Ana Boyer ha compartido unas fotografías que resumen el momento tan especial que está viviendo. Ha despedido el verano junto a algunas de sus amigas, entre ellas su hermana Tamara Falcó. “Cenas de verano con personas vitamina”, ha escrito la hija de Isabel Preysler junto a las imágenes de una velada en la que la moda vuelve a tener un papel protagonista. La escena llega después de unos meses especialmente familiares para Ana, que ha vivido su primer verano tras convertirse de nuevo en madre con el nacimiento de Mía.
El vestido blanco que potencia el bronceado
La elección tiene nombre propio: Eliane, de Charo Ruiz, un vestido corto de voile y guipur que resume buena parte del imaginario de la firma ibicenca. Ana lo lleva en una versión especialmente favorecedora sobre la piel bronceada, porque el blanco funciona aquí casi como un reflector: intensifica visualmente el contraste y hace que el tono dorado de la piel parezca todavía más luminoso.
El diseño reinterpreta la silueta corsetera desde una perspectiva mucho más ligera. Tiene escote bardot, dejando los hombros al descubierto, un cuerpo entallado que dibuja la cintura y una falda evasé que aporta movimiento. Las puntillas bordadas recorren diferentes zonas de la pieza y el voile de algodón consigue que, pese a su estructura, conserve esa sensación de frescura asociada a las noches estivales.
Hay además una interesante mezcla de códigos. El corsé remite a una feminidad más estructurada; las mangas y la falda suavizan esa lectura; y el encaje introduce una dimensión artesanal. Es precisamente esa combinación la que hace que el vestido pueda funcionar tanto en una cena junto al mar como en una ocasión más arreglada.
Sandalias, rafia y unas joyas casi invisibles
Los accesorios siguen la misma filosofía. En los pies lleva las Oran de Hermès, una de las sandalias más reconocibles de la casa francesa, en piel de becerro y con la característica H calada. Diseñadas por Pierre Hardy en 1997, se han convertido en uno de esos modelos estivales que sobreviven a las temporadas precisamente por su diseño minimalista.
El bolso mantiene esa conversación con el verano: una pequeña bandolera de rafia, uno de los materiales que más inmediatamente asociamos a los accesorios de vacaciones. Frente al blanco del vestido, aporta textura sin añadir peso visual.
Las joyas son todavía más discretas. Ana ha escogido un collar fino con una única perla, pendientes pequeños a juego y varias pulseras y brazaletes dorados.
Una noche entre hermanas
En las fotografías también aparece Tamara Falcó, que comparte con Ana una relación especialmente cercana. La marquesa de Griñón eligió para la ocasión un vestido de aire igualmente relajado, con escote bardot y hombros descubiertos, en un tejido rosado con estampado floral rojo. Los collares dorados y una coleta completaban su imagen.
El parecido entre ambas no está en vestir igual, sino en compartir una misma idea de elegancia: vestidos femeninos, hombros descubiertos, joyas doradas y una belleza poco recargada.
La última postal antes del otoño
Con septiembre ya instalado y la vuelta a la rutina en marcha, la fotografía tiene algo de despedida. Ana Boyer no necesita un gran vestido de fiesta para construir una imagen memorable: un diseño blanco de encaje, la piel bronceada, unas sandalias icónicas, rafia y una cena con las personas que considera esenciales.
Quizá por eso la frase que ha elegido resulta tan apropiada. Más que una fotografía de vacaciones, es una pequeña postal de cierre: el verano termina, pero quedan las personas, la familia y ese estilo mediterráneo que, en manos de Ana, todavía puede prolongarse un poco más.








