UNA BODA DE ENSUEÑO

Ester, la novia que se casó con un vestido de seda y lino y ramo que le recordaba a sus abuelos: "Llevaba una medalla de la Virgen de la Inmaculada"


En pleno mes de julio, mientras los jardines se cubrían de agapantos morados, la pareja se dio el 'sí, quiero' en una finca que parecía creada para la ocasión


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Johanna ToscanoREDACTORA DE FASHION
13 de agosto de 2026 a las 19:17 CEST

Probablemente, todos hemos intentado alguna vez ejercer de Cupido entre dos amigos que parecían hechos el uno para el otro. Y, aunque no siempre acertamos, hay ocasiones en las que la intuición da en el clavo. Ese fue el caso de Ester y Gabi, a quienes unieron dos buenos amigos en común. "Decían que pegábamos mucho y qué razón tenían. Les estamos muy agradecidos porque no nos conocíamos y, desde el primer día, conectamos de una forma increíble", recuerda la recién casada. El padre de Ester tuvo la misma impresión al ver su primera foto juntos: "Tiene ojos de buena persona". Y claro que no se equivocaba.

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Una pedida frente al mar: así fue el atardecer que marcó un nuevo comienzo

Así, tras cinco años de relación, dieron el siguiente paso con una pedida que llegó (casi) por sorpresa para Ester. Aunque ambos tenían claro que querían compartir la vida, nunca habían hablado de fechas concretas. Todo ocurrió durante un viaje a Samaná, en Playa Bonita. Mientras contemplaban el atardecer sentados sobre una toalla, Gabi comenzó a decirle cosas muy bonitas sobre su futuro juntos y, de repente, se arrodilló con el anillo. Ester se lanzó directa a sus brazos sin siquiera fijarse en la joya. "Al rato me preguntó si me había gustado y le respondí: 'Ni lo he visto de la felicidad y la ilusión'", recuerda.

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Un diseño que hablaba de ella y reflejaba su personalidad

No tenía del todo claro cómo imaginaba su vestido para el gran día. Sin embargo, algunas ideas comenzaban a rondarle por la cabeza y sí sabía qué sensaciones quería transmitir: "Buscaba un vestido diferente, sencillo, pero especial; elegante, delicado y con personalidad. Dulce, femenino y, a la vez, quizá con un punto sensual. Sobre todo, quería sentir que era totalmente yo". Así fue como supo que debía ser Inés Lacasa, a quien seguía desde hacía tiempo en Instagram, quien la ayudara a dar forma a todas sus ideas.

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"Cuando llegó el momento de buscar el vestido, mis padres, mi hermana y yo fuimos a conocerla y confirmé que quería vivir esta experiencia con ella", nos confiesa. Ester recuerda lo que vino después como "un proceso precioso", que pudo compartir junto a su familia.

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Era la primera vez que se hacía un vestido a medida, por lo que todo resultaba nuevo para ella. Poco a poco, la propuesta comenzó a cobrar vida entre pruebas, nuevas ideas y tejidos. Los materiales fueron uno de los puntos clave: una seda salvaje en tono crudo, combinada con lino y otros acabados más rústicos, dio lugar a una mezcla llena de textura y personalidad. A partir de ahí, comenzaron a construir las diferentes capas de la falda, el cuerpo y las mangas hasta dar con el equilibrio que buscaban. "Cuando vimos todos esos elementos juntos, lo tuvimos clarísimo", recuerda.

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Ester no necesitó un segundo look, ya que su vestido era convertible. La sobrefalda de cola larga podía retirarse, aunque estuvo tan cómoda que decidió mantenerla durante toda la cena y quitársela justo antes de los bailes con su padre y con Gabi. Las mangas vaporosas también eran desmontables y podían sustituirse por otras cortas de gasa o dejar al descubierto los tirantes del vestido. Ya en la discoteca, prescindió también del cinturón, rematado con un lazo en cascada sobre la abertura de la falda.

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Un velo de inspiración rústica sobre un ideal moño desenfadado

Desde el principio, la novia tenía claro que quería llevar velo y, como en su día a día suele llevar moños bajos y desenfadados, para el gran día eligió también un recogido natural que reflejara su estilo. De esta forma, justo sobre el moño colocó un velo muy largo y de inspiración rústica, que se quitó durante el cóctel. 

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Para la cena, lo sustituyó por una peina joya de Paulet, realizada en plata antigua y decorada con cristales, que aportó un delicado punto de luz al peinado.

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De las joyas más especiales al abanico diseñado para el gran día

La novia se decantó por joyas cargadas de valor sentimental. Entre ellas destacaban el anillo de pedida y otro de oro blanco y diamantes que Gabi le regaló días antes de la boda, ambos de Joyería Suárez. Los pendientes fueron un regalo de sus suegros con motivo de la pedida y los eligió junto a su suegra en Joyería Gomis. 

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Como gran amante de las perlas, tuvo claro que quería incluirlas y se enamoró de un diseño de brillantes rematado con una de ellas. "Espero ponérmelos en muchos momentos importantes de mi vida y recordar el día de la boda", nos cuenta.

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También llevó un abanico bordado de Bam Bam Studio diseñado por su madre. La pieza reunía varios guiños a su historia: un sol y unas palmeras en recuerdo de la pedida, sus nombres, la fecha del enlace y una estrofa de En vivo y en directo, de Fonseca, la canción elegida para su baile. 

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Los zapatos, por su parte, fueron un regalo de su hermana: unas sandalias de Flordeasoka en tono arena verdoso que, ya de madrugada, cambió por unas cuñas blancas de raso de Castañer, obsequio de sus amigas.

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Para el ramo buscaba una composición fresca y silvestre en verde y blanco, con las anémonas como protagonistas. Marta, de La Tartana, dio forma a la idea y la remató con un lazo bordado por su madre y una medalla de la Virgen de la Inmaculada con la inscripción "Tus abuelos".

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Una propuesta de belleza a prueba de lágrimas

La propuesta de belleza era uno de los temas que más le preocupaban, ya que no suele maquillarse. Sin embargo, Paloma Bautista y Mikeldi, de la peluquería Pels de Alicante, la ayudaron a encontrar una opción con la que se sintiera cómoda. Así, se decantó por un maquillaje luminoso y sencillo, con los ojos ligeramente marcados y los labios rosados, junto a un moño bajo y desenfadado. Tras la prueba, todas sus dudas desaparecieron.

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Además, el resultado demostró ser a prueba de lágrimas, pues, mientras terminaban de prepararla, Ester recibió varios ramos acompañados de notas muy especiales y no pudo evitar emocionarse. Para su tranquilidad, todo permaneció intacto.

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Un 'sí, quiero' rodeado de naturaleza y con los nervios a flor de piel

La boda se celebró en julio en Casa Santonja, una finca situada en Dénia, a unos 50 minutos de Alicante. Aunque al principio la distancia les generaba algunas dudas, bastó con poner un pie allí para saber que habían encontrado el lugar. Su fachada cubierta de hiedra, que les recordó a un pazo gallego, los jardines repletos de vegetación y el camino de agapantos morados, en plena floración, terminaron de conquistarlos.

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Además, pudieron celebrar allí mismo la ceremonia religiosa, en la zona del Templete, gracias a que la finca cuenta con un altar consagrado y a la ayuda de la parroquia de Beniarbeig. Para ambos, esta representaba la parte más importante del día. "Entre tantos detalles, a veces puedes perder de vista el verdadero motivo por el que te casas: el amor", recuerda Ester. El sacerdote D. Juan Huguet ofició una ceremonia íntima, acompañada por un cuarteto de Dacapo y un tenor.

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Otro de los momentos más emocionantes fue su entrada del brazo de su padre mientras sonaba el Canon de Pachelbel. "Nos temblaban las piernas y ver a Gabi esperándome en el altar es algo que no olvidaremos jamás", nos cuenta Ester.

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Flores, tonos suaves y detalles que llevaban el sello de los novios

Para organizarlo todo, contaron con la ayuda de Yolanda Coello, su wedding planner, y aprovecharon los distintos rincones de Casa Santonja para dar forma a cada momento. Tras la ceremonia, el cóctel se celebró frente a la fachada principal, acompañado por un grupo de jazz de Dacapo y las propuestas de Catering Cinco: desde una gran mesa central con quesos y gildas hasta jamón, aperitivos y una barra verde de champán Veuve Clicquot.

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La cena tuvo lugar en la parte alta del jardín con una iluminación cálida diseñada por Cenval. Después de los discursos, la fiesta comenzó con el baile de Ester y su padre al ritmo de Wonderful Tonight, de Eric Clapton. A continuación, Gabi bailó con su madre y los novios se unieron al ritmo de Fonseca. "Te olvidas de todo y lo disfrutas con una intensidad inexplicable", recuerda ella. La celebración continuó en el Aljibe, convertido para la ocasión en una auténtica discoteca.

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La decoración buscaba transmitir la esencia de la pareja a través de una atmósfera cálida y veraniega. En la ceremonia dominaron el blanco y el verde, con hortensias, amaranto colgante y grandes composiciones de piedra. Durante el cóctel aparecieron los tonos fresa, vino, rosa y naranja, combinados con distintos manteles, mientras que en la cena continuaron con cerámicas, velas, uvas, copas labradas y detalles florales. "Una amiga me dijo: 'Ester, todo llevaba tu sello', y me hizo muchísima ilusión", confiesa.