Los desfiles Crucero de Chanel siempre nos invitan a soñar con destinos extraordinarios, desde Los Ángeles a Mónaco, pero la elección de esta temporada destila un simbolismo profundo que confirma la nueva dirección que toma la casa tras el nombramiento de Matthieu Blazy como director creativo el pasado año. Para presentar su colección Crucero 2027, la maison ha apostado por un escenario que se siente orgánico y necesario: Biarritz. Y es que es imposible entender el legado de la doble C sin este rincón costero del País Vasco francés, donde todo comenzó (realmente) para su fundadora.
Durante los convulsos años de la Primera Guerra Mundial, Biarritz se erigió como el refugio dorado de la burguesía parisina, aristócratas y exiliados europeos. En este vibrante ecosistema aterrizó Gabrielle Chanel y se instaló junto a su gran amor, Arthur 'Boy' Capel, a quien Blazy rindió homenaje en su aclamado debut a través de unas camisas diseñadas con la antigua camisería Charvet.
Instalada cerca del Casino, sobre la Grande Plage, donde se ha celebrado este martes el desfile, la diseñadora alquiló a la viuda del conde Tristán de l'Hermita la icónica Villa Larralde, una propiedad que terminaría comprando gracias a su rotundo éxito.
Aunque Gabrielle ya había dado sus primeros pasos vendiendo sombreros en París (1910) y abriendo una boutique en Deauville (1912), fue exactamente en Biarritz, en el año 1915, donde configuró la estructura real de su Maison de Couture. Como bien apunta Bruno Pavlovsky, presidente de Moda de Chanel, la ciudad funcionó como su "primer laboratorio de Alta Costura". Fue allí donde Coco tuvo su gran revelación: la ropa debía adaptarse al cuerpo de la mujer, y no a la inversa.
Rompiendo con la rigidez de la época, ideó faldas ligeras, chaquetas fluidas y apostó por tejidos que permitían una libertad de movimiento absoluta para el día a día. Un siglo después, ese mismo espíritu libre y revolucionario es el que ha vuelto a desfilar frente al mar, con sus musas convertidas en sirenas.
Los accesorios, desde los gorros hatsa las sandalias de verano, recrean motivos marinos con una imaginación enternecedora y propia de la infancia. En este juego, el diseñador también ha incorporado bordados y estampados de peces y corales sobre los vestidos, las chaquetas y los tops, una decisión que lejos de ser casual, ratifica su intención de desmarcarse del legado de Karl Lagerfeld para ir trazando un camino completamente distinto, poco a poco, desfile a desfile.
El front row ha reunido a una constelación de embajadoras y amigas incondicionales de la maison, en la que hemos podido ver a una elegantísima Nicole Kidman, de negro y con un sensual escote en la espalda, compartiendo confidencias con Carlota Casiraghi y a otras conocidas musas de la firma francesa, como Marion Cotillard y Tilda Swinton. El acento español lo ha puesto, entre las invitadas, la actriz Bárbara Lennie, mientras que sobre la pasarela hacía lo suyo la supermodelo Laura Ponte, quien ya parece haberse ganado la confianza de Blazy, pues se trata de su tercer desfile de la mano del director belga en solo siete meses.








































































