La Mercedes-Benz Fashion Week Madrid siempre nos reserva momentos memorables, pero lo que hemos vivido tan solo durante la primera jornada de esta edición ya ha superado cualquier expectativa. Cuando el invernadero del Palacio de Cristal de Arganzuela se dispuso a acoger el desfile Primavera/Verano 2027 de Adolfo Domínguez, nadie imaginaba que sobre la pasarela caminaría uno de los artistas más queridos de nuestro país, sobre todo si tomamos en cuenta el mal momento que atravesó este pasado verano. Pablo Alborán ha firmado una reaparición estelar e inesperada, debutando en su faceta de modelo y demostrando estar totalmente recuperado del delicado contratiempo de salud que paralizó su agenda hace apenas unas semanas.
A finales del mes de agosto, la preocupación por el estado del cantante malagueño saltó a todos los titulares. A sus 37 años, se vio obligado a frenar en seco su frenético ritmo de trabajo y cancelar uno de sus conciertos. El diagnóstico que comunicó entonces fue una neumonía grave que le exigía, por estricta prescripción médica, apartarse de los escenarios y guardar reposo total.
Verle ahora desfilar con paso firme y una actitud digna de un profesional de las pasarelas, como si de Jon Kortajarena se tratase, confirma que aquellos días de descanso obligado han dado sus frutos, devolviéndole a la vida pública por la puerta grande en un registro completamente inédito para él.
Y qué mejor escenario para este triunfal regreso que la presentación de la nueva propuesta de Adolfo Domínguez, bautizada como Croma. Con esta colección, la firma gallega nos invita a una profunda reflexión sobre el concepto del color y cómo lo percibimos. Tal y como destacó la directora de diseño de la marca, Tiziana Domínguez, la premisa parte de la experimentación y la curiosidad científica. Su equipo ha trabajado basándose en la idea de que el color en sí mismo no existe, sino que es simplemente un reflejo de la luz incidiendo sobre los objetos. Aquí comienza todo.
Sobre la pasarela, esta visión artística se tradujo en una exploración fascinante de nuevas formas y volúmenes. Pudimos admirar siluetas muy originales con vestidos, camisas y faldas construidos íntegramente a partir de pañuelos, lo que aportaba un dinamismo único a cada paso de los modelos. La propuesta también integró patchworks geométricos, minuciosos bordados de lentejuelas inspirados en el efecto visual del caleidoscopio y maxiestampados fotográficos que apelaban a la memoria colectiva del color a través de objetos industriales.
Todo este universo creativo cobró vida gracias al uso de materiales y tejidos ligeros, vaporosos e irisados. La organza, el tafetán, el popelín y la garza fueron los grandes protagonistas táctiles, teñidos de una paleta cromática de base natural que despertaba con vibrantes acentos en tonos lima, rosa palo, mandarina y oliva, además de inyecciones de rojos y amarillos.

















































