De Sonsoles Ónega a Fabiola Martínez en la cena de Rafa Tarradas Bultó, una fiesta entre cuadros de Velázquez, historias del Tercer Reich y amor


El escritor presentó su última novela, 'El falsificador', en una velada para el recuerdo, rodeado de numerosos amigos


Sonsoles Ónega y Alejandra Prat en la presentación de la novela 'El falsificador'© Espasa
Luis NemolatoDirector especiales ¡HOLA!
18 de septiembre de 2026 a las 9:41 CEST

Oscar Wilde, que se pasaba la vida el pobre enunciando frases brillantes cuando su vida estaba hecha unos zorros, dijo algo así como  "La verdad rara vez es pura y nunca simple". Pero ay, amigo, ay si hubiera conocido a Rafa Tarradas Bultó. Estamos convencidos de que le habría dado una vuelta de tuerca a su aforismo. Que habría escrito por contra que una gran mentira puede ser balsámica, beatífica e incluso salvarte la vida. O que, a veces, aún sabiendas de una gran verdad —inmaculada y meridiana— puedes preferir callarla y ahogarte en tu propia mentira. De ese juego de espejos va un poco —solo un poco, porque aristas tiene a mansalva—, El Falsificador, su nueva y última novela histórica. La sexta ya, que este hombre va a best seller por año y lo de "best seller" es porque vende lo más grande y, ojito Dan Brown, sin olvidarse jamás del rigor histórico…. O no tanto, que aquí se ha inventado la existencia de un cuadro…. De Botticelli. Pero no adelantemos acontecimientos y si te parece, vamos primero al corazón de la historia para luego abandonarnos al rumor de las olas. O la espuma de la vida, es decir, a lo que estás viendo en tu pantalla: la fiesta con la que este escritor y periodista ha compartido su obra, sus obsesiones, sus historias y batallas con sus amigos ante los ojos atentos de un Velázquez, tres Goyas y un Greco. 

Rafa Tarradas Bultó presenta su nueva novela 'El falsificador'© Espasa
Rafa Tarradas Bultó presenta su nueva novela 'El falsificador'

Porque de eso también va su novela, en realidad, ese es el universo en el que transcurre: el arte. Un arte, en peligro en un momento crítico de la Historia, si es que el actual no lo es pareciéndose demasiado... Sin hacer —muchos— spoilers viajamos a través de casi 500 páginas (493 para ser exactos) a la Italia que acaba de ver cómo se publica Il Manifesto della razza. O lo que es lo mismo, las leyes antisemitas de 1938 que, como en la aliada Alemania, comenzaron vetando la entrada en bares y zapaterías a los judíos, para después, dejarles sin sus propiedades y, por su puesto, arrebatarles la vida en los campos de concentración de toda Europa —y también, de Trieste—. Porque hasta ese momento, los judíos formaban parte de la sociedad italiana. Y formaban también, familias. Familias con trabajos, con alegrías, dramas y recuerdos, que se ven obligados a dejar cuando asumen que su único destino es el exilio o la muerte. Obviamente, también sus tesoros, por poco o mucho valor que tuvieran. Es el caso de la familia Viel, la familia de su novela, con un retrato del Renacimiento que ha pasado de generación en generación y del que se ha encaprichado… El Führer. 

Sonsoles Ónega y Alejandra Prat en la presentación de la novela 'El falsificador'© Espasa
Sonsoles Ónega y Alejandra Prat

Y así, como ya hiciera en La Protegida, aunque dejando atrás los telares y las masías que le corren por las venas, Rafa Tarradas sale de Barcelona para encontrarse con la costa de enfrente, la de la Toscana italiana, pero vuelve a introducirse en la mente de una mujer de armas tomar para volver a hacer lo que mejor sabe: contarnos la Historia de los Hechos a través de las historias de las personas. Ella es Flavia, la única hija de los Viel, y con ella nos toca ahora recorrer pasillos entelados —los de los Uffizi por ejemplo— e impregnarnos del olor a aguarrás, a huevo y pigmentos… porque con un coraje muy transalpino ha trazado un plan para que Hitler no se salga con la suya: darle el cambiazo con una falsificación del lienzo. Para eso, necesita de alguien que sea capaz de pintar como el genio de La primavera o La Venus. Y el caso es que sí, lo conoce. Pero es español y, “peor aún” es un ex amante…

Cari Lapique © Espasa
Cari Lapique

Pero éste es solo el tronco de la novela, por las ramas y las raíces corren los intereses de la Cosa Nostra, los recelos del Vaticano, las guerrillas de la Resistencia, los rocambolescos juegos de los espías… Un relato trepidante en el que resuenan las fuentes de Il giardino dei Finzi Contini, el clásico de Giorgio Bassani; pero también las proclamas histriónicas de Mussolini en Una giornata particolare, de Ettore Scola, y por qué no, ese guión casi matemático de La migliore offerta de Tornatore… Pero también las voces de algunos amigos de nuestro autor. O mejor dicho, sus silencios como es el caso de Paloma Corsini que en la novela se convierte en Colomba Corsini, la dama del siglo XV que por arte de un truhán llamado Juan Rezola El Español tendrá un clon colgado en el número 16 de la Prinzregentenplatz, en Múnich. Exacto. El apartamento privado de Hitler donde viviría la condena de despertarse y acostarse delante de un cuadro sin ningún valor... Algo así como sí le ocurrió a Hermann Goring, al que Han van Meegeren le vendió un Vermeer cuando Vermeer no lo había ni imaginado nunca.

Fabiola Martínez en la presentación de la novela de Rafa Tarradas Bultó© Espasa
Fabiola Martínez

Rafa, muy al contrario de este terrible teutón, celebró esta noche su encuentro con la gente que lo quiere y que adora en otro lugar donde, alucina con la paradoja, ejerce su vida laboral un señor que descubrió la verdad -dos verdades, en realidad- sobre dos pinturas que habían sido consideradas obras pintadas "alla maniera di". Es decir, que querían imitar a un Velazquez y un Caravaggio cuando en realidad no lo eran… Y sin embargo, ¡sí! Es decir la Galería Colnaghi de la que su primo -aunque es el marido de su prima, Inés Bultó- Jorge Coll es socio y dueño. El anticuario que hace cinco años aparecía en las portadas de todos los periódicos de todo el mundo cuando asumió la gestión y estudio de la obra que ya es conocida como El Ecce Homo de Madrid, un cuadro que iba a ser subastado en Ansorena por 1500 euros como precio de salida y que, en realidad, era obra de Michelangelo Merisi, Il Caravaggio. 

Rafa Tarradas, rodeado de amigos, en la presentación de su libro en la galería de arte Colnaghi© Espasa
Rafa Tarradas, rodeado de amigos, en la presentación de su libro en la galería de arte Colnaghi

"Era un sleeper", nos dice Rafa dejándonos un poco el shock con el término. “De hecho así se llama el reportaje que le dedicaron a mi primo, porque ese es además “el sueño” de todos los anticuarios encontrar un “sleeper”, que es un cuadro que nadie sabe lo que es y que está ahí como con autenticidad dormida”. Y es que éste pudo ser este hecho el que le encendiera la bombilla a la hora de ponerse a escribir. O pudo ser también que Rafa Tarradas se ocupara de la galería de Helga Alvear cuando Carlos Urroz dejó la galería. O que en casa de sus abuelos "había un cuadro que pensábamos que era bueno. Y me ha contado mi abuela, que entonces tenían una casa muy grande en Barcelona pero en un compra de una casa mucho más pequeñita y en un traslado dijeron, este cuadro no pega nada, vamos a llevarlo a una subasta, que además ganaremos un dinerete porque es buenísimo…. Y resulta que cuando llegaron a la sala, les dijeron: señora, es una falsificación (risas). La ventaja de aquello es que no se vendió, es muy bonito y lo seguimos teniendo. Pero para que veas que al final las falsificaciones están un poco por todos lados”.

Javier Veiga en la presentación del libro© Espasa
Javier Veiga

Pero de aquel primer momento, quedan un torrente de palabras, muchas horas de estudio, de preguntas y de lecturas de los diarios de Ranuccio Bianchi Bandinelli, de quien nos dice Rafa que hemos publicado su palacio en Florencia -prometemos republicarlo- y que fue el guía al que le tocó la difícil tarea de hace run tour artístico a Hotel y a Mussolini por las grandezas italianas… Todo eso, para construir algo auténtico y único que, por qué no, pueda convertirse en una película. Y todo lo contrario a lo que hace el héroe de su novela basado en un falsificador real, del que se desconoce el nombre pero sí sus 200 réplicas -o por lo menos, las que se han documentado-. Un tipo que, como otros durante siglos, había descubierto que si tenías buen ojo (y buena mano), eras despierto y tenías poca paciencia en eso se convertirte en rico, podías dejar tu mundo interior y subirte al carro del de otros genios que ya tenían un nombre y vender obras tuyas como suyas. 

Si es que, hasta el propio Botticelli lo decía: "Con solo arrojar una esponja empapada en distintos colores contra un muro, esta deja en la pared una mancha, donde se ve un hermoso paisaje". El problema es que por muy buena que sea la ejecución, le falta la historia. "Cuando estás viendo el cuadro, ya no es solo el cuadro, la creación, el genio… es también toda la historia que tiene alrededor. En una falsificación todo eso no existe. Mira, muchas veces, cuando era pequeño, decía "si hubiese conocido a Picasso, le hubiese dicho que me firmase una servilleta y ahora… ¡sería millonario! (risas) A ver en realidad, una servilleta firmada por Picasso está fenomenal, pero es un autógrafo, no es arte, ¿sabes? La obra de arte necesita un esfuerzo y de una historia detrás. La falsificación te da solo un reflejo, te está contando una historia que en realidad no tiene. Te está mintiendo". 

Marta Hazas en la presentación de la novela 'El falsificador'© Espasa
Marta Hazas

Falta el relato. Y eso es lo que necesitaban escuchar las personas que acompañaron a Rafa esta noche. Sónsoles Ónega, Alejandra Prat, Cari Lapique, Marta Hazas y Javier Veiga, Fabiola Martínez... Periodistas, actores, presentadores… que viven de contar relatos y de escucharlos para reproducirlos y que no queden en el olvido. "Tengo gente a mi alrededor que escribe, que interpreta, que se pone delante de una cámara, que dirige… historias, que les gustan las historias. A mí me gusta al 100% que me cuenten cosas que no sé. Y todos los que estamos aquí las contamos. Somos gente curiosa por las cosas. Decía Carmen Posadas que un requisito imprescindible para un escritor es la curiosidad. Si no eres curioso, no puedes ser ni escritor ni periodista. Te tienes que quedar en casa y ya está. Pero también está el curioso que necesita que le cuenten cosas para vivir otras vidas…".

Siempre y cuando esas vidas hayan sido vividas después del siglo XVIII. Al menos, para escribirlas. "Mira, yo a partir de que ya se duchan y van bien vestidos. Ese trocito. De ahí para adelante. Mira, te diré que la Edad Media me interesa mucho y me divierte porque además creo que es mucho menos oscura de lo que se ha vendido siempre. Y seguro que en Altamira en taparrabos había historias pero… yo… yo me iría un poquito más adelante". Y a decir verdad, nosotros, para este reportaje y para hablar de looks en los pies de foto, te aseguramos que también lo agradecemos. Mogollón.