Que una experiencia deje huella en una novia puede reflejarse en otra que llegue detrás. Eso que sucedió con María, una recién casada que escogió a Inés Martín Alcalde para su boda. “Diseñó el vestido de mi hermana hace dos años y recordaba con mucho cariño cuando íbamos mi madre, ella y yo a las pruebas”, nos cuenta. En aquel enlace también contó con la firma de la madrileña para su look de invitada. Por eso, cuando hubo que decidir un atelier para confeccionar el estilismo de su ‘sí, quiero’ en Jávea, supo a dónde acudir.
“Ya conocía a Inés y tenía plena confianza en ella y en todo el equipo”, asegura. Y es que la realidad es que todo comenzó sin tener una idea clara, puesto que nuestra protagonista tenía alguna inspiración guardada, pero no una idea definida. El punto de partida era un traje sencillo, discreto y cómodo para el baile, con un toque especial. “Ese fue otro de los motivos por los que elegí a Inés, con ella haces una entrevista antes de la primera prueba para conocerte un poco, saber cuáles son tus gustos y cuando acudes al atelier te orienta y te propone varias ideas”, revela.
Un tejido único
Acompañada de su madre y de su hermana, esta estilosa novia acudía a las citas. Ellas fueron de gran ayuda en momentos de indecisión, gracias, comenta María, a su buen gusto. Desde el principio confió en el saber hacer de su diseñadora, puesto que le propuso lucir una rara avis, que haría el resultado aún más espectacular. “Inés me enseñó una colcha antigua que había encontrado hacía poco en un mercadillo de Londres y que al verla había pensado inmediatamente en mí. La tela me pareció una auténtica joya, me encantó y confiaba al 100% en que harían un vestido maravilloso con ella”, apunta.
“Al principio no teníamos del todo claro cómo serían las mangas o el escote tanto delantero como el de la espalda, por lo que prueba a prueba íbamos eligiendo y decidiendo cómo se desarrollaba el vestido”, indica.
Finalmente, el diseño se creó por capas: una base en crepe, un sobrevestido realizado con la colcha antigua bordada, una capa de muselina a modo de cola y una mantilla de herencia familiar colocada encima. La idea era proteger la mantilla del roce del suelo, para llevarla en la ceremonia. También era importante no comprometer la practicidad y poder disfrutar en el baile, por lo que se planteó una propuesta convertible, pensando en que nuestra protagonista se quedara únicamente con la prenda sencilla de la base.
Anécdotas para no olvidar
María reside en Alicante y acudía a cada visita cuando acababan sus guardias de médico. Reconoce, con ello, que no estaba en su mejor momento. “ siempre iba con pocas horas de sueño y con mi peor cara y a los pocos días le tenía que preguntar a mi madre qué es lo que habíamos decidido porque lo tenía nublado en mi memoria. Tampoco quise hacerme fotos hasta la última prueba”. Esto último por recomendación de la diseñadora, que buscaba así no interferir en el proceso y generar nuevas dudas.
La selección de accesorios
“Desde antes de habernos prometido, lo único que tenía claro respecto a lo que me iba a poner era que quería llevar la mantilla que la madrina de mi madre le regaló para su boda y que tanto ella como mi hermana llevaron en sus bodas”, asegura.
A esta pieza se sumaron unos zapatos de Magrit, de color crema, que adquirió en su propia fábrica. Le encantaron, pero buscó también unos más cómodos para el baile: unas cuñas de Alhamas en color beis.
En lo referente a las joyas, la valenciana recurrió a unos pendientes con historia, que su padre le había regalado a su madre, de la joyería Antonio Valor, de Alcoy, su anillo de compromiso y una sortija, regalo de sus abuelos, con rubíes y brillantes. Pero el elemento clave de su look fue un broche muy especial, que llevaba en la cadera: “Es de mi madre y fue un regalo de mi abuelo paterno a mi madre el día de mi nacimiento, por lo que pude llevar a mis abuelos conmigo ese día. Con el broche y con el anillo, tanto mis abuelos maternos como paternos estuvieron a mi lado y me acompañaron el día de mi boda”.
Colores para el ramo de novia
Aunque María tenía dudas con respecto a su elección de moda, no las tuvo en lo que al ramo se refiere. Nuestra protagonista se define como una amante del color y por eso necesitaba ese toque en su gran día. “Cuando me reuní por primera vez con Claudia (de Atelier de la flor) le dije que quería un ramo fucsia y con tonos verdes (mis dos colores favoritos)”, relata. Esto se tradujo en las elegantes y solicitadas peonías de color fresa mezcladas con eucalipto. “Me chifló y muchísimas personas me dijeron ese mismo día lo original y bonito que les había parecido”, añade.
Tan solo faltaba la guinda del pastel: el look de belleza. Una de las primeras profesionales a las que contactó al prometerse esta novia fue a Gala Philippe, quien maquilló a su familia cuando se casó su hermana. Buscaba no sentirse disfrazada: “para mí era muy importante que me maquillara ella, porque sabe hacerlo muy natural pero dejarte ideal”. Acompañó este maquillaje natural con un moño de bailarina pulido, que aguantó todo el día.
Lo que la universidad unió
Cuando preguntamos a nuestra protagonista cómo llegó hasta este día, qué se esconde tras su historia de amor, nos revela que conoció a su ya esposo en época universitaria. Ella es de Alcoy, pero se trasladó a Madrid a estudiar la carrera de medicina y entre las clases y los bares surgió la chispa.
“Teníamos dos grupos de amigos diferentes porque los dos primeros años íbamos a clases diferentes; de hecho, no nos conocimos hasta tercero de carrera en la facultad, cuando empezamos a ir por primera vez a la misma clase. Desde entonces, hemos estado juntos, y tras hacer el examen MIR y tener que elegir la especialidad médica, al ver que no podíamos quedarnos los dos en Madrid, decidimos irnos a vivir juntos a Alicante para empezar nuestra nueva etapa más cerquita de la playa”.
María Barrachina Rico y Carlos de la Pinta Zazo llevaban ocho años juntos cuando se decidieron a dar el gran paso. Querían terminar la residencia antes de pasar por el altar y él, a pesar de la perspicacia de ella, logró sorprenderla. Fue un día en casa antes de salir a cenar. “Yo le había dicho que si la pedida era en un lugar público le tendría que matar y la verdad es que fue perfecto, no me lo esperaba para nada y me encantó. No tardaron en ponerse en marcha para buscar sus proveedores.
Jávea y una boda memorable
Esta estilosa novia describe la ceremonia como un acontecimiento de suma emotividad. Tuvo lugar en la Parroquia de San Bartolomé, en Alcoy, Alicante. “Gracias a Art i Arcs, pude entrar con una de mis canciones favoritas (To Build a Home de The Cinematic Orchestra), que no estaba en su repertorio, por lo que la entrada fue increíble para mí, al ver a Carlos en el altar”, señala.
"La familia de mi padre lleva veraneando en Jávea desde que él tenía seis años y para mí, que llevo viniendo aquí prácticamente desde que nací, a nuestra casa familiar, es mi lugar feliz donde he pasado veranos con toda mi familia y con mis amigos. Yo siempre tuve claro que quería casarme en Jávea y desde que Carlos lo conoció, no hizo falta convencerle mucho para que se enamorase tanto como yo de este pequeño paraíso en la Costa Blanca".
El banquete posterior se sirvió en la masía Casa Benigalip, que fascinó con sus escenarios y paisajes a los novios. Apostaron por servir el cóctel en una zona frente a la fachada principal, que les pareció la mejor carta de presentación y más tarde, la cena se dispuso bajo las moreras, "iluminadas con bombillas, lo que hizo que fuera una noche de ensueño". Lograron su objetivo de hacer que los invitados disfrutasen de buena comida y buena música.
Organizar con apoyo
María reconoce que desde el primer momento supieron que necesitarían ayuda con la organización de su boda. 300 invitados asistirían al enlace y para ello se dejaron asesorar por la hermana de la novia, que se había casado dos años antes en la misma ubicación. Repitieron con numerosos proveedores y contrataron a María, de Now Agencia, para la coordinación del día. "Fue una ayuda indispensable para que el día de la boda fuera todo cronometrado y saliera todo perfecto y sin agobios. Nos ha ido guiando durante todo el proceso con una calma y seguridad que hacía imposible no confiar al completo en ella", defiende nuestra protagonista.
Además de detalles tan divertidos como los tatuajes con cara de los novios y la ventaja de que ni el Real Madrid ni el Barça llegaran a la final de la Champions, hubo otra anécdota divertida que marcó la jornada. "Todo salió según lo previsto, aunque sí que tuvimos que retrasar un poco el planning inicial porque al salir de la iglesia, tanto nosotros en nuestro coche como nuestros invitados en los autobuses, estuvimos unos 20 minutos parados porque había una vuelta ciclista por el pueblo de la que no nos habíamos enterado", comparte.
"Después de la cena, Carlos y yo bailamos el vals de las flores de Tchaikovsky y yo no podía parar de reírme de la emoción. Además, después de unos minutos de bailar solos y con nuestros padres, se unieron el resto de invitados, por lo que fue un momento único, con casi 100 personas bailando el vals a nuestro lado".
Decoración a todo color
El paisaje mediterráneo inspiró la decoración de esta boda. El color fue clave en el montaje, con manteles en diferentes tonos de verde "y la decoración floral consistía en jarrones de barro con flores en diferentes tonalidades de rosas y naranjas, así como verdes". Incluyeron varios chill outs, de El Desván, pensando en la comodidad de los asistentes durante el aperitivo.
"El seating plan también estaba inspirado en estos colores y decidimos enumerar cada mesa y nombrarla con palabras bonitas en otros idiomas o emociones que representaran la relación que teníamos con los invitados de esa mesa en concreto, para así poder agradecerles su presencia en nuestra boda".
"Lo más especial del día fue el saber que todas las personas que queremos estaban acompañándonos ese día tan importante para nosotros, y verlos disfrutar con nosotros nos pareció único. Además, pensábamos que con tantos invitados Carlos y yo apenas nos veríamos en la boda, pero ambos guardamos el recuerdo de haber pasado casi todo el día juntos, por lo que lo hizo aún más especial".
Antes de poner el punto final al álbum de recuerdos de la valenciana, ella aprovecha para hacer una recomendación a futuras novias. Su consejo es contratar una wedding planner que pueda encargarse de coordinar la jornada y apostar por proveedores que inspiren confianza completa a los novios.
“Yo repetí muchos proveedores de mi hermana o de amigas mías porque había visto su resultado en bodas previas y no fallan, y para mí era muy importante poder delegar y confiar en ellos para poder disfrutar del día y la verdad es que así fue. Repetiría con todos y cada uno de los proveedores, sin ningún tipo de duda”, concluye.

































