Hay besos tiernos, apasionados, espontáneos, inolvidables, robados… La lista puede ser eterna. Algunos parecen sacados de la mejor escena de una comedia romántica, lo que viene siendo un beso de película. Esos que están en la retina de todos y que en la pantalla se presentan con el mejor encuadre y con la escenografía y la banda sonara adecuadas para emocionar. En nuestra fotografía, la luz del sol, el azul del mar y el vaivén de las olas se alían para inmortalizar un instante perfecto. Eso fue precisamente lo que nos regalaron Andrés Roca Rey y Tana Rivera durante una jornada marinera. Es la primera vez que les vemos así, dedicándose gestos de cariño, risas y miradas como nunca.
Y decimos bien al hablar del contenido de estas fotografías como un regalo. Porque dan testimonio del gran momento que están viviendo. Su relación se hizo pública el pasado mes de abril y al principio, muy reservados, evitaban incluso ser fotografiados juntos cuando acudían al mismo establecimiento. Poco a poco, la nieta de la recordada duquesa de Alba y el diestro peruano fueron avanzando hasta dejar de esconderse, sin importarles ser captados de la mano.
Una jornada de desconexión a bordo de un catamarán por las aguas de Cádiz
El torero tiene la agenda veraniega llena, como corresponde a su estatus de número uno del escalafón. Por eso, al disponer de un día libre, después de su tarde triunfal en El Puerto de Santa María y antes de retomar sus compromisos profesionales, decidió pasarlo junto a sus amigos y, por supuesto, junto a la mujer de su vida. La pareja y su pandilla salieron a navegar por las aguas gaditanas en un catamarán. Pero también buscaron sus momentos para estar a solas.
Sobre la tabla de paddle surf: el beso de cine de Roca Rey y la hija de Francisco Rivera
Compartiendo una tabla de paddle surf, se alejaron de la embarcación y fue en ese instante cuando Roca Rey y la hija de Francisco Rivera y Eugenia Martínez de Irujo protagonizaron una de las estampas más comentadas y magnéticas del verano. No hizo falta ningún guion: bastó una mirada entre el oleaje y un acercamiento espontáneo para dar paso a un beso de película, de esos que roban el aliento y detienen el tiempo por unos segundos.
Las fotografías, de lo más elocuentes, nos muestran la química que existe entre ambos. De nuevo a bordo, mientras el catamarán surcaba las aguas y sus acompañantes disfrutaban del sol y la música, Andrés y Tana volvieron a buscar su propio refugio en la parte más elevada del barco. Entre susurros y sonrisas cómplices, el diestro la atrajo hacia sí para fundirse en un abrazo cálido que culminó en otro beso de cine.
La magia de los besos inolvidables y el recuerdo de Cinema Paradiso
Porque más allá del glamour de la escena y del gran tirón mediático de nuestra pareja, las imágenes transmiten algo auténtico: la libertad de dejarse llevar por el momento, la frescura de la juventud y esa sensación que convierte un simple día en barco con amigos en un recuerdo inolvidable.
¿Quién no ha llorado un mar de lágrimas viendo la secuencia final de Cinema Paradiso? En ella, Salvatore (Totó) se rompe de emoción al ver la proyección de la bobina que le ha dejado su amigo y mentor, Alfredo, y que contiene un montaje de todos los besos que el cura del pueblo había mandado censurar y cortar de las películas en su juventud. Como los protagonistas de las escenas de los filmes románticos más legendarios, Tana y Roca Rey representan la viva estampa del amor.










