HISTORIA DE LA MODA

El vestido más importante del armario femenino cumple 100 años y sigue siendo imprescindible


Con el respaldo de Kendall Jenner y Alexa Chung, el 'little black dress' reafirma su lugar como símbolo eterno de estilo un siglo después de su creación


El vestido más importante del armario femenino cumple 100 años y sigue siendo imprescindible© Getty Images
7 de mayo de 2026 a las 13:00 CEST

Los últimos looks de Kendall Jenner, Lily Collins o Alexa Chung en eventos, entre los de muchas otras, confirman que hay fórmulas que no necesitan reinventarse para seguir siendo relevantes. Lo que funciona, perdura. Las siglas LBD condensan un icono cultural. Vestido negropetite robe noire… llámalo como quieras: su poder permanece intacto.

Alexa Chung© Getty Images
Alexa Chung

Un siglo del minivestido negro ('LBD') 

Aunque su origen se remonta a la época victoriana -la propia reina Victoria vistió de negro durante 40 años tras la muerte del príncipe Alberto-, fue en 1926 cuando Gabrielle Chanel publicó el boceto de un sofisticado vestido negro de cóctel que se convertiría, hace exactamente un siglo, en símbolo de liberación y sensualidad femenina. Lo tituló “Chanel’s Ford”, en referencia a su deseo de que esta prenda fuese tan democrática como los coches Ford de la época. 

Chanel relajó la silueta rígida de los vestidos y, en ese nuevo contexto, el LBD encontró el terreno perfecto para extenderse.  Democratizó la elegancia y se convirtió en la baza más poderosa del armario femenino.

Marilyn Monroe en 1950© Getty Images
Marilyn Monroe, en 1950.

A partir de ahí, todos los grandes diseñadores quisieron reinterpretarlo: Jean Patou, Yves Saint Laurent, Hubert de Givenchy y su inolvidable diseño para Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes (1961)… Todos compartían un mismo objetivo: crear la pieza más sencilla y neutra del vestidor, y aun así la más elegante y "todoterreno". Esta silueta clásica solía caer a la altura de la rodilla, justo por encima o ligeramente por debajo.

Catherine Deneuve con un vestido negro de la colección Rive Gauche de Yves Saint Laurent, en 1966.© Getty Images
Catherine Deneuve con un vestido negro de la colección 'Rive Gauche' de Yves Saint Laurent, en 1966.

Si Chanel lo inventó y Hepburn lo inmortalizó, Lady Di lo convirtió en un arma. El 29 de junio de 1994, mientras el príncipe Carlos confesaba públicamente su infidelidad, Diana aparecía en un acto en la Serpentine Gallery de Londres con un vestido negro ajustado de hombros descubiertos y escote corazón y una actitud que lo decía todo. Aquel diseño de Christina Stambolian pasó a la historia como el “vestido de la venganza”. No solo era un look: era un mensaje de control de la narrativa. Diana no habló, porque no hizo falta. El vestido lo hizo por ella. Ese momento marcó un antes y un después en la cultura popular y reforzó la idea de que el vestido negro es mucho más que una prenda, es un lenguaje.

Diana de Gales en 1994.© Getty Images
Diana de Gales, en 1994.

En plena era de la viralidad y de las tendencias efímeras, resulta sorprendente comprobar cómo los rostros más influyentes de Hollywood y la pasarela siguen apostando por esta fórmula sencilla e infalible. La estilista Benedetta Perazzo reflexiona así sobre el fenómeno:

Carolyn Bessette-Kennedy en 1998.© Getty Images
Carolyn Bessette-Kennedy, en 1998.

“Creo que es, en parte, una reacción natural. Después de años de looks pensados para generar impacto inmediato -casi más para la pantalla que para la vida real-, empieza a sentirse una vuelta hacia algo más esencial. Referentes como Carolyn Bessette-Kennedy siguen siendo actuales porque representan una elegancia basada en la precisión, no en la cantidad. El LBD encaja perfectamente en esa idea: líneas limpias, buenas proporciones, materiales de calidad. Es una forma de construir un look sin exceso, pero con intención. Y también hay algo más: hoy se valora cuando la ropa deja espacio a la persona. Y el vestido negro hace exactamente eso”.

Kendall Jenner.© Getty Images
Kendall Jenner.

La fuerza del LBD radica en su simplicidad. Funciona porque es una base perfecta, un lienzo en blanco que se adapta al estilo y personalidad de quien lo lleva, no al revés. Es una elección segura, clara, que no necesita justificación. Y lejos de resultar aburrido, su magia está en la estrategia: elegir los accesorios adecuados.

Anne Hathaway© Getty Images
Anne Hathaway

Para Benedetta, la clave no está en sumar, sino en afinar: “Siempre empiezo por la base: un buen zapato y una chaqueta o abrigo que acompañe la silueta. Eso ya transforma el resultado. A partir de ahí, los accesorios funcionan mejor cuando reflejan el estilo personal. Puede ser una joya especial, un bolso con carácter o un maquillaje más definido, pero sin recargar. No creo en transformar el LBD con demasiados elementos, sino en perfeccionarlo. A veces, un solo gesto -una sandalia limpia, un labial preciso, una textura interesante- es suficiente para que todo funcione”.

Lilly Collins.© Getty Images
Lilly Collins

Un siglo después de Chanel, el vestido negro sigue siendo el comodín más inteligente del armario femenino. No compite con tendencias, no envejece, no exige. Simplemente funciona. Y en un momento en el que la moda oscila entre el exceso y la inmediatez, el LBD recuerda algo esencial: la verdadera elegancia no necesita ruido, solo intención.

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