A Sara le habían concedido un programa para estudiar en Montreal durante unos meses, pero había renunciado a él. Hasta que, el último día, cuando estaba a punto de cerrar el plazo, una amiga la convenció para que fuera. Presentó todo a contrarreloj y terminó viajando a Canadá. "Lo último que pensé cuando estaba yendo a Canadá a estudiar cuatro meses es que conocería a mi marido allí", nos dice. Tito y ella ya no volvieron a separarse; siete años después de aquello se comprometieron en Baqueira en lo que iba a ser un fin de semana como tantos otros, y uno más tarde se casaron.
Un vestido de novia prêt-à-porter con corpiño bordado
Después de ocho años juntos, se dieron el ‘sí, quiero’ el pasado enero en el Real Monasterio de Santa María del Puig, en Valencia. Después se trasladaron a la Cartuja de Ara Christi, un antiguo monasterio reconvertido en espacio para la celebración de bodas.
Para un día tan especial, la novia eligió un diseño de T.ba Brides, la firma nupcial capitaneada por Sol Prado. "Conocía el atelier de antes y siempre me ha llamado mucho la atención porque tienen un estilo inconfundible en el mejor de los sentidos. Muy especial. Al igual que (seguramente) otras muchas novias, le dediqué mucho tiempo y cariño al tema del vestido", asegura.
Aunque la novia tenía claro el tejido, el diseño final fue una sorpresa incluso para ella. "En T.ba tienen una colección prêt-à-porter y hay mucha libertad para combinar y adaptar. Los diseños estaban todos colgados en una misma zona. El corpiño que finalmente llevé estaba colgado en una zona distinta, totalmente separado del resto. Me llamó muchísimo la atención por todos los detalles que tenía". Preguntó si se lo podía probar y, cuando lo hizo, sintió un flechazo. Lo combinó con una falda de corte bajo, con capas y mezclas de tejido. Aquella unión le gustó tanto que no tuvo ninguna duda: ese debía ser su vestido. Y no, ni quiso cambiarlo por otro para el baile, ni era un diseño convertible.
De la mantilla vintage a su ramo de claveles: los detalles del look
Salvo que la novia tenga una pieza familiar que quiera utilizar al cien por cien, la elección del velo se suele dejar para las últimas pruebas. Ya con el vestido definido, se prueban opciones para ver cuál es la que mejor encaja. Sara quiso hacerlo con una mantilla de la madre de Tito. "Quedaba perfecto. Llevar esa mantilla, que es preciosa, con su historia y con tanto valor sentimental, no me pudo hacer más ilusión", asegura.
La sujetó a su recogido con una peineta, una de las pocas joyas que llevó el día de su boda. También lució unos pendientes estilo vintage de Ansorena y su anillo de pedida.
Sobre los zapatos, nos cuenta que los quería de color para poder reutilizarlos más adelante. Se decantó por un diseño personalizado de Flordeasoka que, desde hacía tiempo, le había llamado la atención.
Otro de los detalles que tuvo bastante claros desde el primer momento fue la elección de su ramo. "Me apetecía que fuera de una sola flor y sin nada de "verde". Los claveles me gustan mucho y, como la boda fue en enero, en pleno invierno, me pareció que también era muy adecuado para la época. Además, es un pequeño guiño a Madrid, la ciudad de Tito (yo soy de Valencia)", nos cuenta.
Un moño elegante y un maquillaje muy natural
Aunque muchas novias realizan la prueba de maquillaje con meses de antelación, Sara la hizo la misma semana de la boda. Confiaba (y mucho) en el trabajo de Gala Philippe, que fue la encargada de maquillarla y peinarla.
"El maquillaje fue bastante natural y, para el pelo, sabía que quería llevar moño. Mi idea inicial era soltarme el pelo para el baile, pero el moño aguantó tan bien que me lo dejé puesto y solo me solté el pelo al final de la fiesta. Gala ha sido superprofesional y estoy contentísima con ella".
Todos los detalles del gran día: de la ceremonia al baile
El 31 de enero, en pleno invierno, Sara y Tito se dieron el 'sí, quiero'. Lo hicieron en el Real Monasterio de Santa María del Puig, a unos catorce kilómetros al norte de Valencia. Después se trasladaron a la Cartuja de Ara Christi, un antiguo monasterio que está a pocos minutos en coche del lugar de la ceremonia.
Para que todo saliera como habían imaginado, contaron con la ayuda de Ana, de Lallamaandco, que acompañó a la pareja tanto en el proceso de organización como el día de la boda. También se rodearon de proveedores con trabajos muy especiales. De la papelería se encargó Marta, de Bardott Studio (tanto invitaciones como sitting plan y meseros). Para la finca, alquilamos muebles, ya que era una boda grande y queríamos que la gente estuviera cómoda en el cóctel y tuviera sitio para sentarse, etc. De las flores y el ramo se encargó nuestra amiga Becky Moreno Flores", nos cuenta la novia.
El día fue muy especial de principio a fin. Por eso, cuando le preguntamos a Sara con qué momento elegiría quedarse, duda antes de dar una respuesta. Muchos, pero hay dos especialmente importantes: la ceremonia, el más solemne; y el baile.
"Primero bailé una canción de Elton John como mi padre, Cold Heart, y después con Tito la canción de 50 palos, de Jarabe de Palo. Estuvimos ensayando un tiempo y yendo a clases antes de la boda. Creo que los invitados no esperaban que nos pusiéramos a bailar y fue un momentazo. Justo cuando terminó la canción, saltaron fuegos artificiales". Recordemos que la boda era en Valencia; no se podía empezar la fiesta de otro modo.





















