En medio de las jornadas de puertas abiertas de centros escolares de toda España y con pocos días ya de margen para tomar una decisión tan relevante como la del colegio al que llevar a los hijos, hemos hablado con Elvira Perejón, neuroeducadora, especialista en neuropsicología infanto-juvenil y bienestar digital, maestra de Infantil y Primaria, formadora y divulgadora en redes como @educacionincondicional. La neuroeducadora señala no solo los puntos más importantes a tener en cuenta a la hora de ayudar a los padres a decantarse por un colegio o por otro, sino también por las preguntas clave a realizar durante la visita a los centros preseleccionados. La respuesta que den puede ser significativa a la hora de averiguar si es o no el lugar correcto para los niños y si sus valores y prácticas coinciden con la manera de entender la educación en la familia.
Si bien es cierto que los niños pasarán muchas horas al día en el centro escolar (tal y como está planteada la sociedad, seguramente pasen más tiempo con sus profesores que con sus progenitores), equivocarse en la elección del colegio no tiene por qué ser un drama, tal y como señala Elvira Perejón, que manda un mensaje tranquilizador muy claro al respecto: "Lo primero es quitarse la culpa. Cambiar de colegio puede ser una decisión difícil, pero también una forma de cuidar".
Lo verdaderamente importante es el equipo docente y que la forma de educar del centro encaje con los valores de la familia.
¿Se puede elegir el colegio perfecto?
No, el colegio perfecto no existe. En todos los centros pueden surgir conflictos, momentos difíciles o situaciones que una familia no puede prever cuando toma la decisión. Elegir colegio no significa evitar problemas, sino confiar en que habrá profesionales capaces de acompañar a los niños y las niñas cuando aparezcan.
También es importante entender que cada familia tiene prioridades distintas. Hay quienes dan más importancia a los idiomas, otras al método educativo, otras a los valores o al uso de pantallas en infantil. Por ejemplo, hay familias que ven positivo que haya pantallas porque lo relacionan con innovación, mientras que otras prefieren entornos con menos estímulos digitales en los primeros años.
Tener claras estas prioridades ayuda a tomar decisiones más coherentes, aunque ninguna elección ofrece una seguridad total.
¿Qué es lo verdaderamente importante a la hora de valorar opciones?
Lo verdaderamente importante es el equipo docente y que la forma de educar del centro encaje con los valores de la familia. Las instalaciones o los servicios pueden llamar la atención, pero el día a día de un niño o una niña depende sobre todo de cómo se ponen las normas, cómo se resuelven los conflictos y cómo se acompaña emocionalmente.
También es importante ser realistas: hasta que una familia no está dentro del centro no puede valorar realmente cómo funciona ese equipo docente. Por eso la decisión nunca es totalmente segura. Puede ocurrir, por ejemplo, que en las puertas abiertas se explique que las pantallas apenas se usan o que se usan solo con un fin pedagógico y después la realidad sea que se utilicen en momentos cotidianos, como poner dibujos. Este tipo de situaciones muestran que la experiencia real solo se conoce con el tiempo.
¿En qué aconsejas que se fijen los padres en una jornada de puertas abiertas? ¿Qué deben preguntar?
Más que fijarse solo en las instalaciones o en el proyecto educativo, es importante hacer preguntas que ayuden a entender cómo se vive realmente el día a día en el aula. Por ejemplo, conviene preguntar cómo entienden la disciplina y los límites, cómo atienden la diversidad o cómo es la comunicación con las familias cuando surge una dificultad.
También es importante saber cómo actúan si aparecen dificultades de aprendizaje o sospechas de algún trastorno, qué apoyo ofrecen y cómo acompañan a cada niño o niña según sus necesidades. Las familias pueden plantear cuestiones muy concretas como si obligan a quitar el pañal al empezar el colegio, si la entrada es relajada o muy estructurada, cómo abordan la lectoescritura en infantil o si el juego al aire libre forma parte del aprendizaje incluso cuando llueve.
Otras preguntas útiles tienen que ver con la organización real del aprendizaje: si se utilizan fichas, si hay exámenes o deberes, si se mezclan edades en algunas actividades o cómo se gestiona la alimentación si un niño o una niña no quiere comer.
Este tipo de preguntas ayudan a las familias a comprender mejor si el funcionamiento del centro está alineado con su forma de entender la infancia.
El colegio perfecto no existe.
Por muy bueno que sea el colegio, la realidad es que en la mayoría de los casos el bienestar de los hijos en el centro depende del profesor que le toque. ¿Qué pueden hacer los padres si ven que el docente no va en la línea de su manera de entender la educación o de lo que consideran que promete el colegio?
El docente tiene un peso muy grande en la experiencia escolar. Es quien está cada día con los niños y las niñas y quien marca cómo se viven las normas, los conflictos o los momentos difíciles. Si una familia siente que no hay sintonía, lo primero es intentar hablar con el centro desde la calma. A veces hay malentendidos o situaciones que pueden reconducirse.
También es importante entender que el aula no depende solo del profesor o la profesora. Influyen el grupo de compañeros y compañeras, las dinámicas del curso y las familias que forman esa comunidad. Además, muchos docentes trabajan con grupos muy grandes y con pocos recursos, lo que hace más difícil atender a cada niño o niña como necesitaría. Por eso es fundamental que los profesionales estén preparados para entender el desarrollo emocional y acompañar el comportamiento, no solo para enseñar contenidos.
¿Cómo darse cuenta de que, una vez en el colegio, iniciado el primer curso escolar (o después de varios años) los padres se dan cuenta de que han cometido un error y no llevan a su hijo al centro idóneo para él?
No suele haber una señal única, sino cambios que se mantienen en el tiempo. Puede observarse en el estado emocional del niño o la niña, en el rechazo constante al colegio o en la sensación de que no está siendo comprendido o comprendida.
También hay que entender que lo que funciona en infantil puede dejar de hacerlo en primaria o cambiar con un nuevo docente. Las necesidades evolucionan y las familias también cambian su mirada con la experiencia.
¿Qué hacer en ese caso, cuando se es consciente del error?
Lo primero es quitarse la culpa. Cambiar de colegio puede ser una decisión difícil, pero también una forma de cuidar. Las familias suelen sentir miedo a equivocarse o a desestabilizar al niño o la niña, pero cuando el bienestar no está garantizado es importante valorar opciones y buscar acompañamiento.
La educación no es una decisión cerrada para siempre. A veces las circunstancias cambian y escuchar lo que cada niño o niña necesita en ese momento es lo más responsable.






