Hay herencias que no se guardan en vitrinas, tampoco se cuelgan de paredes ni se camina por ellas, sino que se llevan puestas. En el caso de Tana Rivera, ese legado tiene nombre propio: el de su abuela, Cayetana Fitz-James Stuart. Moda, sí, pero también memoria, carácter y una forma muy concreta de entender la vida. “De mi abuela Cayetana, lo que más echo de menos es que hablábamos todos los días”, confesaba Tana, recordando una relación estrecha, casi cotidiana. Tenía 15 años cuando murió la duquesa de Alba, y aún hoy siente que se quedó a medio camino: “Creo que hubiera aprendido muchísimo a su lado”. Quizá por eso, cada vez que recupera una chaqueta, unos pendientes o una mantilla, no está haciendo un simple guiño estilístico, está reconstruyendo ese diálogo interrumpido.
La chaqueta de amazona: Sevilla, herencia y carácter
La escena no podía ser más simbólica. Feria de Abril, martes de Real, y Tana Rivera vestida de amazona en negro riguroso, alejándose del traje de flamenca para abrazar una estética con historia. La clave estaba en la chaqueta: una pieza que perteneció a la propia duquesa de Alba.
El conjunto seguía el canon clásico —camisa blanca, pantalón ajustado, botas altas y sombrero cordobés—, pero era esa chaquetilla la que elevaba el conjunto. No solo por sus bordados y pasamanerías, sino por lo que representaba. Su madre, Eugenia Martínez de Irujo, lo confirmaba con emoción: “Qué guapa con la chaquetilla de tu abuela…”. Y junto a esa frase, una imagen de Cayetana montando a caballo con la misma prenda.
La duquesa fue una gran amazona, apasionada del mundo ecuestre y profundamente vinculada a Sevilla. La estética de amazona, que nació en los siglos XVIII y XIX como una necesidad práctica para montar a caballo de lado, terminó convirtiéndose en uno de los códigos más refinados de la Feria.
La mantilla, el mantón y el ritual de la memoria
Si hay un momento donde la tradición pesa —y se celebra— es en la exhibición de Enganches. En mayo de 2022, Tana Rivera ejerció de madrina con un look que era, en sí mismo, un archivo familiar.
El vestido verde firmado por Enrique Rodríguez Hidalgo marcaba la silueta con sobriedad, pero el protagonismo estaba en los accesorios: mantilla, peina, mantón de Manila y abanico, todos pertenecientes a Cayetana. La duquesa había sido madrina de este mismo acto en 2010, y su vínculo con Sevilla era tan profundo como reconocible.
El mantón, naranja y bordado con grandes flores, aportaba el color; la mantilla, coronada con un lazo en tonos tierra, enmarcaba el rostro; el abanico, imprescindible bajo el calor sevillano, completaba el look.
Los pendientes: el peso de la historia en una joya
Los pendientes de esmeraldas que Tana llevó en abril de 2022 procedían del joyero de la Casa de Alba y fueron testigos de algunos de los momentos más relevantes de su abuela.
Cayetana los lució en retratos históricos, como el que realizó Juan Goyanes junto a la diadema “La Rusa”, y también en celebraciones internacionales como las fiestas previas a la boda de los reyes eméritos en Atenas en 1962. Décadas después, Eugenia Martínez de Irujo los llevó en su propia boda, y más recientemente reaparecieron en el enlace de Carlos Fitz-James Stuart y Belén Corsini.
Tana los recuperó para una cena de gala previa a los Enganches, combinándolos con un vestido verde de lentejuelas de Etro.
Una herencia que sigue viva
“Siempre llevo estos anillos… uno de mi abuela Cayetana y otro de mi abuela Carmen. No me los quito nunca”, ha contado Tana en alguna ocasión.
En 2025, esa herencia se materializó en una colección: Herencia, creada junto a Claudia Romero. “Descubrí trajes espectaculares de mi abuela, tesoros que quizá nunca habría encontrado”, explicaba Tana. En esas prendas hay ecos de la estética amazona, del mundo taurino, del sur. Si algo definió a Cayetana Fitz-James Stuart fue su capacidad para adelantarse a su tiempo.














