para casarse en Córdoba. Su enlace viral se desarrolló en esta ciudad porque es donde nació el novio “y en la que pensamos echar raíces”, agrega Laura. Para la ceremonia, se decantaron por la iglesia de Santa Marina, "la iglesia fernandina más antigua de Córdoba”. Tras esta parte del gran día, celebraron por todo lo alto su amor en el Balneario Aguas de Villaharta.
Este escenario fue maravilloso para lograr el resultado que ambos esperaban y superó las expectativas. “Un sitio espectacular en medio de Sierra Morena que nos robó el corazón desde la primera visita. Buscábamos algo en el campo, lleno de verde y rodeado de montañas, al más puro estilo toscana. Aguas de Villaharta fue el primer lugar que visitamos y no nos hizo falta buscar más, era exactamente lo que teníamos en mente”, admíte Laura.
“El sitio de la celebración está a unos 40 minutos de Córdoba, donde fue la ceremonia, así que pensamos en hacer un bingo en los autobuses, de camino, para que la gente no se viniese abajo. Compramos medallas para los ganadores y los invitados nos dijeron que fue todo un éxito y una idea súper divertida”, rememora.
Gerberas para la decoración de la boda
Nuestros protagonistas se volcaron en la decoración de la boda, cuestión que era para ellos de suma importancia. La pareja apostó por la sencillez, pero no dejó nada al azar, puesto que consideraban de suma importancia los detalles. “Las flores y las velas fueron las grandes protagonistas. Como la boda fue de noche y al aire libre, quisimos poner en el jardín de la cena guirnaldas de lucecitas con lámparas de mimbre colgando”. Para ello confiaron en el trabajo de Decorled Córdoba: “dejaron todo súper bonito, parecía un auténtico cuento”.-
Si hubiera que destacar una flor por encima del resto, Laura lo tiene claro. La elección fue una variedad alegre y de tendencia. “Todas las mesas llevaban velas y violeteras con gerberas, mi flor favorita. La boda fue en agosto, así que me pareció ideal incorporarlas tanto en la decoración como a la salida de la iglesia, en sustitución del arroz, porque son flores que trasmiten muchísima alegría, dan color, frescura…. Todo lo que representa el verano”, defiende.
Esta variedad de tallo largo, que ahora eligen numerosas novias para su ramo o en forma de esculturas florales decorativas, también la escogieron estos recién casados a modo de regalo. “Todos mis amigos tenían en su mesa una gerbera naranja y una carta escrita a mano por mí”.
Anécdotas y risas
“Fue una boda muy divertida porque había gente muy dispar. Javi trabaja para una empresa de Estados Unidos y muchos de sus compañeros vinieron desde allí. Muchas veces los invitados no se entendían entre ellos pero esto no impidió que se relacionaran. Al contrario, nos dejó momentos increíbles que vamos a recordar siempre”.
“Lo más especial del día fue ver a mi abuela allí. Yo me crié con mis abuelos maternos y mi abuela es como una segunda madre para mí. Por desgracia, mi abuelo no llegó a poder acompañarme en este día, así que ver a mi abuela, que vino desde León y se hizo un viaje de más de siete horas para poder estar conmigo, y haber podido compartir ese momento tan bonito juntas, no lo voy a olvidar jamás”, dice.
“El otro momento especial fue cuando nuestra perrita, Cora, estaba esperándonos a la salida de la iglesia. Le pusimos un lacito de cuadros vichy rosa en el cuello, a juego con las niñas de arras y fue algo muy especial para nosotros, ya que Cora es un miembro más de nuestra familia y tenía que estar presente sí o sí”.
El vestido de una amante de la moda
Laura también nos descubre los detalles de su look nupcial. Un diseño firmado por Lola Martín Atelier, una casa cordobesa a la que acudió tras visitar otros talleres. “Cuando conocí a Sonia todo fue súper fácil. Supo entender a la perfección quién era y qué buscaba reflejar con mi vestido y me trató con un cariño y un mimo especial. Desde esa primera visita tuve claro que quería hacerme mi vestido de novia con ellos”, recalca.
Como novia, nuestra protagonista se mantuvo fiel a su estilo, sin renunciar a las tendencias. Tuvo claro, desde el primer momento, que la pieza en cuestión debía ser sencilla y romántica, como ella y que debía contar con un bonito tejido. “A mí me encanta la moda. Antes incluso de que Javi me pidiera matrimonio, tenía una carpeta en mi móvil con inspiración de vestidos de novia. Creo que por ese mismo motivo, cuando llegó el momento, tenía muchísimas ideas en la cabeza, mil fotos guardadas con cosas que me encantaban, pero que no terminaban de cuadrar puestas todas juntas, así que me hacía falta poner todo en orden”, admite.
“La primera vez que fui al atelier fue en octubre de 2024. Veníamos de unos años en los que habíamos visto diseños de novia de corte muy recto, por lo que a priori, esta es la idea que llevaba en la cabeza. Recuerdo que en esa primera visita vi un tejido de seda rústica que me enamoró completamente. A partir de esta tela, empezamos a crear todo el diseño”.
Una creación desmontable
En su gran día diseñadora y clienta finalmente optaron por una prenda con base de lino y mangas en seda rústica, con un elegante escote bardot, un cuerpo ajustado y una falda que partía de la cadera, con mucho movimiento. Esta podía desmontarse para la fiesta, por lo que en el momento del baile prescindió de la misma y se quedó con la base de lino, de silueta recta.
"Yo soy de un pueblo de León, que es donde vive mi familia actualmente, por lo que mi madre pudo venir sólo a algunas de las pruebas. Al resto me acompañaron mi cuñada y mi suegra y recuerdo hacer videollamadas a mi casa y que estuvieran mi madre, mi abuela y mi hermana. Había momentos en los que era una locura o de repente me decían: ‘espera, que uno a tu hermana para que te vea’, ‘espera que viene tu abuela’... Ahora lo recuerdo y me río. Realmente fue un poco caos, pero era la única manera de que ellas pudieran estar presentes".
Complementos cuidadosamente seleccionados
El velo fue una de las decisiones más complicadas que tuvo que tomar esta novia tan sofisticada. No quería uno clásico en tul, por los que eligió un tejido diferente: “optamos por una organza rústica stropicciato con una caída impresionante y ese estilo natural que tanto buscaba en mi diseño. Cuando me lo pusieron recuerdo sentir muchísimo alivio y pensé: ‘esto sí es lo que buscaba’.
La estrella del look fue la gargantilla, una reliquia familiar de los años 20 que causó sensación: era una pulsera “de la abuela de mi marido de oro, plata y diamantes, que restauraron en DeAuro Jewelry”. La cuñada de nuestra protagonista la llevó a modo de tiara, pero ella prefirió que fuese al estilo choker. Lo acompañó con unos pendientes de oro blanco y diamantes, de la misma firma joyera.
A las piezas de joyería se sumaron unas sandalias de Flordeasoka, color trufa; unas alpargatas para el baile, de Alhamas, regalo de su mejor amiga y un abanico de lino bordado por Abuela Sole Bordados. “Quería sí o sí llevar un abanico. Tenía muy claro que quería que me lo hiciera Elena porque tiene una sensibilidad especial y me encantan todos sus diseños. Fue un regalo de mi abuela y en él bordamos, entre otras cosas, la frase ‘pato la vida’, un guiño a la forma en la que Javi y yo nos llamamos cariñosamente”, describe.
El significado de su ramo
Buscó el equilibrio también en el ramo de novia, que debía ser romántico y salvaje, pero no restar protagonismo al vestido. La elección final fue una creación que ató con una cinta de lino de Abuela Sole Bordados con la fecha de la boda. “Llevaba rosa inglesa, que representa la elegancia y el amor profundo; manzanilla, que representa la sencillez, y margaritas, que representan la pureza y la alegría”.
Por último, su look de belleza fue un trabajo de Luisa López Blanco. Al no estar acostumbrada a maquillarse en exceso, quería un resultado natural, con una piel luminosa. “Una amiga me recomendó a Luisa, le expliqué lo que quería y lo entendió a la primera”, revela. Del peinado Sofi Look, que también le recomendó una amiga, quien le hizo una coleta sencilla. “Ambas son unas súper profesionales y cercanas y te hacen sentir cómoda desde el minuto uno. Volvería a elegirlas con los ojos cerrados”, defiende.
En la historia del ‘sí, quiero’ de Laura también hay consejos para futuras novias. Nuestra protagonista asegura que es vital disfrutar del proceso, porque las bodas perfectas no existen. Lo importante es vivirlo al 100% y no frustrarse, porque será el día más feliz, defiende. “También le diría que habrá gente que fallará, pero que no debe pasar malos ratos por eso. El día de la boda se va a sentir tan querida, tan arropada y tan feliz, que no se va a acordar de aquellos que le fallaron y le hicieron daño, se va a centrar en celebrar con los que sí están”, concluye.

































