Esta semana, la romántica jornada marinera de Tana Rivera y Andrés Roca Rey en aguas gaditanas ha sido una de las noticias más comentadas. En especial por las imágenes que la pareja, cuya relación se conoció en abril, protagoniza abordo de un catamarán y en un momento que se regalaron a solas, sobre una tabla de paddle surf.
La hija de Francisco Rivera y Eugenia Martínez de Irujo y el diestro peruano disfrutaron de un día de navegación acompañados de uno de sus grandes amigos, el creador de contenido Tomás Páramo. Aunque en esta ocasión María García de Jaime no pudo acompañarlos, el matrimonio de influencers forma parte de su círculo más cercano. La pareja tiene por tradición veranear en Costa de la Luz para junto a sus tres hijos Tomás, Catalina y Federico.
Un vínculo de hermandad: la historia de amistad entre Roca Rey, Tomás Páramo y María García de Jaime
Pero hay amistades que trascienden lo convencional para convertirse en auténtico afecto familiar, y esa es precisamente la historia que une al torero peruano con Tomás y María. Para el creador de contenido, el diestro no es solo un buen amigo: "Literalmente, yo no he tenido nunca un hermano... y es verdad que nos unen muchas cosas y es un hermano. De hecho, para nuestros hijos es un tío", ha llegado a confesar Páramo, dejando clara la profundidad de su unión.
Los orígenes y los planes cotidianos
El nexo entre ellos nació a través de una amiga en común, Victoria de Marichalar. A partir de ese primer encuentro, la complicidad fue instantánea. Tal era la confianza mutua que Roca Rey fue una de las primeras personas en enterarse de que la pareja esperaba a su primer hijo. Con el paso de los años, el vínculo no ha hecho más que fortalecerse: el tercer hijo del matrimonio ha heredado una afición taurina que vive casi como un juego, y siempre que la agenda lo permite, Tomás y María acuden a la plaza para apoyarle desde la barrera.
A pesar del ritmo de vida del diestro, afincado en Sevilla, sus reencuentros son frecuentes. Cuando visita Madrid se aloja en su casa, y cuando la pareja viaja al sur, el torero ejerce de anfitrión para ellos y para sus pequeños. Lejos de los focos, disfrutan de una vida tranquila sostenida por conversaciones sobre música, una profunda fe compartida y planes tan sencillos como cenar pizza en el salón de casa.
El refugio peruano y la integración familiar
Esa cercanía ha llevado al matrimonio a cruzar el charco en varias ocasiones. Hace tres años, en noviembre, Tomás y María viajaron a Perú para presenciar la actuación de su amigo en la histórica Feria de Acho, compartiendo tendido y confidencias con la madre del torero, María Mercedes Valdez. En otro de sus viajes al país natal de Roca Rey, vivieron una auténtica aventura en grupo junto a rostros conocidos como Victoria de Marichalar, Cayetana Rivera y su pareja de entonces, Manuel Vega.
Un viaje en el que los creadores de la firma Himba no solo descubrieron las tradiciones locales de la mano delespada, sino que también disfrutaron de un crucero fluvial en plena naturaleza salvaje. En su visita más reciente a Lima, en otoño del año pasado, volvieron a dejar constancia de esta gran unión al acompañar a Andrés en un fin de semana inolvidable, en el que el torero pudo cumplir un doble deseo: reforzar su compromiso solidario en el Teatro Municipal, donde fue el anfitrión de la gala benéfica a favor de la infancia Te quiero bien, Perú, y encerrarse con seis toros, dos días después, para celebrar el décimo aniversario de su alternativa.
Cómplices en el día a día español
Esta gran amistad también se refleja en su vida social en España. Es habitual verlos compartir celebraciones de su círculo más cercano, como el almuerzo campero organizado por el cumpleaños de Marco Juncadella, marido de Lucía Bárcena, que fue donde se pudo ver por primera vez una imagen de Roca Rey y Tana Rivera, cuando ya eran pareja, junto al resto del grupo. O la primera comunión de Tomy, el mayor de los tres hijos de Tomás y María, de la que también fueron testigos el peruano y la nieta de la duquesa de Alba. De hecho, Andrés no quiso perderse la celebración pese a estar recuperándose de la tremenda cogida que sufrió semanas antes en La Maestranza de Sevilla.












