Rocío Osorno intenta recuperar poco a poco la normalidad después del angustioso robo que sufrió en su casa mientras se encontraba en el interior junto a su familia. Sin embargo, regresar a su hogar y retomar la rutina no está siendo tan sencillo como esperaba. Una semana después de aquel episodio, la diseñadora sevillana ha confesado que el miedo continúa muy presente y que el lugar que hasta entonces había sido su refugio se ha convertido ahora en el escenario que le recuerda constantemente lo sucedido.
"Sorry, pero hoy he tenido un mal día", ha comenzado explicando a sus seguidores antes de compartir cómo se siente realmente tras estos días. La vuelta a casa le ha hecho tomar conciencia de unas secuelas que quizá no había percibido hasta ahora. "No solo no soy capaz de refugiarme y encontrar la paz en mi casa, mi hogar, mi sitio feliz... sino que, además, ese lugar que antes era mi vía de escape de todo ahora me hace estar inquieta, insegura y profundamente apenada", ha reconocido.
Un miedo que aparece en los pequeños gestos cotidianos
La diseñadora no ha ocultado hasta qué punto aquel asalto ha cambiado algo tan cotidiano como moverse por su propia vivienda. "Lloro, me pongo nerviosa, escucho cualquier ruido y tengo que llamar a alguien. Soy incapaz de abrir una puerta sin temblar. Es horrible", ha confesado. Un estado de alerta permanente que se ha trasladado también a las noches y que está haciendo especialmente difícil recuperar la rutina.
Porque las consecuencias no las está viviendo únicamente ella. Sus hijos, Jacobo, de ocho años, y Luis, de seis, también se encontraban en casa cuando dos intrusos accedieron al inmueble, al igual que su padre, Coco Robatto. Ahora, Rocío ha explicado que los pequeños también están acusando lo ocurrido. "Mis hijos no son llorones y llevan una semana que no paran de llorar", ha contado. A ello se suma la falta de descanso: "Si no se despierta uno, se despierta el otro; y, si no, yo. Apenas conseguimos dormir un par de horas seguidas".
Las consecuencias también llegan a su trabajo
Esta falta de sueño y, sobre todo, la sensación de inseguridad permanente han terminado afectando también a su faceta profesional. Rocío se encuentra inmersa en la creación de la colección de aniversario de su firma, pero reconoce que durante la última semana no ha conseguido avanzar. "Todo esto me está afectando muchísimo a la concentración", ha explicado antes de revelar que "no he sido capaz de desarrollar ni una sola idea en toda esta última semana".
Sus palabras llegan después de que la diseñadora ya reconociera que había decidido reforzar considerablemente la seguridad de su vivienda. Entre las medidas previstas se encuentran colocar rejas en las pocas ventanas que todavía no las tenían y seguir incorporando cámaras y dispositivos de alarma. "Se me encoge el corazón cada vez que abro una puerta", confesaba entonces, una frase que ahora cobra todavía más sentido.
Rocío sabe que recuperar aquella sensación de hogar que tenía antes del asalto llevará tiempo. De hecho, su experiencia le ha hecho comprender de otra manera a quienes han pasado por una situación semejante. "Ahora entiendo de verdad lo difícil que es recuperar la tranquilidad después de que vulneren de esta manera el lugar en el que deberías sentirte más segura", ha concluido.






