Detrás del éxito y los focos que rodean a una estrella mundial del fútbol, sigue latiendo el corazón del niño que creció en el humilde municipio brasileño de São Gonçalo. Vinícius Júnior lo dejó ver sin filtros en la antesala de los octavos del Mundial: rompió a llorar al escuchar durante la rueda de prensa el mensaje sorpresa de su abuela, Doña Nilza, la mujer que lo acompañó en todo, incluso compartiendo cama con él hasta los 16 años porque en casa no había más espacio. “Ella marcó mi vida por completo”, confesó con la voz quebrada, dejando al descubierto una verdad que trasciende al fútbol: el éxito, muchas veces, se sostiene en vínculos que nacen lejos de los estadios.
Ese instante tan emotivo nos recuerda que detrás de cada figura de élite suele haber una historia tejida en el hogar. Más allá de los goles, la presión y la exigencia de la élite, Vinícius sigue siendo aquel chico que encontró en su abuela su primer refugio y su mayor fuente de seguridad emocional. Y es precisamente esa raíz afectiva la que explica por qué un simple mensaje puede desarmar a un deportista acostumbrado a convivir con la tensión y la mirada del mundo.
Con la ayuda de la psicóloga sanitaria Leticia Martín Enjuto (@leticiamartin.psicologa), analizamos cómo las abuelas, esas figuras que sostienen, acompañan y dan forma a la identidad desde la infancia, se convierten en anclas emocionales decisivas. Un refugio seguro que no solo influye en la manera en que los jóvenes gestionan la fama, sino también en cómo construyen su autoestima, su resiliencia y su capacidad de afrontar la presión sin perder de vista quiénes son y de dónde vienen.
Cuando un padre está ausente (en este caso, por motivos de distancia o trabajo), ¿cómo redefine la presencia de una abuela el concepto de "figura de apego seguro" para un niño?
La teoría del apego explica que un niño puede desarrollar vínculos seguros con distintas figuras significativas, no exclusivamente con sus padres. Cuando un progenitor está ausente por motivos laborales o de distancia, una abuela que ofrece disponibilidad emocional, cuidado constante y sensibilidad hacia las necesidades del menor puede convertirse en una figura de apego seguro tan relevante como la parental.
Lo más importante no es el parentesco, sino la calidad de la relación. Un niño necesita sentir que hay un adulto predecible, que lo protege, lo calma cuando tiene miedo y celebra sus logros. Si esa función la desempeña una abuela de forma continuada, el cerebro infantil construye esa relación como una base segura desde la que explorar el mundo.
¿Qué significa que un abuelo sea “refugio” y cómo se construye ese rol?
Significa que representan un espacio físico y emocional donde el niño siente que puede bajar la guardia. Es el lugar donde encuentra consuelo, comprensión y aceptación, especialmente en momentos de estrés, miedo o incertidumbre.
Ese rol no aparece de manera automática por ser abuelo. Se construye con pequeños gestos cotidianos: estar disponible, escuchar sin juzgar, mantener rutinas, ofrecer afecto constante y responder con calma ante las dificultades. La repetición de estas experiencias genera una sensación de seguridad muy profunda.
Vinícius menciona que la casa era pequeña y que dormía con ella hasta que fue adolescente. Desde la psicología, ¿cómo influye compartir el espacio físico tan estrechamente en la creación de lazos afectivos? ¿Puede la escasez material transformarse en una "riqueza" de apego emocional?
Compartir un espacio reducido implica convivir muy de cerca con las emociones, las rutinas y los cuidados cotidianos. Esa proximidad favorece un mayor número de interacciones afectivas, conversaciones espontáneas, gestos de protección y momentos compartidos que fortalecen el vínculo emocional. Dormir cerca de una figura de apego, siempre que responda a las necesidades familiares y culturales y exista un entorno seguro, puede reforzar la sensación de protección y reducir la ansiedad infantil. Lo que el niño registra no es únicamente el espacio físico, sino la disponibilidad constante de esa persona cuando la necesita.
La escasez material no genera por sí misma un apego más fuerte, pero tampoco impide construirlo. Muchas familias con recursos limitados ofrecen una enorme riqueza emocional basada en la cercanía, el tiempo compartido y el afecto cotidiano. En esos casos, los recuerdos más valiosos no suelen estar ligados a los objetos, sino a las personas.
Un niño necesita sentir que hay un adulto que lo protege, lo calma cuando tiene miedo y celebra sus logros. Si esa función la desempeña una abuela de forma continuada, el cerebro infantil construye esa relación como una base segura desde la que explorar el mundo
A pesar de ser una estrella mundial, Vinícius se quiebra al recordar esta etapa. ¿Qué nos dice esto sobre cómo el cerebro guarda los recuerdos de la infancia asociados al esfuerzo y al amor incondicional? ¿Funciona ese recuerdo como una "ancla a la realidad" frente a la presión de la fama?
Los recuerdos infantiles que están asociados a un fuerte componente emocional quedan especialmente consolidados en la memoria. Cuando una persona recuerda etapas marcadas por sacrificios compartidos y amor incondicional, no solo revive los hechos, sino también las emociones que los acompañaban. Por eso es habitual que incluso personas muy exitosas se emocionen al hablar de quienes fueron fundamentales en su infancia. Esos recuerdos conectan con la identidad más profunda, con el origen de los valores y con las personas que estuvieron presentes antes del reconocimiento público.
En muchos casos, esos recuerdos funcionan como una auténtica ancla emocional. Ayudan a mantener la perspectiva, recordar de dónde se viene y reforzar el sentido de pertenencia, algo especialmente valioso cuando se vive bajo una enorme presión mediática y deportiva.
¿Por qué, incluso siendo un deportista de élite, hablar de la abuela puede desencadenar una emoción tan intensa?
El alto rendimiento no elimina la vulnerabilidad emocional. Los deportistas desarrollan recursos para gestionar la presión competitiva, pero los vínculos afectivos más profundos siguen activando las mismas respuestas emocionales que en cualquier otra persona. Cuando una abuela ha representado cuidado, protección y sacrificio, hablar de ella implica conectar con experiencias muy significativas desde el punto de vista emocional. Esa combinación de gratitud, nostalgia y amor suele manifestarse con lágrimas o dificultad para contener la emoción.
Además, el éxito suele aumentar la conciencia del camino recorrido. Recordar a quienes estuvieron presentes cuando no existía la fama permite dimensionar el esfuerzo colectivo detrás de una carrera deportiva y reconocer el papel que esas personas tuvieron en el desarrollo personal.
¿Cuál es la principal diferencia psicológica entre el apego que se desarrolla con los padres (que suelen educar y poner límites) y el que se desarrolla con un abuelo (que suele ofrecer un amor más incondicional o de soporte)?
En términos generales, los padres suelen asumir la responsabilidad principal de educar, establecer normas y preparar al niño para desenvolverse de manera autónoma. Esa función implica combinar afecto con límites, algo esencial para el desarrollo psicológico saludable. Los abuelos, por su parte, suelen ocupar un lugar más vinculado al apoyo emocional y al acompañamiento. Al no cargar habitualmente con la responsabilidad cotidiana de la crianza, pueden ofrecer una relación más centrada en el afecto, la disponibilidad y el disfrute compartido.
No obstante, estas diferencias no son universales. Hay abuelos que ejercen como cuidadores principales y padres que también ofrecen una enorme contención emocional. Lo relevante es que ambas figuras pueden complementarse, aportando distintos recursos afectivos que enriquecen el desarrollo del niño.
¿Tienen los adultos que fueron criados de cerca por sus abuelos una mayor resiliencia emocional o empatía? ¿Qué huella psicológica a largo plazo deja este tipo de crianza?
La investigación no permite afirmar que todas las personas criadas cerca de sus abuelos sean automáticamente más resilientes o empáticas. Sin embargo, veo mucho en consulta que cuando esa convivencia estuvo marcada por relaciones afectivas positivas, sí puede convertirse en un importante factor de protección emocional. Contar con varios adultos disponibles amplía la red de apoyo del niño y le ofrece diferentes modelos de afrontamiento, comunicación y regulación emocional. Esa diversidad de vínculos puede favorecer una mayor capacidad para afrontar dificultades y construir relaciones saludables en la edad adulta.
La huella más frecuente suele reflejarse en un fuerte sentido de pertenencia, una mayor valoración de los vínculos familiares y recuerdos que funcionan como fuente de fortaleza en momentos de adversidad. No depende únicamente de haber convivido con los abuelos, sino de la calidad emocional de esa convivencia.
¿Por qué estas historias conectan tanto con la audiencia y qué enseñan sobre la importancia de los vínculos familiares?
Generan una gran conexión porque hablan de experiencias profundamente universales: el cuidado, el sacrificio compartido, la gratitud y el amor recibido en la infancia. Independientemente del contexto social o económico, la mayoría de las personas pueden identificarse con alguna figura que les hizo sentir protegidas.
Además, en una sociedad muy centrada en los logros individuales, estos relatos recuerdan que detrás de muchos éxitos existen redes invisibles de apoyo. Nos invitan a mirar más allá del resultado y reconocer el papel que desempeñan las relaciones afectivas en el desarrollo de una persona.







