En los 80, mientras el mundo vivía un momento de liberación, la abuela de Fuencisla tenía una tienda de novias en Granada. Un atelier en el que se dedicaba a coser, diseñar y comprar algunos trajes, especialmente de Italia. Con el paso de los años, la tienda terminó cerrando y, tras su fallecimiento, la familia pudo acceder a todo ese material que había ido conservando durante tantos años. Fue justo entonces cuando Fuencisla supo que, si algún día se casaba, quería hacerlo con uno de aquellos diseños.
Tenía muy claros algunos de los puntos esenciales con los que se imaginaba su vestido soñado. Como, por ejemplo, que quería llevar los hombros al aire y evitar demasiado volumen. Así, terminó eligiendo una pieza que su abuela había comprado en la Fiera della Sposa de Milán. Pertenecía a Linea Effe, una firma que actualmente ha desaparecido, pero que confeccionaba a mano piezas de alta costura. "Me sorprendió mucho la calidad de las telas y lo diferentes que eran respecto a las que se utilizan hoy en día", nos cuenta Fuencisla.
Los detalles más especiales del vestido elegido por su abuela
El vestido se definía por contar con una ideal lazada en la espalda, que se unía a un delicado fruncido en el pecho y a un bordado de flores que recorría la pieza. Una propuesta única, capaz de cautivar a cualquiera. Sin embargo, fueron las terminaciones festoneadas de la cola las que realmente marcaron la diferencia, aportando al conjunto un acabado que lo hacía todavía más memorable. De hecho, fueron precisamente las que terminaron de conquistar a la recién casada.
Por supuesto, al tratarse de una pieza con muchos años de historia, tuvo que acudir a un profesional para hacer los arreglos necesarios y ajustarlo a su talla. Así, Fabián se convirtió en su mano derecha durante todo el proceso y lo trató con muchísimo cuidado. "Hicimos la cola y el lazo desmontable para estar más cómoda durante la cena", nos cuenta.
Aunque si hay algo del proceso que realmente la sorprendió, fue la decisión de no lavar ni planchar el vestido después de haber permanecido tanto tiempo guardado. "No nos queríamos arriesgar a que, al tratarse de seda salvaje y estar lleno de apliques, pudiéramos estropear alguna parte", agrega.
Un cambio de look: un vestido corto y repleto de apliques
Contó con un segundo vestido, también con un guiño a su abuela. "Quería un vestido corto y utilizar telas que también pertenecían a la tienda", nos cuenta Fuencisla. Junto a su madre eligió una tela que las conquistó por sus preciosos apliques cosidos a mano. Así, con la ayuda de Fabián, diseñaron una propuesta que se ceñía mucho más al cuerpo y resultaba más cómoda y ligera a la hora de bailar.
De los pendientes prestados a los zapatos 'made in Spain'
Prescindió del velo y utilizó unos pendientes que su tía había llevado el día de su boda y que funcionaron como su "algo prestado". Para los zapatos, en cambio, se decantó por un modelo de Flor de Asoka para completar su "algo nuevo" que, además de ser cómodo, también era 'made in Spain', por lo que cumplía con todas sus expectativas.
Su ramo fue una de las decisiones más complicadas de su look, ya que le costaba mucho pensar en una propuesta que encajara con ella. Finalmente, se decidió por una opción monocromática, en tonos similares al vestido, compuesta por hortensias. "Es un tipo de flor que me encanta y que asocio completamente con los viajes que solemos hacer al norte", nos cuenta. Añadió también una cinta que cosió Carmen, una de sus amigas, y que terminó de hacerlo todo aún más especial.
Para terminar de ponerle el broche de oro a su look, se decantó por una propuesta de belleza natural, con piel luminosa, que se asemejara a su forma de arreglarse a diario. Eso sí, evitando que los ojos se convirtieran en los principales protagonistas. Lejos de lo que pensaba en un principio, apostó también por una coleta. Una decisión acertada, ya que el día de la boda soplaba mucho viento y, gracias al recogido, consiguió mantener el cabello intacto durante toda la noche.
Una historia de amor que nació en la Facultad de Medicina
Fuencisla y Vicente se conocieron en la Facultad de Medicina, después de que él decidiera trasladarse de Valladolid a Málaga. Aunque el encuentro no fue inmediato, el tiempo hizo que, poco a poco, sus caminos acabaran cruzándose hasta que, finalmente, en 2018 comenzó su historia.
Hoy tienen una hija juntos, uno de los frutos más especiales de su relación. Con los años, la idea de casarse fue apareciendo cada vez con más fuerza en sus conversaciones y, después de asistir a la boda de uno de sus amigos íntimos, ambos sintieron que había llegado el momento de dar ese paso y reafirmar su compromiso ante el altar.
De la ceremonia a la fiesta: todos los detalles del gran día
La boda tuvo lugar en Almería, en el Parque Natural de Cabo de Gata, el 20 de junio de 2026. Un lugar al que la novia se encuentra estrechamente vinculada, ya que lleva más de 17 años veraneando allí y, además, fue donde la pareja pasó su primer verano junta. Sus invitados se alojaron en San José, a pocos minutos de la celebración. Un entorno muy especial, en el que el paisaje desértico se mezcla con las aguas azules y los pequeños pueblos situados a pie de costa.
La ceremonia tuvo lugar en uno de ellos, concretamente en Rodalquilar. La ofició Daniel, un sacerdote y gran amigo de la familia que, además, había convivido con ambos novios, especialmente con Vicente, a quien conoció durante un voluntariado en Tanzania.
Después, los novios y sus invitados se trasladaron a La Fábrica de los Genoveses, una antigua fábrica de telas ubicada frente a la playa de Los Genoveses. Era la primera vez que el enclave acogía a 300 personas y, para hacerlo posible, tuvieron que acondicionar y aplanar un terreno que nunca antes se había utilizado. Un reto que, sin duda, hizo todavía más especial el resultado final. "Todo fue pensado por nosotros y por los proveedores, que iluminaron y decoraron el sitio de la mejor manera", nos cuenta.
Contaron con la ayuda de Pitimini Eventos para organizar el gran día. Un equipo muy completo que acompañó a los novios desde el principio, entendiendo sus ideas y ayudándoles a disipar los miedos que podía despertar un espacio tan poco convencional. "Que nunca se hubiera celebrado una boda en ese escenario me tuvo nerviosa hasta el final, si bien ellas supieron verlo claro desde el principio y se volcaron con nosotros de la mejor manera", agrega la recién casada. También tuvieron el apoyo de la madre de Fuencisla, quien se involucró de lleno en todos los preparativos.
De la decoración de la boda se encargaron Gracia y la Penca y Avibo Rental, dos proveedores excepcionales que les ayudaron a trasladar al espacio una propuesta inspirada en el propio vestido de la novia. Las lámparas de flecos con aire de casino y las flores en tonos vivos fueron, sin duda, algunos de sus elementos favoritos. Una combinación que aportó frescura y color y terminó de definir la estética de todo el evento.
Como las anécdotas no podían faltar, la novia recuerda con mucha emoción el instante en el que vio llegar por el pasillo a su hija y a su sobrina, de ocho meses, vestidas con dos trajes confeccionados a mano por su abuela. Piezas que fueron diseñadas hace 35 años para la comunión de su primo Marco. "Fue muy emocionante", asegura. También recuerda con especial cariño los discursos, cuando el tío de Vicente tomó la palabra e hizo llorar a (casi) todos los invitados. "Recordó la pérdida de la madre de Vicente y cómo superaron esa circunstancia juntos. Una historia que no dejó indiferente a nadie", recuerda.
Dos momentos unidos por un mismo hilo, la familia, los recuerdos y todas esas personas que han acompañado a Fuencisla y Vicente a lo largo de su historia. Y quizá ahí estuvo también la verdadera esencia de su boda: un día pensado al detalle, en un lugar lleno de significado para ambos y rodeados de quienes han formado parte de su camino.





























