LA RUTA DEL MODERNISMO

Cantabria guarda el capricho más provocador de Gaudí, te lo descubrimos en el año de su centenario


En la elegante villa de Comillas se esconde una de las obras más coloristas y sorprendentes del genial arquitecto que este año celebra su aniversario, y también uno de los tres únicos edificios que creó fuera de Cataluña. Esta fantasía hecha de cerámica, hierro, luz y naturaleza es una invitación a mirar con ojos curiosos.


El Capricho de Gaudí, Comillas, Cantabria© Shutterstock
9 de febrero de 2026 a las 18:30 CET

El oeste de Cantabria es una sucesión de tesoros que reúne, sin perder de vista el mar, pueblos marineros, espacios naturales, arenales de tronío y villas refinadas como Comillas, donde se levanta una rareza deliciosa del universo Gaudí. El arquitecto de Reus la construyó entre 1883 y 1885 como residencia de verano de un aristócrata, y resume su etapa más joven y experimental. Aquí aún no aparecen las grandes curvas orgánicas de la Sagrada Familia ni el dramatismo pétreo de la Pedrera, pero sí está ya presente su obsesión por la naturaleza, el simbolismo y el juego constante con la forma y la función.

Torre de El Capricho de Gaudí, Comillas, Cantabria© Shutterstock
La torre cilíndrica recubierta de cerámica sobresale del edificio.

Pero empecemos por el principio. ¿Por qué una obra en Comillas? Antoni Gaudí llegó a esta villa cántabra gracias a una mezcla de casualidad, contactos influyentes y el enorme impulso que este lugar vivía a finales del siglo XIX. Fue en Barcelona donde el joven arquitecto conoció a Eusebi Güell, su mecenas, que estaba estrechamente vinculado al marqués de Comillas, Antonio López y López, uno de los hombres más poderosos de la España de la época. Comillas se había convertido entonces en un foco de modernidad y prestigio, frecuentado por la aristocracia y la alta burguesía, y necesitaba arquitectos capaces de dar forma a esa ambición.

Gaudí en un rincón de El Capricho de Gaudí, Comillas, Cantabria© @caprichodegaudi
Muchos de los visitantes se sientan al lado de la estatua de Antoni Gaudí para hacerse una foto con él.

A través de ese círculo de relaciones, Gaudí recibe distintos encargos en este rincón de Cantabria. Su primer trabajo no fue un gran edificio, sino el diseño del mobiliario para la capilla-panteón del Palacio de Sobrellano. Poco después realizaría también los quioscos chinescos para los jardines de la Casa Ocejo, hoy desaparecidos. Y más tarde sería Máximo Díaz de Quijano, cuñado del marqués de Comillas, quien confiara en él para levantar su residencia de verano: El Capricho. 

Balcón enrejado de El Capricho de Gaudí, Comillas, Cantabria© @caprichodegaudi
El girasol es la flor que obsesiona a Gaudí en esta obra.

Desde el exterior, el edificio llama la atención por su torre cilíndrica cubierta de cerámica verde y amarilla, una referencia directa al girasol, flor que obsesiona a Gaudí en esta obra y que se repite en azulejos, rejas y detalles ornamentales. La fachada es un mosaico de estímulos visuales donde nada es casual. Cada ventana responde a la orientación del sol, cada volumen tiene una razón de ser y cada detalle decorativo es también estructural.

Vidrieras de El Capricho de Gaudí, Comillas, Cantabria© @caprichodegaudi
Las vidrieras de El Capricho se inspiran en la naturaleza.

Al cruzar su pórtico con grandes columnas se descubre el verdadero espectáculo del interior. Las vidrieras son un tesoro lleno de color e inspiración natural. La luz atraviesa los cristales y se descompone en tonos que cambian a lo largo del día, creando una atmósfera casi musical. El vestidor guarda algunas de las más antiguas, con mariposas y escenas tan poéticas como un mirlo tocando el órgano y una abeja con la guitarra, una verdadera declaración de amor a la naturaleza.

Mobiliario de El Capricho de Gaudí, Comillas, Cantabria© @caprichodegaudi
Mobiliario original.
El Fumadero de El Capricho de Gaudí, Comillas, Cantabria© @caprichodegaudi
El Fumadero.

La arquitectura de Gaudí, aunque no lo parezca, está llena de juegos y formas increíbles. Pasillos que se ensanchan y se estrechan, techos que parecen moverse, muebles integrados en los muros y soluciones técnicas adelantadas a su tiempo. Cada estancia está pensada para un momento concreto del día, y eso se percibe especialmente en la luz que entra por el fumadero de El Capricho, un espacio íntimo y casi teatral donde los rayos solares se filtran de forma controlada, dando una sensación de recogimiento y calma.

invernadero de El Capricho de Gaudí, Comillas, Cantabria© @caprichodegaudi
El invernadero funcionaba como regulador térmico de la vivienda.

El invernadero es otro de los espacios más singulares de El Capricho y demuestra hasta qué punto Gaudí pensaba la casa como un organismo vivo. El genio modernista lo concibió como una prolongación del jardín hacia el interior. Estaba orientado para aprovechar al máximo la luz solar y el calor, creando un microclima que permitía cultivar plantas exóticas, incluso en el clima cántabro. No era un simple espacio decorativo: funcionaba como regulador térmico de la vivienda y reforzaba esa idea suya tan presente de borrar los límites entre arquitectura y naturaleza.

El Capricho de Gaudí, Comillas, Cantabria© @caprichodegaudi
Pórtico de entrada y decoración de la fachada.
Taller en El Capricho de Gaudí, Comillas, Cantabria© @caprichodegaudi
Taller de pintura.

Hoy, El Capricho no es solo un monumento para contemplar; es un espacio vivo que mantiene el espíritu inquieto de su creador y prueba de ello son las diferentes actividades que se organizan en él. A las visitas por libre o guiadas, se suman talleres, concursos y otras convocatorias que convierten la casa en un lugar de encuentro (elcaprichodegaudi.com. Entrada: 10 €).

El Capricho de Gaudí, Comillas, Cantabria© @caprichodegaudi
La Capilla-Panteón de Sobrellano se contempla desde la obra de Antoni Gaudí.

Comillas, además de contar con una de las obras más provocadoras, alegres y sorprendentes de toda la carrera del genio de Reus, destaca también por otras que embellecen esta villa elegante, conocida como la Villa de los Arzobispos, porque nada menos que cinco prelados nacieron en ella. Su verdadera esencia tiene que ver con su pasado indiano, cuando fue escogida por la aristocracia del XIX y principios del XX para veranear. En aquella época, los arquitectos modernistas catalanes más importantes fueron contratados para levantar grandes obras que hoy siguen deslumbrándonos.

Plaza de Comillas, Cantabria© Shutterstock
Plaza de Comillas con muestras de arquitectura popular.

Ese poso de villa señorial se descubre recorriendo las calles empedradas y las plazuelas de la localidad, con magníficas muestras de arquitectura popular y casonas solariegas con amplios miradores y escudos. La plaza de la Constitución acoge el edificio del ayuntamiento y la iglesia de San Cristóbal; en la del Corro de Compías, sus bares y restaurantes la llenan de vida. Algo más alejada está la plaza de los Tres Caños, con una torre y una fuente de aire modernista, reflejo de la modernidad que el pueblo comenzó a respirar a finales del siglo XIX.

Palacio de Sobrellano, Comillas,Cantabria© Shutterstock
Palacio de Sobrellano, enmarcado en el paisaje verde de Cantabria.

El paseo lleva irremediablemente al Palacio de Sobrellano, antigua residencia del Marqués de Comillas, obra del arquitecto Juan Martorell. Por fuera, su estilo neogótico impresiona; por dentro, la visita guiada (centros.culturadecantabria.com) permite descubrir un rico mobiliario, pintura y escultura de la época. Formando conjunto con el palacio está la Capilla-Panteón, con bellos mausoleos de mármol y una parte de mobiliario diseñado por Gaudí, una muestra temprana de su talento y sensibilidad por los detalles.

Imponente, se alza también el edificio de la Universidad Pontificia, antiguo Seminario Mayor, que domina todo el pueblo. La visita guiada (centros.culturadecantabria.com) descubre su arquitectura de estilo neogótico-mudéjar, sus patios, aulas históricas, sus elementos decorativos modernistas y la portada de acceso firmada por Doménech i Montaner, otro de los grandes nombres del modernismo catalán.