Con una fuerte pasión por la vida y muchas ganas de comerse el mundo, Tana Rivera se ha convertido un año más en la imagen de la campaña de verano de la firma de joyas Rabat. A sus 26 años, protagoniza un impresionante posado y demuestra que los diamantes también son para el verano.
Atraviesa una de las mejores etapas de su vida, está entregada a su trabajo, a su familia y a sus pasiones y nos lo cuenta en una entrevista exclusiva. “Soy consciente de que todavía me quedan muchas experiencias por vivir y mucho por aprender, pero me siento feliz y agradecida por la gente que tengo a mi alrededor”.
Tana fusiona tradición y siglo XXI y representa la unión entre dos sagas: la Casa de Alba, con sus seis siglos de historia, y la dinastía de los Rivera y de los Ordóñez. “Soy el equilibrio entre ambas familias y me gusta llevar lo mejor de cada una”, contaba a ¡HOLA! el año pasado, cuando se convirtió en imagen de RABAT por primera vez.
“A veces da miedo”
Su abuela paterna, Carmina Ordóñez, a la que, según su padre, Francisco Rivera, se parece tanto que “a veces da miedo”, falleció cuando era muy pequeña, pero sí tuvo la suerte de disfrutar mucho de la duquesa de Alba. Tras la separación de sus padres, vivió en el palacio de Liria con su madre, Eugenia, y no había día en el que no compartiera juegos o bailes de flamenco con la irrepetible Cayetana, con quien mantenía un extraordinario vínculo y marcó su vida para siempre.
Este año habría cumplido cien años en marzo y, en una fecha tan especial como la de su centenario, su familia le ha rendido muchos homenajes. Entre ellos, la gran exposición "Cayetana. Grande de España", que inauguró el Rey Felipe VI en el Palacio de las Dueñas de Sevilla, y lideró Eugenia Martínez de Irujo a petición de su hermano, el duque de Alba.
Homenajes muy merecidos
Cayetana nos cuenta, además, que ha vivido los tributos que le han rendido con “muchísima emoción” y que todos han sido especiales y muy merecidos porque era una persona que trataba a todo el mundo por igual y sin hacer distinciones. “Para mí eso tiene un mérito increíble…”.
Y también reconoce que estos homenajes le han permitido descubrir “nuevas facetas de ella”, aunque toda su vida había escuchado historias sobre su abuela. Asimismo, añade que también le ha encantado que se haya conocido más la figura de su abuelo, Luis Martínez de Irujo: “Era más desconocido para el gran público y fue un gran señor”. Y que, a pesar de ser consciente del fuerte legado de su abuela y la huella que dejó, le ha impresionado especialmente “el cariño que sigue despertando en personas de ámbitos muy diferentes”.
“Vivir sin miedo”
La joven cree que “mi abuela tenía una personalidad única”; y tiene muy presente en su vida “su cercanía con la gente, su generosidad y su manera de vivir con pasión”. Y, finalmente, confiesa que “uno de los mayores aprendizajes que nos dejó fue ser auténticos y vivir sin miedo a ser quienes somos”.
Tana construye su propio camino a base de esfuerzo, dedicación y máxima entrega a todo lo que ama. Vive un extraordinario momento y sigue aprendiendo porque “cada día me enseña algo”. “Sí siento que cada año me conozco mejor, confío más en mí misma y tomo las decisiones con más seguridad”.
Tana ha heredado muchos valores de su abuela, además de ropa, objetos especiales que “tienen un significado sentimental enorme para toda la familia”, y joyas que guarda como un tesoro. “Para mí una joya ya tiene un valor especial, pero cuando ha pertenecido a alguien de tu familia adquiere un significado aún mayor. Al final, llevan consigo recuerdos, historias y emociones. Ese valor sentimental es algo que no se puede comparar con nada. Y añade: “me gustan las piezas sencillas, con historia y versátiles. Una joya que pueda acompañarte tanto en una ocasión especial como en el día a día. Las más bonitas son las que terminan formando parte de ti y de tus recuerdos”.









