La protagonista de esta historia es Nina, una niña risueña que disfruta de muchas cosas, pero cuando llega el momento de elegir, las dudas aparecen y su brillo parece desaparecer. No está sola. Es algo que no solo le pasa a esta pequeña. Lo sabe Cori Cuenca (@entrepetits), maestra de Educación Infantil y educadora, que acaba de presentar Mi brillo, un libro que nace con el objetivo de acompañar a la infancia en el desarrollo de aspectos tan importantes como la autoestima, la toma de decisiones y la confianza personal. Ella misma nos lo cuenta.
¿Qué la llevó a escribir este cuento y por qué decidió centrarlo en la autoestima de los niños?
La propuesta inicial vino de la editorial, que me animó a escribir sobre autoestima. Y enseguida sentí que tenía todo el sentido del mundo porque es algo que veo cada día en el aula.
Yo no hablo desde la teoría, no soy psicóloga infantil, sino desde lo que vivo como maestra: niños muy pequeños que empiezan a decir ‘no puedo’, que se frustran, que dudan de sí mismos…
Aunque la autoestima como concepto aparece más adelante, las bases se construyen desde mucho antes. Desde que nacen, a través de cómo les miramos, cómo les hablamos y cómo les acompañamos en lo que viven, van construyendo su autoconcepto y, poco a poco, su autoestima.
Por eso este cuento no busca que los niños aprendan a decir que pueden con todo, sino algo mucho más importante: entender que hay cosas que dan miedo, que no siempre salen a la primera, y que acompañar ese miedo e intentarlo por uno mismo también forma parte del proceso.
Hay niños que crecen sintiendo que “no son suficientes”, que no encuentran su brillo. ¿Qué mensaje esencial quería que este cuento les dejara grabado?
Más que decirles que son suficientes, quería que sintieran que no tienen que demostrar nada para serlo.
En el aula veo muchos ‘no puedo’ que no hablan de capacidad, sino de miedo o de frustración. Y ahí es donde creo que los adultos tenemos un papel muy importante: no empujarles a hacerlo perfecto, sino acompañarlos mientras lo intentan.
El mensaje del cuento es precisamente ese: que el brillo no aparece cuando todo sale bien, sino cuando, a pesar del miedo o de la duda, se atreven a intentarlo. Y que ese proceso, aunque sea pequeño, ya tiene muchísimo valor.
Los niños tienen que entender que hay cosas que dan miedo, que no siempre salen a la primera, y que acompañar ese miedo e intentarlo por uno mismo también forma parte del proceso
En el cuento, ¿qué papel juegan las emociones?
Las emociones en el cuento tienen un papel muy importante porque son las que van guiando todo el proceso de Nina.
No es una historia donde todo le sale bien desde el principio, sino todo lo contrario: aparece el miedo cuando tiene que cruzar sola, la duda cuando no sabe qué camino elegir, la inseguridad cuando siente que necesita a Trol a su lado…
Para mí era importante dar valor a todas esas emociones porque son las que viven los niños de verdad en su día a día. No están para quitarlas rápido ni para cambiarlas, sino para entenderlas y atravesarlas.
Y es precisamente cuando Nina pasa por ellas -cuando se atreve a ayudar, a intentarlo, a decidir- que empieza a descubrir su propio brillo.
¿Qué rasgos del personaje protagonista cree que ayudan a los niños a verse reflejados?
Creo que lo que hace que los niños se vean reflejados en Nina es precisamente que no es un personaje perfecto, que tiene las mismas dudas que ellos.
Es una niña a la que le cuesta decidir, que duda, que tiene miedo a equivocarse y que, en muchos momentos, siente que necesita a alguien que lo haga por ella. Y eso es algo muy real en la infancia.
Nina es un personaje que vive emociones. Y eso acerca muchísimo a los niños al personaje.
En el aula lo veo constantemente. Cuando una historia es neutra, su expresión casi no cambia. En cambio, cuando aparecen emociones —y más si el protagonista es un niño o una niña como ellos—, conectan de otra manera. Se les ve en la cara, en cómo escuchan, en cómo reaccionan…
Y ahí es donde realmente pueden ponerse en el lugar del personaje y sentirse parte de lo que está pasando.
¿Qué errores cree que cometemos los adultos —sin querer— que pueden minar la autoestima de un niño?
No es que lo hagamos mal, es que a veces hacemos demasiado por ellos.
En el día a día, por ir rápido o por querer ayudar, tendemos a hacer cosas por ellos que sí podrían intentar solos, a corregir antes de tiempo o a centrar mucho la atención en el resultado en lugar del proceso.
También pasa cuando minimizamos lo que sienten —‘no es para tanto’, ‘venga, si es muy fácil’— o cuando, con buena intención, comparamos o exigimos más de lo que pueden sostener en ese momento.
Todo esto, poco a poco, puede hacer que el niño dude de sí mismo.
¿Cómo puede un cuento convertirse en una herramienta real para fortalecer la autoestima en casa o en el aula?
Para mí, los cuentos son una herramienta muy potente porque permiten hablar de cosas que, en el día a día, a veces cuesta abordar directamente.
Cuando se lo decimos los adultos, muchas veces se queda en una indicación o en una norma. En cambio, a través de un cuento, los niños no sienten que se les esté corrigiendo, sino que se identifican con lo que le pasa al personaje.
En el aula lo veo mucho. Hay momentos en los que, por más que lo expliques, no acaba de calar. Pero cuando aparece una historia donde un personaje siente, se equivoca o actúa de cierta manera, lo entienden desde otro lugar.
No se trata de que se digan que pueden con todo, sino de que, desde pequeños, ellos sientan que tienen el espacio, el tiempo y la confianza para intentarlo.
¿Qué señales piensa que indican que un niño necesita reforzar su autoestima?
Más que hablar de falta de autoestima como algo concreto, creo que hay pequeñas señales en el día a día que nos pueden indicar que un niño necesita más acompañamiento.
En el aula, por ejemplo, lo veo mucho en esos ‘no puedo’ que aparecen muy rápido, en evitar intentar cosas nuevas por miedo a equivocarse o en necesitar constantemente la validación del adulto para decidir.
También puede verse en niños que se frustran con mucha intensidad cuando algo no les sale o que se comparan mucho con los demás.
No son señales para alarmarse, sino para mirar más de cerca qué hay detrás. Muchas veces no hablan de capacidad, sino de cómo se sienten.
¿Qué importancia tiene que los niños aprendan a hablarse bien a sí mismos?
Es muy importante, y especialmente en las primeras etapas de la vida, aunque a veces pueda parecer que son demasiado pequeños para darse cuenta.
El diálogo interno no aparece de golpe en cierta edad, empieza a construirse desde el nacimiento, a través de cómo les hablamos, cómo les miramos y cómo les acompañamos en su día a día.
En estas primeras edades no se dicen aún ‘me hablo bien o mal’, pero sí empiezan a sentir si son capaces, si pueden intentarlo o si necesitan que alguien lo haga por ellos.
Por eso esta etapa es tan importante. Porque muchas de las bases que vemos más adelante —la confianza, la seguridad o ese ‘no puedo’— empiezan aquí, en lo más cotidiano y en los primeros vínculos.
No se trata de que se digan que pueden con todo, sino de que, desde pequeños, sientan que tienen el espacio, el tiempo y la confianza para intentarlo.
En su opinión, ¿qué necesitan hoy los niños para crecer con una autoestima sana en un mundo tan exigente y comparativo?
Creo que, en un mundo tan exigente y comparativo, los niños necesitan tres cosas: tiempo, confianza y acompañamiento.
- Tiempo para hacer las cosas a su ritmo, para equivocarse y volver a intentarlo.
- Confianza, no solo en lo que hacen, sino en quiénes son, sin tener que demostrar constantemente que pueden con todo.
- Y acompañamiento: adultos que estén presentes, que no corrijan desde la prisa, sino que sostengan también el error, la frustración o la duda.
¿Qué le gustaría que sintiera un niño cuando cierre el libro por primera vez?
Me gustaría que al cerrar el libro pensara: ‘¿Podemos volver a leerlo?’ Los niños necesitan repetir, volver a escuchar las historias, porque es así como las entienden, las integran y se sienten seguros dentro de ellas.
Igual que la autoestima no se construye de un día para otro, un cuento tampoco se interioriza en una sola lectura. Necesitan tiempo, volver a él, reconocerse cada vez un poco más.
Para mí, que un niño quiera repetir la historia es el mayor regalo, porque significa que le ha llegado, que se ha visto reflejado y que, poco a poco, ese mensaje empieza a formar parte de él.







