Hay viajes, compromisos y eventos que, sin esperarlo, pueden cambiar nuestra historia. Son momentos que se sienten como un regalo y que nos recuerdan que, a veces, solo hace falta un poco de paciencia para que todo encuentre su lugar. Para Paloma y Nicolás, todo comenzó en Mallorca, durante el cumpleaños de una amiga en común. Lo que parecía una simple coincidencia creció hasta convertirse en una historia de amor que ninguno de los dos esperaba. Un año después ya vivían juntos en Madrid y, cuatro años más tarde, se daban el 'sí, quiero' con el que comenzaban una nueva etapa.
La propuesta tuvo lugar en el paraíso mediterráneo en el que se conocieron y estuvo acompañada de unas palabras de Nicolás que, junto con el anillo —diseñado junto a su joyero de confianza—, convirtieron aquel día en uno de los recuerdos más bonitos de Paloma. Tras el compromiso, quisieron implicarse en cada detalle del gran día. "Nos encargamos personalmente de organizar todo porque queríamos disfrutar del proceso al máximo y tomar cada decisión juntos", añade la recién casada. Así, en junio de 2026 —una fecha ya especial para ambos al coincidir con el cumpleaños de Nicolás— celebraron su boda rodeados de las personas que más quieren.
Un vestido de inspiración rústica: combinación de texturas y distintos tonos de blanco
Paloma confió en María Barragán para dar forma a su look nupcial, compuesto por un vestido convertible y un velo de inspiración romántica. Desde el primer momento conectó con el equipo de la diseñadora, que la ayudó a dar forma a sus ideas y a imaginarse como novia. La propuesta combinaba la textura rústica de algunos tejidos con la ligereza de las gasas y distintos tonos de blanco, creando un juego visual muy especial. El resultado fue un vestido con un escote Bardot, mangas desmontables y una cola que permitía transformarlo a lo largo del día.
Los complementos que marcaron su look: piezas llenas de valor sentimental
Para el día de la boda, nuestra protagonista se decantó por complementos llenos de significado. Llevó joyas de mucho valor sentimental, entre ellas su anillo de compromiso, y unos zapatos que su madre le regaló incluso antes de que existiera el vestido. Como toque final, sumó una reliquia familiar que le prestó una de sus amigas: unos pendientes que combinaban rubíes y diamantes en forma de ojo de perdiz. "Fue un auténtico flechazo. Tenían mucha personalidad y, además, aportaban un punto especial al conjunto", nos explica.
Además de los accesorios, fue el ramo, diseñado junto a su florista, el encargado de poner las notas de color al conjunto. Se trataba de un diseño sencillo y ligero, pensado para complementar el vestido con naturalidad. En tonos blancos y verdes, la composición reunía algunas de sus flores favoritas y combinaba distintas variedades y alturas para conseguir un efecto orgánico y fresco, muy en sintonía con el estilo de la celebración.
Una propuesta luminosa que le permitía reconocerse en cada detalle
El maquillaje y el peinado estuvieron a cargo de Patrizio Niccolai, quien creó una propuesta fresca y luminosa con la que Paloma pudo sentirse ella misma. Para ello, trabajó una piel ligera y radiante, sombras en tonos tierra y rosados y un toque muy sutil de eyeliner marrón. Para el cabello, optó por un moño de bailarina —un peinado al que nuestra protagonista recurre con frecuencia en su día a día—, que despejaba el rostro y aportaba ese equilibrio entre sofisticación y naturalidad.
Del templo románico de la ceremonia al salón transformado con iluminación roja y bolas de espejo
La ceremonia religiosa tuvo lugar en la iglesia de Nuestra Señora de la Cerca, en Madrona, Segovia, un pequeño templo románico lleno de encanto donde los esperaban sus familiares y amigos. Allí, la pareja de recién casados recibió una sorpresa preparada por la madre de la novia: la actuación del coro Ágora de Segovia, formado por cuarenta personas. Sus voces acompañaron la misa y convirtieron aquel instante en uno de los recuerdos más especiales para los novios. Para decorar el templo, contaron con Gokce, que apostó por paniculata en el arco de entrada y en algunos puntos del interior.
La celebración posterior se trasladó a Finca Las Margas, escogida por la pareja gracias a su arquitectura, sus jardines y la personalidad de cada uno de sus espacios. Allí, el jardín principal acogió el cóctel; el claustro-invernadero, la cena; y uno de los salones de la casa, la fiesta. "Queríamos que toda la boda reflejara nuestra personalidad: una celebración elegante pero muy divertida, en la que nuestros invitados se sintieran como en casa y donde la prioridad fuera disfrutar", nos cuenta la recién casada. Con esto en mente, contaron con el apoyo de Jacaranda Events, que se encargó de coordinar toda la jornada.
La decoración también ayudó a conectar los distintos espacios de la finca. Gokce dio forma a las flores del cóctel y la cena, con composiciones de distintas alturas y mucho movimiento que aportaban color sobre el blanco de la mantelería y la vajilla clásica. Al caer la noche, Susana Freire transformó el salón en toda una discoteca inspirada en los clubes neoyorquinos, con iluminación roja y bolas de espejo suspendidas del techo y las paredes. "El resultado superó todas nuestras expectativas", recuerda nuestra protagonista.
Aunque la jornada estuvo llena de momentos únicos, Paloma guarda con especial cariño la mañana del enlace, cuando se arregló rodeada de su familia más cercana y compartió los nervios, las risas y la emoción de las horas previas.

















