Su pluma era afilada, sus entrevistas las más 'temidas'. Cualquiera que se sentara frente a Oriana Fallaci sabía que no saldría 'indemne' de aquella conversación, porque, en cuanto activaba la grabadora, no habría nada que hacer: ya tenía la 'munición' necesaria para ponerse a escribir.
Este martes, quince de septiembre, se cumplen 20 años sin la periodista italiana, capaz de convertir un fracaso -jamás logró entrevistar a Marilyn Monroe- en un triunfo -con esa crónica en la que contó su periplo intentando encontrar a la diva de Hollywood comenzó a gestarse su fama-. Pero es lo que tenía el oficio, "los periodistas, como los mendigos, deben estar preparados para el rechazo", y a ella un 'no' no conseguía frenarla.
El origen de un mito: de la obsesión por Marilyn Monroe al encuentro con la duquesa de Alba
Hizo 'temblar' a presidentes, políticos, reyes y aristócratas. Tuvo más de una cita con la historia -desde Henry Kissinger al rey Hussein de Jordania-, aunque muchos, quizá, todavía recordarán su encuentro con la duquesa de Alba. Y si no se acuerdan de que 'la Fallaci' entrevistó a Cayetana de Alba para LÉuropeo, puede que sí de que fue ella quien dijo aquello de que "su sangre es más azul que todas las sangres azules de la Tierra".
"Si ante la puerta de un ascensor se encontraran Isabel de Inglaterra y la duquesa de Alba, aquella debería cederle el paso", escribió, y de ahí se gestó el mito que acompañaría a Cayetana de Alba -según se ha contado, muy a su pesar- para siempre. De hecho, la duquesa llegaría a referirse a ella como esa "famosa periodista italiana de la que no me apetece siquiera mencionar su nombre".
Fallaci -que recogió el artículo en su libro Los antipáticos- tuvo que esperar nada menos que doce días para ser recibida en el palacio de Liria. Corría el año 1963 y su cita duró cuatro horas en las que descubrió a una aristócrata que no era como se había imaginado, "como los personajes reales de quienes habla, la duquesa es muy linda y muy gentil, y su principal preocupación era decir lo menos posible".
Porque Oriana no llegaba a comprender que Cayetana, gran amante de los animales, al mismo tiempo fuera apasionada de la tauromaquia; y que no quisiera ni hablar en términos económicos. Al tratar de poner el tema de sus joyas sobre la mesa, le explicó que esa conversación "me parece vil, odiosa y me disgusta".
Y puede que, en su momento, no se entendieran, pero entre los 200 objetos de la exposición de Dueñas está el reportaje de Fallaci.
Del Hollywood dorado a corresponsal de guerra en Vietnam
Nacida en 1929, en Florencia, su vida, como contaba Enric González en el obituario que escribió en El País, fue "exagerada desde el principio". Siendo una niña conoció la contienda que desangró el mundo, haciendo de correo de la Resistencia antifascista, lo que forjó su conciencia de lucha política -y a los catorce, fue condecorada por los servicios prestados a su país-.
Decidió después dedicarse al periodismo, pero en aquella época, las mujeres sólo escribían sobre estilo de vida, moda y cine, y ella estaba llamada a ser excepcional, pero su carrera no comenzó como una extraordinaria excepción.
Le tocó escribir sobre el Hollywood dorado de James Dean, Ava Gardner y Marlon Brando, durante su etapa en los Estados Unidos, donde llegó, con una maleta llena de espaguetis, para seguir persiguiendo a la tentación rubia que se le había escapado. Mientras tanto, sus reportajes sobre la beautiful people comenzaron a alimentar su fama -hace apenas un año, salían en España en forma de libro Tan adorables (Editorial Alianza)-, pero consiguió su objetivo. Al final, pudo 'desnudar' a los personajes que cambiaron el curso de la historia del siglo XX y sus entrevistas todavía hoy se estudian en las universidades.
Lo consiguió todo -fue incluso la primera mujer italiana corresponsal de guerra, en Vietnam, la India, Pakistán, Latinoamérica-, pero su vida personal distó de ser un camino de rosas.
Amores tormentosos y la tragedia que inspiró su mayor 'bestseller'
Sufrió mucho por amor. Primero, se enamoró de un prestigioso periodista, Alfredo Pierotti que estaba casado, y aunque se prometió no volver a enamorarse, no puso cumplirlo. Después, conocería al corresponsal François Pelou, y también fue muy conocida su tormentosa relación con Alexandros Panagulis.
Sin embargo, la experiencia que marcó su vida para siempre fue la pérdida de su hijo. Sufrió un aborto que la desgarró y lo contó en su libro Carta a un niño que nunca nació, en 1975, el primero que se convirtió en un best seller mundial.
En los noventa, se mudó a Nueva York, y le siguió el silencio que jamás nadie auguró a la periodista intrépida e 'insolente', para más tarde volver con un artículo para el Corriere tras los atentados del 11 de septiembre que, más tarde, se transformaría en otra obra, La rabia y el orgullo.
Muy enferma, de un cáncer de pulmón, sus últimos días, decían, no contestaba al teléfono y sólo se hablaba con su hermana y su sobrino. Diez días antes de morir, pidió que la llevasen de vuelta a Florencia, en secreto. Porque 'la Fallaci' sólo podía dar su último suspiro en su querida ciudad natal. Se cerraba el círculo.











