Por qué los expertos avalan el juego favorito en casa de Cristina Pedroche: “Son una herramienta aparentemente sencilla, pero muy rica a nivel evolutivo”


En su casa apuestan por hacer puzles, un recurso educativo que aporta muchos beneficios a los más pequeños de la casa


Cristina Pedroche, posando en noviembre de 2025© GTRES
15 de mayo de 2026 a las 16:30 CEST

Cristina Pedroche no duda en compartir algunas de las claves de su día a día con sus pequeños Laia e Isai. Recientemente ha explicado que en casa los puzles son uno de sus juegos estrella. Y no es casual, pues pocas actividades son una herramienta poderosa para estimular la atención, la paciencia y la capacidad de resolver problemas. Hemos tenido la ocasión de hablar con dos expertos sobre por qué los puzles pueden ser una excelente opción para los ratos de ocio, pues cada pieza que encajan juntos es una oportunidad para reforzar la paciencia, la autoestima y la sensación de logro, sin pantallas y sin prisas. 

Juegos de Cristina Pedroche con sus hijos© cristipedroche

¿Qué aporta un puzle en relación con otros juegos?

Tal y como nos explica la doctora Ana Jiménez Perianes, Psicóloga General Sanitaria y profesora de Psicología de la Universidad CEU San Pablo, el puzle es una actividad estructurada que favorece el aprendizaje. “Aporta un tipo de aprendizaje muy particular: enseña a pensar antes de actuar. No se basa en la velocidad ni en la respuesta inmediata, sino en la observación, la planificación y la constancia. Es una herramienta valiosa para desarrollar funciones ejecutivas, favorecen funciones claves como la planificación, la atención, el control de impulsos y la tolerancia al error”, indica, añadiendo que se trabaja por ensayo-error: el niño prueba, se equivoca y corrige, educando también la frustración.

Al realizar un puzle estamos potenciando la atención, la concentración, la paciencia y a 'estar presente'. Esto no solo ayuda al aprendizaje, sino también a la regulación emocional y al bienestar psicológico

Ana Jiménez Perianes, psicóloga

Cuáles son los beneficios de hacer un puzle para los niños

La pedagoga Cindy Peñalver indica que “los puzles son una herramienta aparentemente sencilla, pero muy rica a nivel evolutivo”. Entre sus ventajas destaca que no solo entretienen: ayudan al niño a entrenar la atención, la coordinación óculo-manual, la percepción visual y la capacidad de organizar la información. Además, ponen en marcha habilidades espaciales muy importantes, como observar formas, anticipar encajes, girar mentalmente una pieza o comprender la relación entre la parte y el todo. “Todo eso, que parece juego, es también pensamiento en construcción. La evidencia muestra que las experiencias tempranas con actividades espaciales se relacionan con un mejor desarrollo de este tipo de habilidades, que después sostienen muchos aprendizajes posteriores”, nos explica.

niños jugando con un puzle en el suelo© Getty Images/Westend61

Aliada para desconectar del ámbito digital

¿Por qué los puzles siguen siendo una herramienta tan valiosa en un mundo que se ha llenado de pantallas? La experta de la Universidad CEU San Pablo nos explica que por un lado, porque precisamente sirve para desconectar del ámbito digital, de un mundo lleno de prisas y de respuestas inmediatas. “Al realizar un puzle estamos potenciando la atención, la concentración, la paciencia y a 'estar presente'. Esto no solo ayuda al aprendizaje, sino también a la regulación emocional y al bienestar psicológico”, indica.

Además, detalla que por otro lado, "es una actividad que gusta tanto a niños como a adultos", en parte porque existen muchas formas de realizarla: puzles en plano, en tres dimensiones o construcciones tipo Lego, lo que la hace atractiva y adaptable a distintas edades e intereses.

“Poniendo como ejemplo cercano sus propias palabras, los niños comentan que resulta satisfactorio terminarlo y sentir que han hecho algo que les gusta, por su propia cuenta”, nos comenta.

¿Qué habilidades cognitivas se activan cuando un niño hace un puzle?

Tal y como nos explica la psicóloga Ana Jiménez, la resolución de puzles pone en marcha múltiples procesos cognitivos.

  • Se trabaja la percepción visual al identificar formas y colores, la memoria al recordar patrones, y la orientación espacial al encajar piezas correctamente. La atención para fijarnos en los detalles de las piezas.
  • También se desarrolla el razonamiento lógico y la capacidad de resolver problemas.
  • A nivel más complejo, se activan funciones ejecutivas como la planificación, la organización y el control de la impulsividad.
  • Además, también se desarrolla la psicomotricidad fina al encajar las piezas.

“Según algunos estudios, los niños habituados a este tipo de juegos suelen mostrar una mayor capacidad de concentración, de reflexión y una actitud más perseverante ante los desafíos. Están más acostumbrados a enfrentarse a errores sin frustrarse rápidamente y tienden a buscar soluciones de manera más autónoma”, nos comenta la experta.

niña jugando con un puzle en su casa© Getty Images

¿Qué aprende un niño sobre sí mismo cuando completa un puzle?

En opinión de la pedagoga, cuando un niño completa un puzle, no solo termina una tarea: construye una pequeña experiencia interna de competencia. Aprende algo muy valioso sobre sí mismo: “puedo intentarlo”, “puedo pensar”, “puedo equivocarme y seguir”, “puedo llegar al final”. “Ese tipo de vivencias cotidianas son importantes porque la confianza infantil no nace de que todo salga fácil, sino de comprobar que uno puede afrontar algo ajustado a su momento evolutivo y resolverlo. En psicología sabemos que las experiencias de dominio o de logro son una de las bases más potentes de la autoeficacia”, apunta Cindy Peñalver.

Así ayudan a mejorar la tolerancia a la frustración

Hay un aspecto muy importante del que nos habla la pedagoga: “Los puzles obligan a convivir con algo muy importante para crecer: que la solución no llega de inmediato”. Así, explica que hay que probar, rectificar, detenerse, volver a mirar y sostener un pequeño malestar sin abandonar a la primera. “Ese proceso entrena la paciencia, la flexibilidad y la capacidad de persistir ante la dificultad. Pero hay un matiz importante: la tolerancia a la frustración no se desarrolla por el mero hecho de frustrarse, sino cuando el reto es asumible y el adulto acompaña sin invadir. Es en esa combinación entre desafío y sostén donde el niño va aprendiendo que no poder todavía no significa no poder nunca”, añade.

niño jugando con un puzle en el suelo© Getty Images

Terminar el puzle nos da un extra de autoestima

Cindy Peñalver apunta, además, que los retos progresivos son especialmente valiosos porque respetan una idea básica del desarrollo: la autoestima sólida no se construye a base de halagos vacíos, sino a partir de experiencias reales de capacidad. “Cuando el niño pasa de un puzle más simple a otro un poco más complejo, va registrando internamente su propio avance. Y ese 'antes no podía, ahora sí' deja huella. Le permite verse como alguien capaz de aprender, mejorar y afrontar desafíos”, nos cuenta la experta, que añade que esa sensación de competencia es mucho más nutritiva para la autoestima que recibir ayuda constante o soluciones ya hechas.

Cómo integrar los puzles en el aula

Nos planteamos cómo se pueden integrar los puzles en el día a día del aula sin que parezca “solo un juego”. “En el ámbito educativo, los puzles se utilizan como metodología activa para trabajar contenidos y habilidades concretas, no únicamente como un recurso lúdico. Pueden formar parte de determinados ejercicios para desarrollar la atención, el razonamiento lógico, la planificación o el trabajo cooperativo. Integrados en rutinas de aula, rincones de aprendizaje o actividades guiadas, y supervisados por el profesor”, explica Ana Jiménez.

niños jugando con un puzle en el suelo© Getty Images

Cuál es el papel de los puzles cooperativos

Dentro del gran abanico de opciones, hay también puzles cooperativos, que se realizan en grupo. “Fomentan la comunicación, la negociación y el reparto de tareas. Los niños aprenden a colaborar, a escuchar y a tomar decisiones de manera conjunta. Aunque pueden surgir pequeños desacuerdos, estos forman parte del aprendizaje social y ayudan a desarrollar habilidades emocionales”, comenta la psicóloga, que añade que el logro final compartido refuerza el sentido de pertenencia al grupo y el trabajo en equipo.

¿Cuáles son los puzles más adecuados para cada edad?

Partiendo de la base de los beneficios de la realización de puzles, nos planteamos cuáles son los más adecuados según la etapa educativa. La experta de la Universidad CEU San Pablo nos lo resume a continuación: 

  • Para los más pequeños se recomiendan puzles de pocas piezas, de gran tamaño y fáciles de manipular, con imágenes claras, atractivas y acordes a sus intereses.
  • A medida que van creciendo, especialmente entre los 6 y los 8 años, puede aumentarse de forma progresiva la complejidad, incorporando un mayor número de piezas y escenas más detalladas.
  • En etapas posteriores, los puzles pueden plantear desafíos más complejos o abstractos, o estar vinculados a contenidos específicos, favoreciendo así el desarrollo del pensamiento crítico y la resolución de problemas de mayor complejidad.

Acompañar sin resolver el puzle por ellos

Eso sí, es importante no resolver el puzle por ellos. “Acompañar bien consiste en estar presentes sin apropiarse del proceso. A veces ayudar no es colocar la pieza correcta, sino sostener el ritmo, poner palabras a lo que ocurre o hacer una pregunta que abra pensamiento: “¿qué ves en esta pieza?”, “¿qué parte del dibujo buscas?”, “¿qué pasa si la giras?”. Ese tipo de acompañamiento funciona mejor que corregir deprisa o intervenir cada vez que aparece una dificultad”, nos explica la pedagoga. 

Los puzles cooperativos fomentan la comunicación, la negociación y el reparto de tareas. Los niños aprenden a colaborar, a escuchar y a tomar decisiones de manera conjunta

Puzles para situaciones especiales

También pueden ser una herramienta útil para niños con TDAH, TEA o dificultades de aprendizaje. “La adaptación pasa por ajustar tanto la complejidad del puzle como la forma en la que se presentan las piezas y la tarea en su conjunto”, explica la psicóloga, que nos da las claves en cada caso:

  • En el caso de niños con TDAH, se recomienda proponer puzles cortos y/o dividir la actividad en metas pequeñas y alcanzables, lo que favorece la atención sostenida y reduce la frustración.
  • Para niños con TEA, funcionan especialmente bien los puzles estructurados y previsibles, con apoyos visuales claros y consignas bien definidas, ya que aportan seguridad y facilitan la comprensión de la tarea.
  • En niños con dificultades de aprendizaje, puede ser útil reducir el número de piezas, simplificar las imágenes o proporcionar guías o modelos que orienten el proceso de resolución.

“En todos los casos, el acompañamiento del adulto es clave para ajustar el nivel de dificultad, reforzar los logros y ofrecer apoyo emocional y cognitivo cuando sea necesario. Sin duda, los puzles constituyen una herramienta eficaz para potenciar y trabajar distintas áreas del desarrollo, como la atención, la memoria, la percepción visoespacial, la planificación, la tolerancia a la frustración y la resolución de problemas”, explica la doctora Jiménez.

Una herramienta sencilla, pero muy útil

En conclusión, las expertas transmiten tanto a docentes como a familias la idea de que el puzle es una herramienta sencilla y muy eficaz. "No requiere tecnología ni grandes recursos materiales, pero ofrece un espacio para el desarrollo cognitivo, emocional y social. De hecho, resulta llamativo que muchos de los juegos más descargados en aplicaciones digitales estén basados en dinámicas de resolución de puzles, lo que pone de manifiesto su atractivo y su capacidad para motivar y mantener la atención, así como una forma de relajación”, comenta la psicóloga, que puntualiza que esto no significa que la tecnología sea negativa en sí misma; al contrario, cuando se utiliza de forma dirigida, con límites, consciente y ajustada a la edad, puede convertirse en un complemento válido del aprendizaje. 

La pedagoga Cindy Peñalver concluye con un mensaje claro: “Me gustaría recordar que en infancia lo sencillo no es sinónimo de pobre, sino muchas veces de esencial. Un puzle no necesita pantallas, luces ni grandes promesas para convertirse en una experiencia profunda de aprendizaje. Puede ser una oportunidad para pensar, perseverar, equivocarse, regularse y disfrutar del propio logro. Y, además, nos recuerda algo importante a los adultos: no todo aprendizaje significativo tiene que parecer académico para serlo. A veces, una mesa, unas piezas y un poco de tiempo compartido hacen más por el desarrollo de un niño de lo que imaginamos”.