La cantante Shakira vuelve a poner el foco en la infancia y en lo que de verdad importa. En una entrevista con People, la artista reflexiona sobre el ritmo frenético que rodea a los más pequeños y la necesidad urgente de devolverles espacios de calma, libertad y juego. “Vivimos en un mundo que exige mucho a los niños hoy en día, así que intento preservar la infancia y encontrar todas las ideas posibles para que jueguen porque eso es lo que deberían estar haciendo”, confiesa.
La artista colombiana, que compagina una agenda internacional con la crianza de sus pequeños Milan y Sasha, reivindica así un mensaje que resuena entre muchas familias: proteger el tiempo de juego no es un lujo, sino una forma de cuidado. Su declaración, sencilla y contundente, vuelve a situarla como una madre que observa, escucha y se adapta, recordando que, incluso en medio del éxito, la prioridad sigue siendo la misma: que sus hijos puedan crecer siendo niños. Sobre la importancia de ese tiempo de calidad y de juego para los más pequeños, hemos tenido la ocasión de hablar con María Aguirre Munárriz, psicóloga sanitaria, experta en Inteligencia Emocional, Infancia y Atención Temprana.
¿Piensa que vivimos en una época que exige demasiado a los niños? ¿Qué tipo de presiones son las más frecuentes?
Sí. En muchos casos, estamos viendo una infancia sometida a niveles de exigencia bastante poco acordes con su etapa evolutiva. Los niños reciben presiones académicas cada vez más tempranas, agendas muy estructuradas, expectativas elevadas de rendimiento y una exposición constante a comparaciones también a través de las redes sociales y también el entorno digital. Aunque las intenciones suelen ser positivas, a veces olvidamos que los niños necesitan tiempo para explorar, equivocarse, descansar y simplemente ser niños. El desarrollo saludable no depende solo de aprender más, sino también de disponer de espacios para jugar, relacionarse y crecer a su propio ritmo.
¿Hasta qué punto las agendas llenas de actividades pueden robar espacio a la infancia?
Las actividades extraescolares pueden ser muy enriquecedoras cuando responden a los intereses del niño y mantienen un equilibrio adecuado. El problema aparece cuando cada momento de la semana está planificado por los adultos. Cuando los niños pasan de una actividad a otra sin apenas tiempo libre, pierden oportunidades valiosas para desarrollar creatividad, autonomía, capacidad de iniciativa... La infancia necesita momentos no dirigidos, porque es precisamente ahí donde surgen nuevos aprendizajes fundamentales.
Los niños reciben presiones académicas cada vez más tempranas, agendas muy estructuradas, expectativas elevadas de rendimiento y una exposición constante a comparaciones
¿Por qué el juego no es un lujo ni un entretenimiento, sino una necesidad básica para el desarrollo infantil?
Porque el juego es el lenguaje natural de la infancia. A través del juego, los niños desarrollan habilidades cognitivas, emocionales, sociales y motoras. Aprenden a resolver problemas, a negociar, a cooperar, a tolerar la frustración y a comprender el mundo que les rodea. Cosas muy importantes para la vida adulta. La evidencia científica muestra que el juego no es una actividad secundaria, sino que es una de las principales herramientas a través de las cuales el cerebro infantil aprende y se desarrolla. Esto también me parece fundamental.
¿Por qué el aburrimiento también es importante y cómo favorece el juego creativo?
En una sociedad acostumbrada a la estimulación constante, solemos interpretar el aburrimiento como algo negativo. Sin embargo, cuando un niño dispone de momentos en los que no tiene una actividad predeterminada, su cerebro empieza a buscar alternativas: inventa historias, crea juegos, explora posibilidades y desarrolla su imaginación. El aburrimiento puede ser el punto de partida de la creatividad. No es un problema que debamos resolver inmediatamente, sino una oportunidad para que los niños generen sus propios recursos internos.
¿Puede el juego ser una herramienta para reducir estrés y ansiedad en la infancia?
Sin duda. El juego proporciona un espacio seguro donde los niños pueden liberar tensión, expresar preocupaciones y recuperar la sensación de control. Además, durante el juego se activan emociones positivas que favorecen el bienestar psicológico y ayudan a regular la respuesta al estrés. Por esto, en muchísimas intervenciones psicológicas con niños, el juego se utiliza como una herramienta terapéutica fundamental para comprender y gestionar aquello que les preocupa.
¿Cómo ayuda el juego a los niños a gestionar emociones como la frustración, la rabia o la tristeza?
El juego ofrece experiencias emocionales reales en un entorno seguro. Cuando un niño pierde una partida, espera su turno o afronta una dificultad durante el juego, tiene la oportunidad de practicar habilidades de regulación emocional. Aprende que puede sentirse frustrado y seguir adelante, que los conflictos tienen solución y que las emociones desagradables son parte natural de la experiencia humana. Es un entrenamiento emocional continuo y adaptado a su nivel de desarrollo.
El juego proporciona un espacio seguro donde los niños pueden liberar tensión, expresar preocupaciones y recuperar la sensación de control
¿Qué papel tiene el juego en la construcción de la autonomía y la autoestima?
Cuando juegan, los niños toman decisiones, experimentan, prueban estrategias y comprueban por sí mismos de qué son capaces. Cada pequeño reto superado favorece su sensación de competencia. La autoestima saludable no surge de escuchar constantemente lo que hacen bien, sino de vivir experiencias en las que descubren que pueden afrontar desafíos y resolver situaciones por sí mismos. El juego ofrece precisamente ese contexto de aprendizaje y confianza.
¿Qué aporta el juego compartido con los padres o cuidadores a la relación afectiva?
El juego compartido fortalece el vínculo emocional de una manera muy especial. Cuando los adultos se implican en el juego, el niño recibe un mensaje muy poderoso, entre comillas: "Estoy contigo, te escucho y disfruto de tu compañía". Estos momentos favorecen la conexión afectiva, mejoran la comunicación y generan recuerdos compartidos que contribuyen al sentimiento de seguridad emocional. No se trata de jugar muchas horas, sino de estar presentes y disponibles durante esos momentos.
¿Piensa que los niños juegan menos hoy que hace una o dos generaciones?
En términos generales, sí. Los niños actuales disponen de menos tiempo para el juego libre, especialmente al aire libre y sin supervisión constante de adultos. Factores como el aumento de actividades organizadas, uso de pantallas, cambios en los estilos de vida familiares, por supuesto, y una mayor preocupación por la seguridad, han reducido estas oportunidades. Sin embargo, no se trata de idealizar el pasado, sino de reflexionar sobre cómo podemos recuperar espacios de juego espontáneo que sigan siendo esenciales para el desarrollo infantil y el bienestar emocional.






