CASARSE EN SEPTIEMBRE

Una chaqueta de anticuario, joyas regaladas por su abuela y un ramo con el que homenajeó a su madre: la boda de María en Comillas


Cristina Martínez-Pardo Cobián, fundadora de la firma Navascués, fue la encargada de dar forma al traje de la novia


Vestido de novia de Navascués con chaqueta de anticuario© Mónica Ortega
Regina NavarroCoordinadora de ¡HOLA! Novias
30 de agosto de 2026 a las 19:31 CEST

A veces resulta difícil no creer que el destino tiene reservado algo para cada uno de nosotros. Álvaro apareció en la vida de María cuando ella atravesaba un momento muy complicado —su madre acababa de fallecer, llegó la pandemia…—. Lo hizo con las ideas muy claras y no tardó en convertirse en un pilar fundamental de su vida. "Fue como si me lo hubiera mandado mi madre", asegura la novia. Se dieron el 'sí, quiero' en septiembre en Comillas, en la iglesia de Santa María de los Ángeles, en San Vicente, y después se trasladaron a la Casería de la Mar, una finca que su marido había reservado un año antes de pedirle matrimonio.

Vestido de novia de Navascués con chaqueta de anticuario© Mónica Ortega

Un vestido de novia de dos piezas y una chaqueta antigua

Su vestido fue obra de Cristina Martínez-Pardo Cobián, fundadora de la firma Navascués. "La elegí porque es un valor seguro: profesionalidad, experiencia y un trato impecable desde el primer momento. Además, tenía un significado muy especial para mí, ya que mi madre también se hizo su vestido allí y mi abuela confeccionó su traje de mi boda a la vez que yo en Navascués, lo que hizo todo aún más emotivo y cómodo".

Vestido de novia de Navascués con chaqueta de anticuario© Mónica Ortega

Desde el primer momento, María tuvo claro que quería un traje compuesto por dos piezas —corpiño y falda con algo de vuelo—, que tuviera diferentes texturas y, sobre todo, contara con bordados y tejidos especiales, señas de identidad de la casa de costura. La base estaba clara, pero faltaba ese tejido especial que hiciera único su traje. "A mi hermana y a mí siempre nos ha apasionado el mundo de la moda y las telas especiales, y entre su boda y la mía hicimos casi un "máster". Visitamos anticuarios, proveedores de tejidos de novias y plataformas de segunda mano en busca de algún bordado antiguo o telas únicas para complementar el vestido, pero ninguna opción terminaba de convencernos". Pero un día, por casualidad, encontraron lo que estaban buscando.

Vestido de novia de Navascués con chaqueta de anticuario© Mónica Ortega

María nos cuenta que, por equivocación, otra novia había llegado a la misma hora para una prueba. Mientras la atendían, su hermana y ella esperaron en una sala del atelier en la que nunca habían estado. "Vi asomar bajo un plástico un pequeño trozo de bordado antiguo. Se lo enseñé a mi hermana y le dije: 'Esto es exactamente lo que llevamos buscando todos estos últimos meses'. Nos lo trajeron durante mi prueba y descubrimos que era una chaqueta de anticuario que Cristina había encontrado años atrás… y que, además, me quedaba perfecta". Y vieron en ese gesto una señal del cielo.

Vestido de novia de Navascués con chaqueta de anticuario© Mónica Ortega

De las joyas con historia al ramo regalo de sus amigas

Pero no solo el vestido estaba lleno de significado, también sus joyas. Todas las que llevó estaban relacionadas con su abuela, dueña de la joyería Presmanes. Los pendientes, una pulsera convertida en tiara y otra pulsera de brillantes, se los regaló ella. También llevó la sortija que los padres de Álvaro le regalaron en la pedida, diseñada entre su abuela, su suegra y su hermana.

Moño sencillo para novia© Mónica Ortega
Durante los preparativos, María llevó una bata bordada por Luneville que le regaló su hermana el día antes de la boda

María, que entró velada a la iglesia, llevó su melena recogida en un moño muy sencillo que realizó Nuria de Tu Pelu Estilistas, de Santander. "Lo repetimos un par de veces el mismo día de la boda hasta que quedó perfecto". Del maquillaje, muy natural, se encargó Leticia Gutiérrez, que trabaja en Bobbi Brown en Santander, y a la que la novia había conocido algunos años antes.

Novia a la entrada de la iglesia con su padre© Mónica Ortega

En cuanto al ramo, María buscaba algo divertido y moderno, que contrastara con la chaqueta antigua de su vestido. Raúl, de Seldeflores, lo hizo realidad. Fue un regalo de sus amigas Marta y Paula y lo acompañó con una cinta que llevaba la medalla de la Virgen del Recuerdo, regalo de sus amigas del colegio. 

Ramo de novia© Mónica Ortega

Una boda en Comillas en el mes de septiembre

Casarse en Comillas no fue una elección al azar. La familia de María es de Santander, la de Álvaro, de Cádiz. "Comillas es un lugar muy especial para mí, donde hemos pasado todos los veranos. Mi madre era de Santander y falleció hace unos años; está enterrada allí y de alguna manera quería sentirla cerquita ese día. Después de la ceremonia, Álvaro y yo pudimos pasar por el cementerio para dejarle mi ramo. Fue un momento muy íntimo y especial para los dos". 

A la salida de la iglesia© Mónica Ortega
Novia con sus invitadas© Mónica Ortega
Novia con sus invitadas© Mónica Ortega

De todos los detalles del gran día se encargaron ambos. Que la hermana de María se hubiera casado un año antes les ayudó mucho, también que su padre se encargue de organizar eventos corporativos. En realidad, no fue necesario decorar demasiado porque el entorno en sí era tan bonito que no lo requería. Pero hubo detalles muy especiales: la madre de Álvaro los ayudó a decorar la iglesia y cubrieron sus reclinatorios y asientos con telas antiguas de su familia; jugaron a poner nombres de mesas que enfrentasen cosas típicas del norte con otras típicas del sur, como por ejemplo, "cocido montañés vs. tortillita de camarones"; y Raúl, de Seldeflores, le ayudó a decorar la iglesia con flores blancas y verdes "y las mesas de la comida con árboles en los postes de la carpa y centros de mesa con flores coloridas y frutas".

Seating plan© Mónica Ortega
Decoración de bodas© Mónica Ortega

Aun así, la novia nos explica que para el día de la boda contaron con Semilla Eventos. "Estuvieron muy presentes durante todo el proceso, nos ayudaron a resolver todos los imprevistos, nos acompañaron a las visitas de la finca, iglesia, flores… y el propio día de la boda fueron fundamentales".

Vestido de novia de Navascués con chaqueta de anticuario© Mónica Ortega

Todas las bodas están llenas de anécdotas y la de María y Álvaro no fue una excepción. ¿La más divertida? El baile que hicieron las dos familias juntas. "Se unieron hermanos, padres, cuñados… bailamos Last Dance, de Donna Summer, y lo pasamos como enanos tanto en las clases previas como el día de la boda. 

Vestido de novia de Navascués con chaqueta de anticuario© Mónica Ortega

¿Y lo más especial de aquel día? "Todo, de principio a fin. Fue superespecial y lo repetiríamos mil veces. No solo el día de la boda, sino que todo el proceso ha sido superbonito. Hemos pasado momentos irrepetibles que forman recuerdos para toda la vida. Estar rodeados de tanta gente a la que quieres, dándolo todo y viviéndolo con la misma ilusión que tú, no lo olvidaremos jamás".