Son muchas las novias que necesitan orientación cuando comienzan el proceso de creación de su vestido. Y es justo en esa primera toma de contacto cuando el creativo en cuestión tiene que congeniar y comprender a la perfección a la futura recién casada. Es lo que le sucedió, en su boda entre San Sebastián y Francia, a Olimpia, quien confió en el trabajo de From Lista With Love, pero hasta tener claro su look final, el proceso no fue coser y cantar. “Tenía alguna idea suelta de lo que quería (exceptuando la tela, que la tenía clara), pero llegué bastante en blanco. Solo tenía claro que quería sentirme yo misma”, nos cuenta.
Las claves de su vestido de novia joya
A veces basta con hacer caso al instinto para acertar a la hora de escoger una firma nupcial. Nuestra protagonista tenía muy buenas sensaciones con el atelier madrileño y confirmó sus sospechas en persona. “Ya había visto algunos de sus trabajos y me encantaban, pero fue al conocerlos en persona cuando tuve clarísimo que quería que fuesen ellos”, recalca.
El proceso, reconoce, fue maravilloso. “Fue un gustazo trabajar juntos; todo fue fácil, fluido, y muy profesional. Supieron captar perfectamente cómo soy y lo que me gusta, y lo convirtieron en un vestido de novia que me representaba al 100%”, revela. El diseño contaba con una silueta ajustada, mangas largas y un espectacular tejido calado.
La exquisitez en un buen tejido
Lo que hacía verdaderamente especial el estilismo de esta novia era, sin duda, la tela que lo componía. Además de su espectacularidad, pues estaba elaborada con pedrería, contaba con una historia muy especial detrás. “Mi padre se había dedicado hace años al mundo del diseño de vestidos de novia y cuando le conté que me casaba me dijo que me mandaría ‘algo’. A los días me llegó una caja que ponía: ‘Tela de novia Olimpia’. La había guardado durante casi 30 años, con su etiqueta original… ¡en pesetas! Era una tela preciosa, muy especial, y decidí que quería hacer todo el vestido con ella”, recuerda.
Desgraciadamente, su padre no pudo estar presente en su gran día, “pero fue una manera de tenerlo presente. Maca y Zuma, cuando conocieron la historia y vieron la tela, se volcaron por completo. Supieron cuidarla, entenderla y convertirla en una auténtica obra de arte”, comparte Olimpia.
Cita tras cita, nuestra protagonista acudía al taller tranquila e ilusionada, pues fueron momentos de entendimiento mutuo y mucho encanto. “Me divertí muchísimo en cada prueba y estaba muy relajada. Siempre iba con mi madre, que me guió a las mil maravillas y nos hacía reír con sus ocurrencias, nos lo pasábamos genial en cada cita. Creo que por eso lograron captar exactamente lo que yo quería en ambos vestidos, porque hubo muy buena sintonía desde el principio, nos caímos muy bien de manera natural y fue un lujo todo el proceso”, asegura.
Un segundo vestido, para el baile
Buscando una solución más ligera y práctica para el momento de la fiesta, Olimpia llevó un segundo look a medida. “Decidimos hacer otro, que no tenía nada que ver con el primero, pero que era igual de bonito. Mucho más liviano y perfecto para bailotear con total libertad”, apunta. Era una pieza sencilla, con escote asimétrico, silueta ajustada y corte cut-out en la cintura.
Junto a su primer estilismo lució un velo de tul clásico. Aunque al principio dudaron sobre incorporar este accesorio, finalmente se decidieron por él y el resultado les encantó. A ello añadió unos pendientes y un anillo familiares y unos zapatos de Jimmy Choo.
De una misma flor
El ramo que escogió esta novia vasca fue un diseño floral de tallo largo, atemporal y a la vez de tendencia, compuesto por una misma flor. “Lo hicimos entre mi madre, David (de Escapo, que es quien nos hizo la decoración de la boda) y yo. Era un ramo de rosas de distintos tamaños, en tonos rosados y beige. Lo atamos con un retal del vestido”, revela.
El detalle que completaba el estilismo fue un peinado sencillo, con el que presumió de melena. Al igual que el maquillaje, el cabello fue un trabajo de Xenia Tió. “Fue un placer trabajar con ella. Elegimos un maquillaje muy natural y fresco y llevé el pelo suelto, intentando respetar mi onda de pelo natural, porque al final es lo que más me representa”, nos explica.
Su historia de amor
Olimpia Montemayor y Nacho Rey se conocieron de vacaciones en Tarifa, Cádiz. En este lugar surgió una chispa que los llevó hasta el altar. Tras cuatro años de amor, se decidieron a dar el gran paso. “En febrero de 2024, Nacho decidió empezar a preparar el momento en el que me lo pediría. Él mismo diseñó el anillo, organizó un viaje al sitio donde nos cocimos y me pidió matrimonio en un sitio cerca del mar. Fue muy bonito e íntimo”, relata.
La boda llegó el 14 de junio y tuvo como escenario San Sebastián, tierra de la novia. La iglesia de San Vicente acogió la ceremonia religiosa, que ella describe como preciosa. “La música fue interpretada por un tenor acompañado del coro, que tuvimos la suerte de que fuese dirigida por el mismo director del coro donde cantaba en mi infancia”, dice nuestra protagonista.
El banquete se desarrolló al otro lado de la frontera, en Francia. La pareja escogió Château d’Abbadie, donde desarrollaron el aperitivo al aire libre, en sus jardines, con vistas al castillo y al mar. “Fue Nacho quien lo descubrió, y en cuanto lo vimos supimos que era el sitio donde celebraríamos la boda. Es un lugar que parece sacado de un cuento, en el que hasta hace muy poco no se celebraban eventos de tanta gente y fuimos muy afortunados de poder celebrarlo allí”, desvela.
“El traslado desde la iglesia hasta el Château lo hicimos con un espectacular Citroen 11 Cabrio del año 1938, del cual sólo quedan 400 unidades en el mundo, proporcionado por la empresa Classic Road Trips Toledo. El baile y la fiesta lo hicimos en un caserío colindante con mucho encanto llamado Aguerria y contaba con todo lo necesario para que la fiesta fuese por todo lo alto”.
Organizar con apoyo
Cuando consultamos a Olimpia cómo fueron los preparativos de su enlace, nos revela que intensos, pero en ellos se implicaron ambos miembros del futuro matrimonio. Además contrataron a Martina por el norte: “María Oronoz y Helena Fombellida estuvieron al pie del cañón, guiándonos en todo el proceso para que todo saliese perfecto”.
“Lo más especial fue poder compartir ese día con la gente que queremos. Sentir el calor de tu familia y amigos en un día así no tiene precio. Nacho perdió a su madre recientemente y hubo varios momentos muy emotivos, en especial durante la misa, cuando su hermano Héctor dedicó unas palabras en su recuerdo”.
Para la decoración de su enlace, Olimpia y Nacho se mantuvieron fieles al estilo de boda que buscaban. Se decidieron por una celebración al aire libre, por lo que contrataron carpas de inspiración ‘tipi’ indio, “para que, además de dar un toque estético al lugar, pudiésemos estar resguardados en caso de lluvia”. De la creación floral, desde la iglesia al convite, se encargó Escapo, floristería a la que los novios propusieron un resultado sobrio y elegante.
Las anécdotas del día
“Fue muy divertido el trayecto con el coche clásico. Nacho tuvo que familiarizarse con él unos días antes y aprender a conducirlo. Fue toda una aventura llegar hasta Hendaya desde San Sebastián. La dirección de aquellos coches es muy dura y el cambio de sus tres marchas se realizaba desde el volante. Por suerte, fuimos previsores y pusimos la capota justo antes de salir de San Sebastián, ya que durante el trayecto a Hendaya empezó a llover y aquellos limpiaparabrisas antiguos, accionados con una ruleta pegada al cristal, no eran muy eficaces y la visibilidad era un poco complicada en medio de la autopista… ¡pero nos reímos muchísimo!”.
Por último, hay otro recuerdo que los invitados guardan en su corazón. “Un momento inolvidable fue en el que Nacho salió a cantar varias canciones junto a su amigo Jaime y el grupo de música”, rememora.
Antes de terminar, Olimpia recomienda a las parejas que se van a casar próximamente que apuesten por una organización en calma. “Que confíen en la gente que les está ayudando y sobre todo que disfruten de todo el proceso, que, aunque a veces sea estresante, es algo muy bonito”, concluye.






























