El mundo está lleno de rincones mágicos, así que ser el lugar favorito de alguien es, como poco, un privilegio. Anita sentía que Miguel era eso para ella, no había dudas: él era el amor de su vida. Lo más gracioso de todo es que, aunque formaba parte del grupo de amigos de su primo mayor, nunca se había fijado en él. Pero lo hizo y en septiembre se dieron el 'sí, quiero' en la Basílica de La Asunción de María, en Lekeitio, un bonito pueblo del País Vasco.
Un vestido de novia con margaritas en la falda
El vestido de novia fue obra de Claudia Llagostera, a la que la novia conoció en la boda de una amiga. "Iba de rojo, guapísima, y me acerqué a decírselo. Días después de la boda me dijeron que había diseñado su vestido y conocí su perfil. Cuando me prometí, le pedí cita", nos cuenta Anita. Y aunque conoció a otras diseñadoras, finalmente se quedó con ella.
Aunque las novias no tengan claro todo el vestido, hay detalles que ayudan a perfilar el diseño con mayor rapidez. Anita sabía el tipo de escote que buscaba, también que quería llevar una cola bastante larga y velo. Ah, y había una condición: le gustan mucho las margaritas, y deseaba reflejarlo de alguna forma. Fue así como, entre visitar al atelier de Claudia con su madre, su hermana y su tía, se fue perfilando el diseño hasta convertirse en un vestido con un favorecedor escote en pico que dejaba los hombros al aire y tenía un detalle muy especial en la falda: bordados de margaritas con minilentejuelas doradas que Llagostera diseñó para ella.
No hubo segundo vestido y tampoco un diseño convertible. "Me gustaba tanto mi vestido que me quería aprovecharlo al máximo, todas las horas posibles del día", asegura la novia.
Del velo de seda rústica al ramo
Si dar con el vestido que siempre había imaginado fue más o menos sencillo, elegir los complementos también. Los zapatos, un regalo de su madre, eran de terciopelo color ámbar, con matices dorados y de Flordeasoka; los pendientes, una joya que nunca falta en su día a día, de M de Paulet y un regalo de su hermana María. "El velo fue de las últimas cosas que elegí. Era de seda rústica, con una transparencia preciosa. Al principio no iba a ir velada, pero cuando me lo probaron Luci —la modista— y Claudia, casi casi nos morimos en el estudio… No me voy a olvidar nunca de esa primera impresión que nos causó".
Las margaritas que estuvieron presentes en su vestido también formaron parte de su ramo. Marina Aguirre, florista de Bilbao, fue la encargada de crear para ella una composición ni muy grande ni muy colorida: "Me gustaban esos tonos rústicos, blancos, amarillos, verdes y con algo de granate o buganvilla", apunta la novia.
En cuanto a su look de belleza, Silvia Echevarría (maquilladora) y Mara, dueña de la peluquería de Esku Ona, en Mungia, fueron las encargadas de crear un favorecedor y sutil maquillaje y un recogido cómodo y sencillo —un moño de estilo bailarina trenzado— con el que aguantar toda la boda.
Una celebración muy especial
"Celebramos la boda en septiembre en Lekeitio, para nosotros el pueblito más bonito del País Vasco. Miguel y su familia han crecido allí, como pueblo de descanso, vacaciones, findes. Un refugio. A mí me lo transmitió desde el principio y así lo sentí también. Nos casamos por la iglesia, en la Basílica de La Asunción de María del propio pueblo, que es espectacular", nos cuenta la novia.
Después del 'sí, quiero', la celebración continuó en el Palacio de Zubieta, donde disfrutaron de un almuerzo servido por Brass Catering. "La verdad es que con ellos todo fue fácil, y aunque no pudimos comer mucho precisamente ese día, todo era y estaba espectacular".
Aunque en sus planes iniciales no estaba contar con una wedding planner, finalmente trabajaron junto a Bodas muy mía no solo para coordinar el gran día, sino para la decoración, en la que también participó la florista Marina Aguirre. Imperaron la naturalidad, los tonos verdes, blancos y amarillos, y las hortensias. El toque original lo pusieron las ciruelas que utilizaron en los centros de mesa.
¿La anécdota más divertida? La tarta. Los novios son amantes de la naturaleza; hacen rutas por el monte, esquían… Por eso, pidieron una tarta con forma de montaña que resultó ser tan minimalista que nadie entendió el diseño, ¡aunque estaba riquísima!
"Sin duda, fue uno de los días más felices de nuestras vidas, por no ser el más. Estuvimos rodeados de mis mejores amigos y de toda nuestra familia. Tener a todas las personas que quieres alrededor juntas es una sensación de felicidad plena indescriptible. Yo no puedo estar más agradecida de la familia que tengo. Mis padres y mi hermana María son mi mayor tesoro".
¿Y lo más especial de aquel día? "La entrada a la iglesia del brazo de mi padre. Si pudiera decir quién es la persona más buena que hay en mi vida, es él; le tengo una admiración especial. No hace falta conocerle más de un minuto para quererle. Esa mañana le había regalado una imagen mía de chiquitita, en el parque de María Luisa en Sevilla, que ponía: 'De tu mano mis primeros pasos, de tu brazo al altar. Gracias por caminar siempre a mi lado'. Solo pensarlo otra vez me empaña los ojos".




























