Helena Alvarado, psicóloga: "Usar Playmobil en terapia nos asoma al mundo interior del niño, sin forzarlo ni invadirlo. Hacen visible lo invisible"


El apoyo psicológico en los menores tiene muchas vías. El uso del juego para que ellos puedan expresar sin palabras cómo se sienten es una potente herramienta terapéutica.


Helena Alvarado, psicóloga© Helena Alvarado
28 de junio de 2026 a las 7:09 CEST

En las sesiones psicológicas con menores, los profesionales habitualmente tienen que llegar su interior a través de otros recorridos que no son los que se emplean en los adultos, donde la palabra es la protagonista. El uso de Playmobil es uno de ellos. Sus funcionalidades y beneficios para conseguir saber en qué punto está el menor están contrastados.

Helena Alvarado, es psicóloga sanitaria, pedagoga terapeuta y logopeda, además de profesora asociada en la Universidad de las Islas Baleares (UIB). Experta en la utilización de Playmobil en terapia, nos cuenta todas sus ventajas.

El juego es el idioma natural de la infancia. Cuando un niño juega en terapia, está elaborando

Helena Alvarado, psicóloga

¿En qué contexto se usan muñecos como los Playmobil en una consulta psicológica?

Los Playmobil se usan en consulta cuando queremos ayudar al niño a explicar algo que quizá todavía no sabe poner en palabras. Los niños no siempre pueden decir: “me siento triste”, “me siento en medio de mis padres”, “tengo miedo” o “no sé qué me pasa”. Pero sí pueden jugarlo o dibujarlo. El lenguaje del niño es el juego y el dibujo. Por eso, en terapia, los muñecos son facilitadores de comunicación. A través de ellos, el niño puede representar su realidad, su familia, el colegio, una pelea, un miedo, una separación, un duelo o cualquier situación que le esté generando malestar.

A mí me gusta decirles: “¿Me lo explicas con los muñecos?”. Y ahí, muchas veces, aparece una escena que nos ayuda a entender cómo está viviendo el niño esa situación. Eso me ayuda a ayudarle a él y a sus padres.

Niño jugando con playmobil en una casa de juguete© Getty Images

¿Desde qué edad y hasta qué edad pueden ser útiles?

Pueden utilizarse desde que el niño tiene integrado el juego simbólico, normalmente a partir de los 4-5 años, no hay una edad exacta, depende mucho de cada niño. Pero lo interesante es que no sirven solo para niños. También son muy útiles con adolescentes y con adultos. De hecho, muchos adolescentes, que a veces se cierran cuando les preguntas directamente qué les pasa, se abren mucho más cuando pueden representar y mirar la situación desde fuera.

Con los adultos también ocurre algo parecido. Hay personas que llevan mucho tiempo hablando de un problema, pero cuando lo ven colocado en una escena dicen: “Ahora lo veo claro”. La imagen ayuda mucho a ordenar lo que por dentro está enredado.

Niña con un oso de peluche en la consulta del psicólogo© Adobe Stock

¿Qué tipo de información pueden revelar los niños a través de este tipo de juegos que no consiguen expresar oralmente?

Pueden mostrar cómo se sienten dentro de una situación. Por ejemplo, si se sienten cerca o lejos de alguien, si sienten que están en medio de un conflicto, si necesitan protección, si hay algo que les da miedo o si hay una emoción que no saben gestionar, algo que los desestabiliza….

Un niño no dice: “yo soy lo único que une a mis padres”, pero puede colocarlos dándose la espalda y su muñeco justo en medio de los dos. No dice: “me siento solo”, pero se pone lejos de todos. No dice: “necesito ayuda”, pero coloca su muñeco con los brazos expendidos hacia las figuras que representan sus vínculos seguros.

También pueden aparecer recursos. Eso es muy importante, porque no sólo vemos el problema, también podemos encontrar la solución: dónde se siente seguro, qué necesitaría para estar mejor o qué podría aliviarle. Eso como terapeuta es un tesoro, porque permite descubrir qué movimiento debe hacer el sistema (escolar, social, familiar) para crear un cambio reparador. Es decir, nos da pistas para comprender mejor el mundo interno del niño.

Niño jugando con muñecos pequeños en un salón de juguete© Getty Images

¿Ante qué problemas resulta más eficaz?

Es muy útil en problemas emocionales y relacionales. Por ejemplo, en separaciones familiares, conflictos entre hermanos, dificultades de conducta, miedos, ansiedad, duelo, problemas en el colegio, baja autoestima, celos, rabietas intensas o situaciones que el niño no consigue explicar bien. También ayuda mucho cuando el niño está viviendo algo complejo: una enfermedad en la familia, una pérdida, una mudanza, un conflicto con compañeros o una situación de tensión entre los padres.

En problemas de conducta, por ejemplo, a veces los adultos vemos solo que el niño pega, grita, reta o se enfada. Pero con los muñecos podemos ver qué hay debajo de esa conducta: si hay tristeza, miedo, sensación de exclusión, necesidad de atención o una dificultad para encontrar su lugar. El juego muchas veces nos ayuda a entender lo que hay detrás. Qué función cumple el síntoma, para qué le sirve y qué necesita.

Niño con TDAH distraído en la mesa © Adobe Stock

¿Cómo es la intervención del profesional para que el menor pueda expresarse sin ser dirigido?

El profesional no debe decirle lo que tiene que elegir, ni interpretar de forma cerrada, ni poner palabras que el niño no ha dicho. Somos su ayudante, su acompañante, sin juicio de valor, ayudamos a descubrir con preguntas lo que precisa. Se trabaja con preguntas abiertas: “¿a quién representa este muñeco?”, “¿hacia dónde mira?”, “¿cómo se siente ahí?”, “si pudiera hablar, ¿qué diría?”, “¿qué necesitaría?”, “¿dónde estaría un poquito mejor?”. Son preguntas que ayudan al niño a analizar, a pensar, no a responder lo que el adulto quiere oír.

También es importante hablar del muñeco y no del niño. En vez de decirle: “¿Tú estás triste?”, podemos preguntarle: “¿Cómo se siente este muñeco ahí?”. Eso le da distancia y protección. Si el niño quiere decir “soy yo”, lo dirá. Y si no puede hacerlo todavía, al menos habrá podido expresarlo de una forma simbólica. Y sin invadirlo ni retraumatizarlo. Lo que se busca es ayudarle a encontrar un lugar donde se sienta seguro y con más recursos.

Niña jugando en su casa de muñecas© Getty Images

Si los padres emplean este juego en casa como parte de un role-playing para obtener información de sus hijos pequeños, ¿pueden darla por válida o puede ser más producto de la imaginación que de la realidad?

Aquí hay que tener mucho cuidado. Los padres pueden jugar con sus hijos, por supuesto. Y el juego es una vía maravillosa para conocerlos mejor. Pero no conviene usar los muñecos en casa como si fueran una técnica para “sacar información”. Mi recomendación para los padres sería: jugad, escuchad y observad, pero no interroguéis. En lugar de preguntar “¿esto ha pasado de verdad?”, es mejor decir: “Cuéntame qué está pasando aquí” o “¿cómo se siente este personaje?”. Y si algo se repite, os preocupa o va acompañado de cambios de conducta, entonces es mejor consultar con un profesional. Los adultos tendemos a llevar lo simbólico al mundo real, y si el niño está transitando por algo doloroso para él, podemos hacer más daño que bien.

Piezas de madera de juguete para niños© Getty Images

¿Qué otro tipo de juegos se emplean en consulta en el trabajo terapéutico con niños?

En consulta utilizamos muchos recursos, porque los niños no elaboran hablando. Elaboran jugando, dibujando, contando historias, construyendo escenas o inventando personajes. Además de los Playmobil, se puede utilizar la técnica de la caja de arena, los cuentos, los dibujos, los títeres, las cartas proyectivas, los animales, los dados de historias u otros materiales simbólicos.

Cada recurso nos ayuda de una manera. El dibujo permite expresar cómo el niño se ve a sí mismo o cómo percibe a su familia. La caja de arena ayuda a representar escenas traumáticas con mucha profundidad. Los cuentos permiten hablar de temas difíciles sin hacerlo de forma directa. Los títeres facilitan que el niño ponga voz a partes de sí mismo desde un personaje. Lo importante es entender que el juego es el idioma natural de la infancia. Cuando un niño juega en terapia, está elaborando.

Niño pequeño con su dibujo© Getty Images

¿Entienden los padres que no es “una pérdida de tiempo” sino una herramienta terapéutica?

Algunos padres esperan que la terapia sea como una conversación adulta: sentarse, hablar, explicar lo que pasa y buscar soluciones. Pero los niños funcionan de otra manera. Un niño puede estar jugando y, al mismo tiempo, estar contando algo muy importante. Puede estar colocando un muñeco lejos, escondiendo otro, poniendo una barrera, acercando una figura que le da seguridad o repitiendo una escena que necesita procesar. Cuando los padres comprenden que el juego es el lenguaje natural del niño, algo cambia. Dejan de verlo como una pérdida de tiempo y empiezan a mirar de otra manera. Porque no es “solo jugar”. Es jugar dentro de un espacio seguro, con una mirada profesional y con una intención terapéutica.

A mí me gusta involucrar a los padres en este proceso. Cuando les ayudo a mirar una escena que su hijo ha construido con muñecos, con dibujos o con cualquier otro material simbólico, muchas veces se emocionan. Porque de repente entienden algo que antes no podían ver. Ven dónde se siente colocado su hijo, qué necesita, qué le pesa, qué le protege, qué le asusta o qué recurso está intentando encontrar. Y ahí aparece algo muy potente: los padres no solo ven una escena, ven el mundo interno de su hijo. Y eso, cuando ocurre, es profundamente transformador.

Por eso siempre digo que los muñecos hacen visible lo invisible. Nos permiten asomarnos al mundo emocional del niño sin forzarlo, sin invadirlo y sin pedirle que explique como un adulto aquello que todavía solo puede expresar como niño. Y cuando un niño puede mostrar lo que lleva dentro sintiéndose protegido, empieza algo precioso: dejamos de mirar solo su conducta y empezamos, por fin, a comprender su mundo interior.