Los niños y adolescentes de hoy crecen viendo en las redes sociales imágenes y vidas irreales. Estas últimas porque solo muestran una parte muy pequeña del día a día donde no hay cabida para lo más negativo, las decepciones, lo frustrante... Y en lo que respecta al aspecto, porque los rostros y los cuerpos se pasan por filtros que 'maquillan' cualquier imperfección y que se acaban convirtiendo en un asunto aspiracional para aquellos que están al otro lado de la pantalla, forjando en ese momento su personalidad.
Algunos influencers han tomado conciencia del problema y han decidido mostrarse tal como son, sin filtros de por medio, pero, desafortunadamente, aún son la minoría. Y también algunas leyes gubernamentales que regulan el acceso a redes sociales se plantean la necesidad de evitar estos filtros para los contenidos dirigidos a público menor de edad.
Posiblemente nunca ha habido tanta presión estética social como ahora, lo que lleva a que las cirugías para corregir nariz, mentón, eliminar arrugas... se realicen cada día antes, en una insatisfacción corporal que puede verse desde los 18 o 19 años y que solventan a través de la medicina estética. A esto hay que unirle la generalización de un cuidado corporal o facial, el skincare, en edades en las que los menores deberían dedicarse al juego y no a su aspecto físico y que está presente a modo de productos en los lineales de tiendas de belleza y en juguetes para los más pequeños.
En todo este proceso, los filtros que eliminan imperfecciones y uniformizan los rostros tienen mucho que decir. ¿Cómo afecta a la personalidad infanto-juvenil recibir constantemente imágenes de este tipo? Le hemos preguntado a María Jesús Andrés, psicóloga y directora de Psicomaster, en Madrid, para que nos cuente qué sucede realmente.
¿Cuál es el efecto más pernicioso sobre la salud mental infantil o adolescente de los filtros en redes sociales?
El efecto más preocupante es que pueden alterar la forma en la que el menor construye su identidad y su autoestima. En edades en las que la personalidad aún se está formando, los filtros pueden hacer que el adolescente empiece a percibir su rostro o su cuerpo real como insuficiente, defectuoso o “peor” que la versión editada. El problema no es usar un filtro de forma puntual, sino normalizar una imagen artificial como referencia de belleza.
Con el uso generalizado de filtros, el joven puede acabar asociando su valor personal a su apariencia, cuando la autoestima debería construirse sobre una base mucho más amplia
¿Qué implica para estos jóvenes intentar acercarse a modelos de belleza imposibles en la realidad?
Implica vivir en una comparación constante con un ideal que no existe. Esto puede generar frustración, inseguridad, ansiedad social, rechazo hacia la propia imagen e incluso conductas de evitación: no querer hacerse fotos, no acudir a determinados planes o depender siempre del retoque para mostrarse. Además, el joven puede acabar asociando su valor personal a su apariencia, cuando la autoestima debería construirse sobre una base mucho más amplia.
¿Se ven en consulta casos de problemas por una imagen propia distorsionada a causa de los filtros?
Sí, cada vez vemos más casos en los que la persona llega con una relación muy deteriorada con su imagen. A veces no lo expresa directamente como “tengo un problema con los filtros”, sino como inseguridad, miedo a salir en fotos, comparación constante, necesidad de aprobación o malestar al verse en imágenes no editadas.
¿Cuál es el abordaje terapéutico de este problema?
En terapia trabajamos primero identificando cómo se ha construido esa autoexigencia, después cuestionando esas creencias distorsionadas y, poco a poco, ayudando a la persona a reconciliarse con una imagen más real y menos castigada de sí misma.
Prohibir los filtros en redes sociales sin educar puede quedarse corto; pero educar sin regular también
Desde el punto de vista psicológico, ¿sería una buena medida prohibir el uso de filtros en contenido para menores?
Más que hablar solo de prohibición, creo que habría que trabajar en regulación, educación y transparencia. Puede ser positivo limitar o señalar claramente el uso de filtros en contenidos dirigidos a menores, porque ayuda a desmontar la idea de que esa imagen es natural. Pero la medida no debería quedarse ahí: también es fundamental educar en pensamiento crítico, autoestima, diversidad corporal y uso saludable de redes sociales. Prohibir sin educar puede quedarse corto; educar sin regular también.







